26 de diciembre de 2010

EL MALHUMOR | Asterisko

Publicado por Asterisko en EL MALHUMOR 
Revista de humor gráfico
www.elmahumor.blogspot.com

Año nuevo para dos (coqueta y tierna) | Agustín Azcona Hernández


Se burlan de nosotras pero también nosotras
nos burlamos de ellos y quedamos a mano.
Rosario Castellanos, Kinsey Report
I
La sonrisa de Tere es una invitación abierta al pecado. Desde hace cuatro años se separó de su familia y vive con su pareja en un pequeño departamento de la colonia Impulsora. Es la empleada de mayor productividad en una importante empresa de sistemas informáticos. "Desde que vivo con mi pareja, me he acostumbrado a vivir en la resistencia", dice. Tere y su pareja son lesbianas.
En la oficina la conocemos como la inconquistable porque no se da con nadie. Es la chica de mejor desempeño en la empresa y se distingue claramente del resto de sus compañeras porque es muy atractiva. Todos han hecho lo imposible porque les acepte una invitación. Indudablemente se la quieren llevar a la cama, con la idea de que ese modo "volverá a ser una mujer normal".
Tere y yo compartimos en algunas ocasiones la hora de la comida. Hemos logrado cierta confianza, ella sabe que me puede contar todo y viceversa. Hace unos días, mientras la mayoría organizaba los preparativos para el convivio de fin de año, me contó parte de su pasado: "Hace varios años, en mi anterior trabajo, entré a laborar por recomendación de una amiga. Pronto me di cuenta que había varias lesbianas, un grupo de diez o doce. Al principio yo me mantenía alejada, no quería hacerme notar. Pero poco a poco me comencé a sentar con ellas a la hora del almuerzo, y en los descansos. Después hasta salíamos juntas al bar. Claro, el grupo era obvio. Todo mundo sabía y aunque la gente nos insultaba (machorras, bicicletas, manfloras, tortilleras, livais, etc.) los jefes nunca dijeron nada. Hasta que una de ellas tuvo problemas con su pareja que trabajaba en el mismo lugar. Fue el pretexto que todo mundo esperaba. Todos se dieron cuenta porque se pelearon en la fábrica. Algunos de los empleados se quejaron con el gerente, quien decidió despedir a todas las lesbianas que trabajábamos en ese lugar. Creo que en el fondo lo disfrutó. Al principio pensamos en demandar, pero nos aconsejaron que no lo hiciéramos, que nada íbamos a ganar, algunas decían que era mejor no exhibirnos con la denuncia. Al final, todas quedamos desempleadas y no pudimos ni conseguir trabajo en ninguna de las fábricas de los alrededores. Nos boletinaron. Ahora me cuido más, por eso no frecuento a mucha gente". En la mirada de Tere percibo que se asoma el rencor.
La tarde siguiente, con el secreto bien guardado, Tere y yo nos dedicamos, durante el convivio de fin de año en la oficina, a fingir a los demás que los apreciamos mucho como compañeros. Damos besos y abrazos a todos, incluso nos atrevemos a desear "lo mejor para tí y tú familia".
Ya con varios tequilas en el cuerpo, le pregunto a Tere, dónde pasará la noche de año nuevo. Mi casa tiene las puertas abiertas para ti y para tu pareja. "No te preocupes, dice, mientras envuelve la bufanda que le regalaron en el intercambio navideño. La pasaré con Norma, mi pareja. A pesar de que nuestras familias al principio nos daban la espalda, nos han venido aceptando. Sin embargo es falso eso de que la sociedad está cambiando y que hay apertura y esas cosas. Todavía en la calle nos miran con odio y extrañeza. Es muy probable que la noche de año nuevo la pasemos juntas, una cena sencilla, en donde no faltará una botella de tequila. Después nos iremos a la cama y entonces la que mande será tierna, como compensación; así también, la que obedezca será coqueta y se tomará sus revanchas". Yo, que en cosas del amor no soy un experto, creo percibir que en la mirada de Tere se asoma el desquite y la alegría.

 
II
Cada fin de año se repite la misma historia y los mismos deseos: Que tengas salud y trabajo, que ya termines la escuela, que el año que entra nos vaya mejor a todos. Siempre lo mismo.
Tú pensando en las broncas de dinero, en el fondo de ahorro que esperaste todo el año y que apenas servirá para pagar las deudas contraídas. Sin embargo, todavía te sonrojas cuando tu compañera de escritorio, esa a la que nunca les has dicho que te gusta, te abraza para desearte una feliz noche de navidad. Ojalá estuvieras conmigo, así no me sentiría tan solo, piensas en silencio mientras sientes el contacto de su delicado cuerpo.
Piensas además que tu familia te ha clasificado como antisocial porque nunca colaboras en el adorno del árbol navideño, me importa un carajo, el nacimiento mexicano es la única tradición digna de respetar, dices mientras el sonido de dos hielos que caen al fondo de un vaso, inundan tu habitación que está como cada día previo a la navidad: desarreglado, revuelto, ausente de emociones. ¿Podríamos saltarnos de aquí hasta el 6 de enero? Así nos ahorraríamos kilos y kilos de alimentos desperdiciados. Miles y miles de pesos gastados de manera inútil. Adornos, regalos, ofertas, anuncios, etc. ¿Podría terminarse el año el veintitrés de diciembre? Nada más cobro mi aguinaldo.
En el momento de la uvas pedirás doce deseos: que se acabe pronto este gobierno panista, que mis compañeros dejen de mandarme por internet las cadenas que nunca reenvío, que termine de una vez por todas la escuela, que ya concluyan las obras del Periférico, que mi compañera de escritorio me acepte una invitación a salir... Me faltarían uvas para seguir con todos los deseos que me inundan.
Y sin embargo, tan ausente de sentimientos navideños. Tan vacío de emociones. Tan petrificado, tan imprudente a veces, como cuando tus compañeros de oficina te miraban extrañados porque en el brindis de la oficina te atreviste a criticar el miserable (así lo dijiste) salario que pagan en el país. Todos voltearon a ver al gerente general que sonreía nervioso. Esa sensación de ausencia que alojas en la parte izquierda de tu corazón, de alejamiento, que te persigue y que te impide acercarte a los regalos navideños, que nunca compras, pero cómo detestas que te apresuren a que abras la caja roja con el moño dorado. Ojalá ya se acabe este año, piensas mientras finges una sonrisa de agradecimiento porque sabes que la navidad no se encuentra en los anuncios de Liverpool, ni en la posada del canal de las estrellas. Tampoco se encuentra en las ropas que tus primos estrenan porque las encontraron de oferta en Suburbia, dices en voz alta, aunque tu tías te critiquen porque no eres como los demás que se entusiasman y gritan y festejan ruidosamente, y cuando hay que seguir celebrando ponen alguna cumbia o la canción de moda y corren a la mesa para desaparecer en cosa de minutos el pavo, la ensalada, el espagueti…Tanta alegría y tú tan ausente. Ojalá tuvieras al lado a tu compañera de trabajo, compartiendo tus deseos…

 
Agustín Azcona Hernández es oriundo de Ciudad de México, nació en 1967. Es sociólogo de la UNAM y redactor. Ha colaborado en algunas revistas literarias como La Culebra, Molino de Letras y Letralia.

8 de diciembre de 2010

Lanzamiento cuadro de tiza ediciones


 

cuadro de tiza ediciones los invita al lanzamiento de sus plaquettes de poesía espejismo de javier bello, aicnalubma de marcela parra, y poema sobre mis derechos de june jordan (traducción de verónica zondek). 


 

las presentaciones estarán a cargo de elvira hernández, sergio muñoz y alejandra castillo. 


 

el evento se realizará el día viernes 10 de diciembre, a las 19.30 horas en el Bar Thelonious (Bombero Núñez 336. Bellavista). 


 

se agradece difusión

15 de noviembre de 2010

Micro textos | Aldo Quiroz, Santiago

LA TOMA

Y estábamos allí, en el centro del centro, con las cabezas humeantes de nicotina ajena, bebiéndonos la vida, rodeados por la música adictiva de las voces muertas. Y tú estabas allí, desenredando miedos añejos sobre la mesa rota, resucitando el pasado alegre de los días gastados, incitándome a  tirarle piedras al templo de tu moral. Y yo estaba allí, penetrando tus oídos mojados con mis fálicas palabras para poder agendar a tu memoria crímenes futuros en esa despedida prometedora.


DE LETRAS SUCIAS Y DEDOS COMIDOS


Son las tres de la mañana y el sol todavía duerme, duerme también tu cuerpo prohibido junto a mí y el mío que piensa en lo prohibido, piensa en penetrar las sabanas, piensa en penetrar tu ropa, piensa en penetrar tu alma, es que tus labios entreabiertos me absorben, tus labios entreabiertos se apoderan de mi poca cordura, tu olor a piel actúa como imán para mis pantalones dóciles, mis dedos comidos a tu acecho y tú dormida, mis ganas sobre ti y tú soñando, mi hambre devorándote y la luna despierta, saber que duermes, saber que sueñas y saber que no imaginas que cuando despiertes ya habrás sido mía.


TANGO DEL FORESTAL

Eres un tango errante buscando nada, eres el bandoneón de la canción, al sur de tu mirada la calle espesa disimula la bruma añeja que el sol no vio, tu garganta traga penas, penas amargas, penas que solo cargas sin un amor, quemas la vida entera con la nostalgia y no existe trago extintor para tu  interior en llamas. Eres un tango amante de los caminos, eres el bandoneón de la canción, al sur de la fachada de esta calle espesa recoges los cócteles que el diablo te dejó, tu sombra deja penas, penas marcadas, penas que solo la noche te enseñó, quemas la vida entera con tu elegancia pero no existe sastre que haga un abrigo a un corazón en llamas.

Aldo Quiroz: Tengo 29 años, nací en Venezuela pero soy más chileno que los porotos. Vivo en Santiago centro y escribo hace tiempo. No tengo estudios literarios y tampoco he participado en talleres no porque no crea en ellos sino porque no han dado las circunstancias soy o trato de ser un autodidacta, se podría decir que mi biografía literaria recién comienza....

Los olivos son arrancados de raíz: "Tara" de Domingo Díaz


El Puñal en la Feria Internacional del Libro de Santiago



Tara
Domingo Díaz
Colección Tránsfuga
Mago Editores (2010)
32 p.





  
TARA
1. Defecto físico o psíquico de carácter hereditario.
2. Peso del recipiente o vehículo continente de una mercancía
 

Creí conocer a Domingo Díaz desde que fuimos antologados juntos en el libro Lector Se Busca (2002), primer libro editado por Mago Editores, sin embargo al leer su nueva publicación me di cuenta que no, realmente uno cree conocer. Sus poemas hasta antes de Tara me parecían excelentes, pero siempre en ellos vi la observación del mundo exterior, el entorno más próximo (la micro, la plaza, la habitación, etc.); las grietas, las heridas por las que sangra un hombre solo frente a la urbe. La impresión que me deja este nuevo trabajo es que el autor logró ir de lo particular a lo universal de una forma nueva, con una libertad interior que seguramente da la madurez. Los olivos son arrancados de raíz es un verso que me deja pensando en el desarraigo, en los años, en la paz que no llega, en las oraciones infructuosas, en la muerte. Estos poemas no son breves, este no es realmente un libro pequeño. No sé si Domingo Díaz fue ese niño de gran sensibilidad, estoy segura, eso sí, que ahora es un hombre que camina, que avanza y que puede esperar todo lo que quiera.

Reseña de Teresa Muñoz Luco para El Puñal

Domingo Díaz (Santiago de Chile, 1957) Es autor del libro Turno de día (2008), ha sido incluido en las antologías de poesía ONOMATOPEYA, lectura de poesía, volumen I (2008), Lector se busca (2002) y Los premios (2005). Sus poemas también han aparecido en revistas literarias y en internet.

7 de noviembre de 2010

HUMOR GRÁFICO en El malHumor



Nos ha llegado noticias de El Malhumor, revista dedicada al humor gráfico, de nuestro amigo, Asterisko. Las viñetas muestran el lado B de una país que involuciona en su historia sometido a la influencia de los medios de comunicación y la política farandulera. Esta imagen en particular es tristemente irónica, pues pone en cruda evidencia la total desvinculación entre el nombre e imagen del cacique y el pueblo y valores que representa.

Rodrigo Suárez

4 de noviembre de 2010

Viajantes de Comercio | Paul von Leopold, Colombia - Alemania


Todos somos viajantes de comercio. Hemos vagado por el mundo desde que caímos aquí, como extraños entre extraños. No recordamos ya quién fue el primer hombre (fue una memoria que se desvaneció en la novena generación) pero intuimos, sospechamos y tememos saber quién será el último. Pero no podemos mirar hacia atrás. Cualquiera de nosotros puede serlo. Como buenos viajantes de comercio hemos recorrido todas las estepas y todas las colinas. Hemos ido de puerta en puerta. Hemos visto todos los rostros y olvidado todos nuestros rastros. Alguna vez, hace muchos años (algunos dirían hace muchos siglos o hace cinco minutos), salimos de casa y no pudimos recordar el camino de regreso. Incluso la palabra "casa" se extinguió con el pasar de las horas. Fuimos olvidando todo cuando dejamos de escribir. Sólo la música ha sobrevivido. Una música atonal.

Yo digo que nuestro pasaje por esta tierra desértica que hoy languidece en la peor pesadilla de H.G. Wells (o en el mejor sueño de Tarkovski) ha terminado. Presiento que soy la última de la fila (o me reconforta pensar así). Llevo la maleta más pesada aunque no parezca: en ella van las memorias de nuestra especie: un disco, una película, una novelas y dos poemas. En esos dos poemas están condensadas las primeras y las últimas palabras que resumen y tergiversan nuestro paso fugaz por esta tierra. Hoy en la mañana leí por última vez el primer poema y logré aprenderme sólo una parte. Es de Fernando Pessoa. Se llama Tabaquería.: "...siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del misterio de la superficie/ siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra...". La novela es de Alonso Quijano. En cuanto a la película y el disco, hace rato no tenemos dónde verla ni escucharlo (su título es Ascensor para el cadalso). Pero yo las cargo porque me dan fe. Yo soy el único que guarda estas cosas inútiles en su maleta. Los demás, los que se han atrevido a guardar algo hasta el final, han preferido conservar cosas útiles: herramientas, ropa, enlatados, planos, relojes, espejos y una que otra brújula.

Cuando esté al borde del precipicio y el abismo sea libertad. Cuando no haya nadie detrás de mí ni adelante. Cuando todos se hayan ido, ¿qué seré? ¿Seré realmente el último hombre/ la última mujer? ¿Y qué seré después de ser el último hombre/ la última mujer)? ¿una Nada?, ¿la Nada? ¿el espectro del último hombre/la última mujer sobrevivirá en las penumbras...? y, el hijo que viene dentro de mí, ¿qué será de él/ella...? ¿dónde fue a parar Dios? ¿dónde están los dioses en esta última parte de la historia? Después de muertos, después de que los matamos, ¿a dónde se fueron? ¿Quedará alguien después de mí? ¿Habrá alguien más que viaje en ese ascensor? ¿será un mensajero de los dioses o de los hombres? (¿o de los dos?) ¿irá hacia ellos o hacia nosotros? La última vez que se utilice ese ascensor, ¿subirá o bajará? ¿Quién contará esta historia? Tantas preguntas sin respuestas. Ya al borde del precipicio, entre la niebla y el smog brillante, veo unas extrañas figuras aladas que se alejan. Antes de lanzarme al vacío final (o a la "secuencia inicial"), sacó de mi maleta el segundo poema que guardo y lo leo en voz alta, aunque ya nadie me escuche: Límites de Borges: "...creo en el alba oír un atareado/ rumor de multitudes que se alejan;/ son lo que me han querido y olvidado;/ Espacio y tiempo y Borges ya me dejan..."...
 

Paul von Leopold (heterónimo de Alberto Bejarano) nació en Bogotá. Es filólogo de la Universidad de Lübeck ya en la etapa de pensión. Se radicó en Europa en 1978.

Llévame contigo catrina | ‌Agustín Azcona Hernández, México


I

Laura tiene una sonrisa de sol en otoño. Hace siete años que se separó del padre de sus hijos porque se cansó de sus malos tratos. Desde entonces vive con la familia de su hermana y trabaja dos turnos como archivista. Es mi compañera de escritorio en la empresa donde me encargo de la contabilidad. Todos los días se levanta a las seis de la mañana y cada día se siente más cansada del día anterior.

La primera vez que platicamos fue hace tres semanas. Aunque laboramos en el mismo departamento y conocemos nuestros nombres nunca habíamos entablado una conversación. Es increíble que en una empresa de doscientos empleados solamente conozcas el nombre de unos cuantos, de alguna forma te pierdes en la dinámica que impone el trabajo y cada vez te despersonalizas más. El pretexto para platicar con Rivera (así la llaman en la oficina) fueron los preparativos para celebrar el día de muertos. A nuestro jefe se le ocurrió la genial idea de que, para lograr un mejor entendimiento en el trabajo en equipo, deberíamos acudir disfrazados de algo alusivo a “halloween”.

A mí que nunca me han gustado ese tipo de celebraciones, su propuesta me pareció de lo más aberrante, así que manifesté que esa moda extranjera estaba muy alejada de nuestras costumbres y tradiciones. Algunos compañeros coincidieron conmigo. El jefe me asesinó con la mirada. Laura guardó silencio. Finalmente el jefe impuso su voluntad y además nos designó, a Rivera y a mí, para comprar los inevitables adornos.

"La Catrina Calavera" (1913) Autor: José Guadalupe Quezada. Dominio Público.
II

El viernes previo a la celebración nos citamos en el Sanborns de La Fragua. Rivera llega puntual con un vestido entallado blanco que resalta sus piernas. Platicamos ampliamente y ella dice sentirse un poco mal. “Estoy preocupada porque mis hijos están al cuidado de mi ex marido y sus hermanos, así lo convenimos los dos porque por falta de dinero no pueden estar conmigo. No sé que pasará el día que terminen sus estudios, estoy segura que se cerrará un ciclo y se abrirá otro en el que obviamente yo no estoy incluida”.

Rivera me cuenta de sus dificultades para terminar la quincena, lo que la ha obligado a iniciar una caja de ahorro en el trabajo y vender tupperware. “Me duele ver a mis hijos sólo unos minutos a la semana”, dice mientras sus ojos se humedecen.

Me permite tocar su mano, está un tanto fría. Me corresponde con una sonrisa entre tímida y agradecida. Yo tomo la iniciativa y la beso levemente en la comisura de sus labios.

La tarde trascurre en un hotel de la colonia Buenos Aires, en donde descubro un tatuaje de media luna en su hombro izquierdo. Gozo besando su cuello. Rivera cierra los ojos, siento como su cuerpo se estremece al contacto de mi lengua con su pecho. Mis manos desabotonan el entallado vestido en una maniobra que tiene su principal atractivo en el contacto de mis dedos con la desnudez de su cuerpo.

III

La siguiente tarde nos citamos en un café cercano a la oficina. Trato, sin proponérmelo, de que Rivera olvide por un momento el tema de sus hijos, de que olvide que el pedido de tupperware se retrasó una semana, que los clientes son groseros. Me trazo como objetivo que se olvide un poco de la monotonía de su vida, (nuestras vidas) incluso improviso algunos chistes. Ella me mira a los ojos, entusiasta, y me agradece que la escuche. Yo me siento un poco mal del papel de payaso que divierte. Esa tarde no termina en un hotel. Acompaño a Rivera a la casa de su hermana y nos despedimos con un largo abrazo.

IV

El día de muertos en la oficina fue patético. Nos organizamos por equipos y se propuso un concurso de disfraces: tres botellas de tequila a quienes ganaran. Mi equipo, como es obvio, no figuró entre los mejores y hubo favoritismo para el gerente general. Además se vio lo inevitable, compañeros vestidos de freddy krueger, scream, etc. otros con falsas camisas ensangrentadas pintadas con cátsup, muchos, muchos más como diablos. Uno destacó por hacer un homenaje a Michael Jackson. Yo sólo atiné a ocultarme detrás de una mascara de demonio.

A los pocos minutos de terminado el concurso se inicio un baile y me sentí fuera de lugar, incómodo, realmente miserable en medio de una festividad que siempre he criticado. Mis compañeros en cambio eran felices. Bailaban y hacía bromas. Verdaderamente me sentía en el lugar equivocado y estaba a punto de salir corriendo. Fue entonces cuando alguien se me acercó y me dijo que la próxima canción la deberíamos bailar: era Rivera. Estaba bellamente disfrazada de catrina, vestido negro largo con vivos de color morado, bordado en lentejuela y satín. La cara pintada de blanco con aspecto cadavérico. Realmente recobraba la tradición mexicana y además se veía muy bien.

La catrina me toma de la mano y me conduce al centro de la pista. Me agradece que la haya escuchado, te debo la vida, me dice. Yo respondo diciendo que no me debe nada. A su lado me olvido de todo. La tomo de la cintura y la aprieto hacia mí. En el fondo pienso que nada cambiará en nuestras vidas, seguirán siendo igual de monótonas, tristes y deprimentes. Tal vez mas adelante se presenten los reajustes de personal, los despidos, el cierre de la empresa, la hora de la liquidación, las demandas laborales. Tal vez Rivera nunca recupere a sus hijos, o los recupere para perderlos otra vez. Pero en este momento me siento muy a gusto bailando con la catrina. Me lleva la calaca, la huesuda, la tía de las muchachas. Sí, catrina llévame contigo, lejos, muy lejos de aquí…

Agustín Azcona Hernández es oriundo de Ciudad de México, nació en 1967. Es sociólogo de la UNAM y redactor. Ha colaborado en algunas revistas literarias como La Culebra, Molino de Letras y Letralia. Es primera vez que lo publicamos en El Puñal.

3 de noviembre de 2010

Una idea no original │ Montserrat Costas, Santiago

Entró a la habitación con esa sonrisa algo torcida que lo caracterizaba, una mochila en la espalda, su ropa negra cubriéndole todo el cuerpo, su pelo largo y deslavado y mirándolo para saludarlo de una manera casi burlesca. Ricardo lo miró con cara de enfado, de cansado, sin saludarlo. Era ya el cuarto día ahí y José no parecía interesado en cambiar de estrategia.

—¿Cómo has estado? ¿Todo bien por acá?— preguntó José con clara ironía.

—¿Cómo debería estar?...¡Enfermo! Por qué no me dices qué mierda quieres de una vez… —Ricardo se alteraba con facilidad.

—¿No sabes lo que quiero? ¿No tienes ni una idea de lo que quiero? —mantenía la sonrisa y el buen humor.

Días atrás José había tenido algo que él consideró una epifanía, mientras escuchaba uno de esos tediosos sermones de Ricardo, un Lunes en la mañana. El odio por parte de sus compañeros hacia Ricardo era generalizado. La falta de respeto que le tenían, la rabia, las burlas, eran pan de cada día; "para eso están los jefes", diría cualquiera. Incluso sus suches, aunque cínicos, sabían lo incompetente que era. Pero, "nadie tuvo los huevos para actuar", pensó José en ese momento. Y el pensamiento siguiente fue: "Dios odia a los cobardes". Así fue como empezó su proyecto más ambicioso, aunque no original. Su proyecto de vida, como él mismo lo llamara.

—¿Cómo están tus muñecas? ¿Y tu garganta? ¿Te duele aún? —preguntó cortésmente José.

—Mis muñecas están aún quemadas y la garganta la tengo irritada…

—Ya habrás aprendido que esto no se solucionará por la fuerza, entonces, mi querido Ricardo.

—¿Qué mierda quieres, José? ¿Quieres plata? Mi familia dará todo lo que pidas por mí, pero, déjame ir. —Ricardo ya no sabía qué hacer.

—¿Plata? ¿Tu familia? ¿Por ti? ¡Vaya! Veo que esa autoestima aún no disminuye. Tanto ego en un hombrecillo tan pequeño; cuánta contradicción hay en el mundo.

José era ese tipo extraño del que nadie sabía demasiado. Con gustos nerds, como su afición por las historietas y los superhéroes, su falta de popularidad era tal que causaba una mezcla de risa y lástima entre sus pares. Los hombres se burlaban de él y las mujeres lo evitaban por miedo. Mitos sobre su sexualidad, sobre supuestos traumas de infancia, sobre parafilias y perversiones de todo tipo rondaban las inmediaciones del recinto. Él siempre se lo tomó con humor. De alguna u otra forma, le gustaba la atención que generaba.

—¿Han preguntado por mí? Seguro te están buscando, hijo de puta… — Ricardo no entendía lo que José quería conseguir, de lo contrario, habría actuado con más humildad desde un principio.

—Bueno, sí, notaron tu ausencia, pero, nada grave. El país no se ha detenido por ti, Ricardito.

—Espérate a que salga, te van a linchar como a un… —Impresionaba que aún pudiera hablar, con todo lo que había gritado los primeros días sin conseguir ser escuchado.

—¿Vas a salir? Ah, no sabía… Cambiando de tema, te traje un regalito. Mira, estos videos han sido grabados desde hace dos años atrás. Reconocerás a varios de los que ahí aparecen hablando mal de ti. De algunos no te acordarás, claro, pero, todos han trabajado aquí, bajo tu acéfalo mandato. – José le mostró videos en su notebook, donde aparecían varios colegas suyos hablando mal de Ricardo durante una celebración.

—Seguro les pagaste para que dijeran esas cosas. Ellos no serían capaces, no se atreverían… —Ricardo de verdad no podía creer que la gente pensara aquellas cosas de él; no podía concebirlo en su pequeño cerebro.

—Yo no le he pagado a nadie, Ricardo. Tú no entiendes, ¿cierto? —José empezaba a perder la paciencia, como todos los días durante su visita al ahora prisionero jefe.

—¿Qué no entiendo? ¿Qué eres un demente?

La sonrisa de José no podía torcerse más cuando le respondió:

—Ricardo, Ricardito, verás, estamos todos cansados de tus pretensiones. Lo que estoy haciendo contigo no es por mí, mucho menos es por ti. Yo tuve una visión similar a la de Moisés cuando separó las aguas para liberar a su pueblo. Las condiciones en las que nos tenías, como los egipcios a los judíos, eran inhumanas y, qué quieres que te diga, humildemente, esta vez yo fui el elegido.

Hubo un momento de silencio, mientras José calentaba algo de comida para Ricardo, en que éste último comenzó a sollozar. No entendía por qué, cómo alguien querría hacerle tanto daño. Sin embargo, no lograba sentir arrepentimiento. Ya sabía que eso era lo que esperaba José, pero, por más que lo intentaba, no podía. Seguía con la intención de convencerse de que lo rescatarían. Mas, cada cierto tiempo, como un veloz rayo que atravesaba sus sesos, pensaba en la remota posibilidad de que sería muerto a manos de José.


—¿Vas a matarme, José? – preguntó ansioso, entonces, Ricardo.

Se tardó unos minutos en responder José, mientras revolvía la insípida sopa que había traído para su jefe.

—No terminas de comprenderlo del todo, ¿eh? Que curioso pensar que lo que tú considerabas que eran divertidas bromas era lo que yo más odiaba. Bueno, siempre está ese detalle… Acá nos dedicamos a hacer proyectos, ¿no? Tú lo sabes, tú nos haces trabajar en ellos para vivir mal. Pues, bien, éste es un proyecto que planeo hace un par de meses ya y todo ha sido meticulosamente calculado. Debes entender que en mi proyecto no está contemplado matarte, sino, liberarte a ti y a los míos. Mi proyecto no busca liberarte tan fácil, sino, cobrarte lo que debes. Mi proyecto no es exonerarte de tus responsabilidades, sino, enseñarte a cumplirlas. Por cada persona como tú, hay alguien como yo, mi pequeño Ricardo, alguien como yo que se ve en la obligación de hacer el trabajo que sólo podrían cumplir los dioses. Pero yo… Yo soy sólo un hombre. Y Dios odia a los cobardes.


Montserrat Costas es estudiante de Arquitectura de la Universidad de Santiago. Tiene 22 años y disfruta más cuando escribe las historias que imagina en clases.


31 de octubre de 2010

Textos Inéditos | Ricardo Sánchez Orfo, Santiago

XX
Estuve pidiendo por ti frente a los lirios de la cama,
de fondo, john lennon/ 


estuve pidiendo por mí frente a la cama de tus lirios,
detrás, en la ventana de otros, la historia neurótica de los castrados. 


Abre paréntesis: existió una cara desfigurada y tenue
que hoy emerge como una parte del silencio en la
micro negra que llegaba, mucho antes, a mi lejano hospital público.


Pálpito, cierre paréntesis, muevo mis dedos en la bruma, maúllo,
leo la continuidad de los parques y quiero ser la apariencia de mí,
observo la fiesta y  el baile lento de los llorones, tócome, me lamo,
retorcido de noche, borracho y solo recuerdo a allende y cierro las
manos contra el viento.

Mi imperativo categórico es éste:     (      )                (ey, tú, vacío; te voy).

 XXX
Con rumor de niebla en el cemento parí a mis huachos,
colgados de la noche y de las ubres chuparon mi sangre
los muy sarnosos. La hoja de perra que es la poesía de
los vómitos ruega por nosotros,  los santos pecadores
dónde se escribe sobre los que naufragan en cólera, como
nosotros los subidos a la micro del futuro, como nosotros
kon tiritón de kiltro que llora mojado.


el viento llorón ondula en los vestidos de la puta que soy/
tengo en las manos frías una esquina de barrio completamente rota/
véme, jesús, soy tu fracaso


Ricardo Sánchez Orfo (1987) Santiago, Chile.

Ha autoeditado, Utopías de una muerte infante (2004), Nuestra Soledad (2005), El ejercicio del
Café (2008).

A la fuerza fue integrado en la Antología poética uno de Sergio Rodríguez Saavedra (2005), 50
poemas de amor (2006), Selección de poesía y narrativa Manuel Guerrero (2009) , Por si acaso
alguien quiere llorar (2009). En el 2010, publicó en formato virtual, No tiene pinta de poesía,
Cumplo con informar y 19 inútiles poemas, además de autoeditar el libro, Casa de Puta.

Todavía no muere en serio.

Midriasis | Romy Valenta, Valdivia


Por C. Murnau 

Podría decirse que ese día, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de irme de casa pero tampoco podía quedarme. Digamos que necesitaba moverme pero en vez de caminar por mis propios medios bajo la incesante lluvia, preferí albergarme en un microbús que a esa hora se encontraba totalmente vacío y me confería la anónima y agradable facultad de sentarme y dejar que mi humanidad repose inmóvil preocupándome solo de desplazar la mente. Esta manera inerte de viajar es mi favorita, ya que mientras la micro se mueve yo ya no me preocupo de, regirme por el capricho de un desdeñoso semáforo, tolerar un cruce peatonal, detenerme, dejar pasar a la gente que se abalanza como horda de hormigas, saludar a algún conocido con una venia malparida o el mero hecho de sincronizar mis extremidades.


Ese día el recorrido no tardó mucho en tornarse interesante, aunque no niego que la falta total de presencia humana dentro del microbús, exceptuando la del chofer, me daba ciertos aires de grandeza y dominio del espacio. La llegada de la mujer que se sentó en el primer asiento, el que se reserva para discapacitados, me saco súbitamente de mis cavilaciones para concentrarme por completo en su elefantiásica humanidad. 


Abrió su cartera y extrajo un monedero, contó el dinero para pagar el pasaje, pero al intentar ponerse de pie, la micro viró bruscamente y las monedas rodaron por el suelo.

La mujer se volvió a sentar y sacó nuevamente su monedero y volvió a contar con desánimo. Algo me dijo que aquello era una situación habitual para ella. 


Un instante perdido en el tiempo, yo viajando sin rumbo fijo sentada en un asiento de plástico completamente rayado con frases obscenas, observando a una mujer triste y obesa mientras afuera, en la ciudad ocurre…. Una corriente de aire, una nube de Smog, ciento veinticuatro mil quinientas treinta personas (o más) usando el transporte público en la hora pick de tráfico. Un niño descalzo vende caramelos en una esquina, una mujer piadosa le estira un billete y su conciencia se torna repentinamente libre de culpas, el niño abandona su esquina, ese día no sigue trabajando, ni el siguiente ni el subsiguiente tampoco. 


Luces rojas y verdes se pelean un puesto en las alturas mientras una enormidad de ojos atentos, autómatas, atónitos abren la boca. Un hilo de baba se les escapa lentamente. Cientos de conductores sincronizan pies y manos y dan marcha hacia adelante, así la carrera que se vio suspendida por un instante continúa. Es increíble lo que puede llegar a verse en un simple cambio de luz de semáforo.


Volví a escudriñar en la fisonomía de la mujer, era más triste de lo que me había fijado, sus ojos pequeños pero profundos como los de un ave de rapiña, se perdían en la inmensidad de sus mejillas infladas y estiradas, su nariz redonda como un pimiento rojo y su boca de labios finos se conjugaban para dar como resultado una carita tal vez poco agradable a simple vista pero que mirándola detenidamente, dejaba entrever una obra de arte hecha por la naturaleza.


Después de admirarla algunos minutos decidí avocarme al estudio de los nuevos pasajeros que subieron frente al cementerio. Era una pareja de ancianos humildes, traían un canasto tapado con un paño blanco y se sentaron delante de mí, luego un par de escolares subió también y así la micro se siguió llenando hasta haber una o dos personas de pie.


Se me hizo difícil elegir a quien observar, caí en lo que no quería caer, miles de pensamientos irrumpieron de pronto en mi cabeza interrumpiendo de golpe mi estado de evasión, hundí la cabeza entre mis manos y tape mis oídos con fuerza, por un segundo me sentí bajo el agua, un profundo silencio bloqueo mi mente y sentí el descenso… diez, veinte, treinta metros, un respiro, cuarenta, cincuenta….El microbús freno otra vez…


"Damas y caballeros, tengan ustedes muy buenas tardes", -dijo un tipo vestido de payaso alargando la primera silaba de cada palabra en una forma exagerada y que repetía su rutina como una letanía estridente, su compañero que se encontraba en la parte posterior de la micro trataba de mantener la atención del público que se encontraba sumido en un mutismo absoluto. El chofer llevaba la radio apagada. Nadie reía, nadie hablaba, solo se oía el ruido del motor en marcha y la horrenda voz del payaso. 


Un inexplicable pánico se apodero de mí. El hombre me miraba fijamente, evitar su presencia era imposible. Sus ojos tristes pedían auxilio mientras gritaba y aleteaba como un hombre a punto de ahogarse. Hacía bromas y gesticulaba sobre actuadamente tratando de llamar la atención de aquella gente sentada, imbuida en su propia miseria, para las cuales él era como un espectro. Mientras yo, aterrorizada en mi asiento, en vez de sentir lástima por aquel ser humano parado frente a mí, vestido con un precario disfraz desfallecía en un intento desesperado por hacer reaccionar a ese grupo de estatuas de mármol. Volví a coger mi cabeza entre las manos y me sumergí en las profundidades de mi mente.


Mi reloj, una respiración angustiosa y acelerada, los movimientos del chofer, gente caminando… todas imágenes en retroceso.

La gente comenzó a gritar algo que con los oídos cubiertos era imposible de entender. Levanté la cabeza y vi al payaso. Su rostro se desfiguraba rápidamente mientras el maquillaje se diluía producto del sudor y el llanto.

El microbús frenó. La rutina acabo con un amargo sabor de boca. Nadie dio dinero cuando el compañero del ahora disminuido personaje pasó asiento por asiento con su sombrero. Ni siquiera yo, no podía moverme.


Los hombres bajaron derrotados, los dos payasos que habían subido un par de calles atrás llenos de energía y llenos de risa, se veían ahora tan apagados como un cortejo fúnebre a pesar de los amplios trajes verde limón y los graciosos sombreritos con esa gran flor amarilla en medio.
 


Romy Valenta nació el 03 de diciembre de 1982 en la ciudad de Valdivia. El año 2000 ganó el primer lugar del Certamen de Minicuentos "Ecos Ocultos" organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile. Actualmente vive en Valdivia.

20 de octubre de 2010

Lectura Poética en Almirante Simpson 7


Amigos de El Puñal,
Los invitamos cordialmente a asistir a la lectura organizada por el Taller Poético "A través del Eros" y del Círculo de Escritores de La Legua.

10 de octubre de 2010

Viles Vicios Bicentenarios | Alejandra Montoya


Así como Dante,
plasmó siete pecados capitales
en su Divina obra,
he aquí, la humilde evidencia de vuestros
Viles Vicios Bicentenarios.

Manoseada lujuria,
voluptuosa e impúdica,
que bajo obscenas sotanas,
ha rasgado a su paso
la frágil inocencia infantil.


Trasnochada pereza,
vulgar desidia,
que cubre el hastío alienante
de la miserable rutina;
eterna quietud de los débiles.


Insatisfecha gula,
apetito voraz que devora
el hambre de otros, mientras
las vacas sagradas se nutren
del sudado sustento de los oprimidos.


Ira, insistente y violenta,
autoritaria lapidación de las ideas,
enemiga infalible de la justicia;
cobarde torturadora, sutil
provocadora de crueles miedos.


Enmascarada envidia,
hipócrita sonrisa; mueca forzada
de resentidos rostros
que deambulan entre el
borracho e individualista exitismo.


Obsesiva codicia,
implacable y despiadada ambición,
incitadora encubierta de
letrados delincuentes
que visten de cuello y corbata.


Maldita soberbia,
su arrogancia y altivez
aplasta y discrimina
aquellas coloridas etnias ancestrales
con olor a canelo y merkén.


Lujuria, pereza, gula, ira, envidia, codicia, soberbia
enmarcados en un abandonado
cuadro marchito, plagado de tintes de gala;
la conmemoración perfecta de nuestra ilusa y
torcida lucidez.



Escrito por Alejandra Montoya.
Nació en Valparaíso, en la década de los 70. Graduada de Pedagogía en Castellano en su ciudad natal. Ha participado en diversos colectivos artísticos y lecturas poéticas (“100 Poemas contra el Indulto”, “Poemas por el Pueblo Mapuche”, entre otros), como también ha prestado colaboración con otros escritores en la corrección de textos y gestión de tertulias literarias. Actualmente, continúa participando en lecturas poéticas y se desempeña como Profesora de Castellano. Próximamente se proyecta estimular la creación y la reinserción social de los internos de la Cárcel de Valparaíso a través sus clases de Lenguaje y de un taller literario. Asimismo, se espera una muestra de sus trabajos literarios en una nueva antología literaria del Colectivo santiaguino Geopoético y otra antología de mujeres de la Editorial Kawell Kelun.


4 de octubre de 2010

El Puñal en Creative Commons Chile


   Hoy vi que El Puñal salió en la vitrina de la página chilena de Creative Commons. Como algunos sabrán se trata de una organización dedicada a fomentar el uso de licencias flexibles que reducen las barreras legales para la creación artística e intelectual.
        Es cada vez más común ver la sigla CC en páginas web dedicadas a todo tipo de creación artística. A diferencia de una licencia tipo "Todos los derechos reservados" -en que se requiere de permisos formales para utilizar una creación-, una obra licenciada bajo Creative Commons puede ser copiada y distribuida libremente. En muchos casos, la obra puede ser modificada, e incorporada a una creación, ejemplo del cual son las mezclas y los podcasts. Las condiciones para su uso varían pero generalmente son que se atribuya la autoría original y que no tenga fines comerciales.
Si quieres saber más información visita la página de Creative Commons escribe a info@creativecommons.cl.

Algunos sitios que se basan en este modelo de derechos digitales son: 

    Literatura

    Música

    Podcasts
    Revisen este artículo para otra visión del tema: Comienza la andadura de 'Creative Commons'

    Autor: Rodrigo Suárez

    3 de octubre de 2010

    Nunca | Margarita Bustos

    Nunca paseamos por el otro lado de la luna
    ni tu mano se acercó a la mía para fundirse en el gesto 
    prometedor. 
    Nunca dejaste que tu mirada sonrojara nuestros océanos con sus deseos y apetencias,
    tampoco invocaste la salinidad de mi piel junto a la tuya
                                                                                 de tacto 
    insaciable
    ni fracturaste el juicio de las bocas bífidas
    intentando asesinarse en la fusión de sus elementos.

    Nunca, dijiste asustada.
    Nunca, le respondí a los pensamientos que me ordenaron 
    invocarte…
    -Nunca- será la única palabra que exista entre nuestras
    fantasías.



    Margarita Bustos

    Nace en Cauquenes en 1980,  Profesora de Castellano y Comunicación de la PUCV, Magíster © en Género y Estudios Culturales de la Universidad de Chile. Nos conocimos hace poco, en un bar literario del Huérfanos perdido, a través de los auspicios de Amanda Espejo de la Revista La Mancha. Compartimos el gusto por la teoría, el cine y las letras. Nos ha honrado con un poema suyo. 
    Rodrigo Suárez

    1 de octubre de 2010

    Lanzamiento

    Nos llegó esta invitación de parte de cuadro de tiza ediciones. Los enlaces para mayor información son los siguientes cuadrodetizaediciones.wordpress.com
    cuadrodetiza@gmail.com

    26 de septiembre de 2010

    Cuentos Eróticos en La Nación

    En La Nación Domingo de hoy 26 de Septiembre, apareció publicado un cuento de nuestro amigo Pablo Delgado, Editor de Revista La Mancha.
    El cuento llamado "El rumor de los pájaros o el fusto placer" está disponible pinchando aquí.
    ¡Felicitaciones a Pablo!

    19 de septiembre de 2010

    El Puñal #4 Cuentos para Cuervos | Descarga versión electrónica

    Estimados Lectores, se encuentra disponible la versión electrónica de nuestra revista El Puñal #4, edición especial de Cuentos para Cuervos.

    Esperamos muy pronto tener disponible la versión impresa.

    Saludos - El Puñal.

    Vicente Nario | Teresa Muñoz

    (título provisional)

    De codos en la baranda
    me distrae el bicentenario,
    hay necesidad de apoyarse en las palabras
    para no sufrir el silencio obstinado de la calle
    el potencial de vanidad está al tope
    y nuestra vista perdió el color
    ....................................................el tricolor

    Un poeta en el metro me susurra
    ....................................................raíces sudan Sudamérica
    parece que estoy en el sueño de una tarde dominical
    poseía,...............no,.........poesía
    es lo que queda después de doscientos años de predecir la desgracia
    de repetir adiós a la ligera y de ligereza del amor al vecino

    Miro al cerro y veo a la Inmaculada
    ella también ve a través de ojos extraños
    cierta dulzura sube a los míos
    y bajo la mirada
    porque una luna muerta nos cuida
    porque no hay cómo distinguir los corazones.



    Escrito por Teresa Muñoz, miembro de El Puñal.

    Intrusos | Raúl García


    Amanece. A pesar de que la luna menguante pero obstinada sigue imperturbable al costado de un cielo azul claro y ausente de nubes. Y aunque el sol no aparece, el lago se va iluminando y el ambiente va ganando temperatura después de una noche innecesariamente fría.
    Recargado al filo de la ventana, desde la modesta habitación situada en lo más alto de esta colina con forma de hormiguero, ante mis ojos aparece el pueblo completamente rodeado por aguas serenas y turbias.
    Desde aquí puedo observar las pequeñas embarcaciones que abandonan la orilla en grupos de cinco y ocho. Se adentran en el lago, elevan al aire sus redes con forma de de alas de mariposa para luego hundirlas en el fondo y levantarlas cargadas de peces que luchan inútilmente por escapar de una muerte segura.
    Las primeras campanadas de la misa de seis consiguen que vuelva la mirada hacia la torre de la pequeña iglesia incrustada entre las casitas de techos rojos y paredes blancas. Es entonces que las cocinas de los pequeños restaurantes, distribuidos a todo lo largo de la gran escalinata que baja desde la monumental estatua de Morelos hasta los muelles, empiezan a exhalar columnas de humo grisáceo que van invadiendo el aire con un olor a pino fundido. Poco a poco, los Purépechas van saliendo de sus casas y sin destino aparente caminan decididos y con prisa. - El pueblo ha despertado -alcanzo apenas a escucharte entre la brisa.
    Es domingo de pascua y dentro de pocas horas la paz cederá al barullo de los turistas que abarrotarán las calles y las pequeñas plazas para ver a los niños, que ataviados con máscaras de viejitos y sombreros de paja, bailarán felices al ritmo de violines eternamente desafinados mientras sus padres intentarán conseguir algunas monedas a cambio del espectáculo.
    Desfilarán por doquier tropas de niñas con trenzas adornadas de listones coloridos, vendiendo artesanías miniatura y dulces de tamarindo dispuestos en jarritos de barro negro pintados con flores, abusando, por ser día de fiesta: "¡A cinco la bolsa con diez!".
    - Seguramente será imposible encontrar un lugar disponible para comer. -suspiro.
    De todos los pueblos que visitamos en México, siempre encontraste la forma de convencerme para regresar justo a éste. En realidad, nunca me importó, yo siempre he venido sólo por ti. Es hasta hoy que a través de tu esencia, intento descubrir la magia con la que te cautivó.
    De regreso en el interior de la habitación, recojo mis últimas cosas con la intención de prepararme para salir y justo al llegar a la puerta me detengo a mirar por última vez la cama deshecha y perturbada por almohadas y sábanas abandonadas al azar, pero aún capaz de dar testimonio de la noche que de todas las formas posibles, apenas terminó.

    Te dejabas acariciar. Desnuda y boca arriba, con el cabello derramado sobre los hombros enmarcando tu cara de niña inocente y con tus ojos rotundos y buenos observándome tocar con los labios tus senos, mientras yo sentía una deliciosa calidez invadiendo toda tu piel.
    Tu cuerpo se erizó y reíste nerviosa.
    - Vas muy aprisa ¿Cuándo me vas a escribir un cuento? -me preguntaste fingiendo apatía.
    - ¿Tú crees que le escribo cuentos a todas mis novias? -te contesté riendo con la intención de hacerte rabiar.
    Gruñiste tratando de escapar de mis brazos pero no lo permití. Me abrí paso por tu pecho, rocé con malicia tus hombros y manos, besé tu abdomen y me deslicé entre tus piernas para hacerte gemir de placer hasta que éste se volvió insoportable.
    Me empujaste el pecho con las piernas y te montaste encima de mí. Te tomé de las caderas encabritadas mientras galopaban sobre las mías con violencia frenética. Yo intentaba entretanto despejar el pelo de tu rostro, pero sacudías el cuello impidiéndomelo adrede.
    – Quiero ver tu cara. -exigí.
    - ¿Qué es lo que mas te gusta de mí? -me desafiaste orgullosa.
    - Todo. -te mentí mientras de tu garganta escapaba el último aliento de placer.
    Caíste rendida sobre mi pecho y te abracé como siempre. Más tarde te acurrucaste a mi lado y tomaste el libro de cuentos que te regalé.
    - Dejaste la ventana abierta, tengo frío.
    - Esa era la intención -sonreí.
    No quería dejarte leer y haciéndote cosquillas me puse a jugar con tu pelo intentando distraerte mientras te canturreaba: - "Eva tomando el sol, besos, cebolla y pan, ¿qué más quieres Adán?"
    - No molestes. -chillaste sin apartar la vista del libro - No me gusta esa canción.
    - ¿Por qué? -te contesté como si no supiera ya la respuesta.
    - Ya te lo he dicho muchas veces, es muy triste.
    - Bueno y dime. ¿Cuál cuento estás leyendo?
    - ¡Dis-leur de ne pas me tuer!
    - Ah sí, muy interesante, pues no se cuál es ese.
    - ¡Dis-leur de ne pas me tuer! –repetiste riendo a carcajadas.
    - Come mierda -grité bromeando y te arrojé la almohada mientras salía de la cama para encender un cigarro cerca del balcón.
    - Deja de fumar y cierra esa ventana que tengo frió, ¿qué significa horcón?
    - Es un ahorcado gordo. -reí - ¿Qué no sabes español?
    - Pues sé más español de lo que tú sabes francés.
    - Eso es porque te la has pasado de vaga por México pero todavía tienes un terrible acento chillón y afrancesado.
    - No tengo ningún acento, y sé español porque soy muy inteligente.
    - Bueno Sofía, olfatear el libro cada vez que cambias de página no te hace ver muy inteligente.
    - Huele rico -sonreíste - Además, si me escribieras más cuentos, sabría más español. Y me llamo Sophie, no Sofía, que así se escucha mal.
    - Pues significan lo mismo y no te quejes, que tú eres la primera que lee todo lo que escribo.
    - Sí, pero hace mucho que no escribes para mí, no es lo mismo. ¿Por qué ya no me escribes como antes? ¿Ya no sientes nada por mí?
    - No seas boba, ¿qué tiene eso qué ver? Sabes bien que te quiero.
    - Sí, pero ya no es igual. Antes escribías cuentos acerca de nosotros y en París me prometiste uno especial, uno que hablara del futuro que tendríamos algún día, cuando viviéramos juntos.
    - ¿A qué viene ahora todo eso? ¿Estás discutiendo por nosotros o por un cuento?
    - Pues tal vez era sólo un cuento, pero lo prometiste.
    - Y tengo dos años pidiéndote que te vengas a vivir a México. ¿Qué tal tu cuento?
    - ¿Ah sí? ¿Y qué pasó con el pequeño asuntito que ibas a resolver antes de que viniera? ¿Ese era otro cuento?
    - Ya no sé ni de qué estamos hablando.
    - Yo tampoco. -chillaste enojada arriscando la nariz.
    Ya no supe qué más decirte y te volteaste para darme la espalda tapándote con la sábana.
    Me pregunto si algún día te acordarás de todo esto. De lo que sí estoy seguro es que ignoras que me quedé observándote un largo rato mientras dormías. Pensé varias veces en despertarte y hablar contigo pero no me atreví. Vencido finalmente por el sueño, me acosté de nuevo a tu lado y te susurré al oído:
    - Lo que más me gusta de ti, es tu cara de niña traviesa.
    Sólo contestaste con un leve quejido.
    Desperté solo y al borde del colchón. Miré con extrañeza el libro de Rulfo tirado en el piso y estiré una mano para alcanzarlo. Sobre la pasta leí tu mensaje escrito con pintalabios:
    ¡Dis-leur de ne pas me tuer! ¡A jamais!
    Dejé la cama y todavía adormilado me fui percatando de todo. Daban cuenta de tu huída, la ausencia de tu maleta y de tus cosas de baño. Sobre la mesita de noche, solitaria se enfriaba la taza de café que seguramente bebiste mientras yo dormía. Furioso, la lancé contra la pared convirtiendo en añicos el último vestigio de tu presencia.
    Encendí un cigarro y maldiciendo me asomé por el balcón, no sé si con la absurda intención de buscarte entre las callezuelas aún a oscuras. De todas maneras, no te encontré.
    Regresé a la cama e intenté calmarme pensando que seguramente sólo sería una más de tus rabietas.
    Lo cierto es que no regresaste. También es cierto que no volvimos a vernos jamás en ningún otro sitio.
    Evité por mucho tiempo regresar a este lugar porque esperaba hacerlo como siempre, contigo. Pero después de todos los intentos por contactarte, me fui haciendo a la idea de haberte perdido para siempre.
    Llegué ayer por la tarde. La noche me embriagó con una tristeza inerte y me escondí entre sus sombras hasta que la mañana me sorprendió recargado en la misma ventana desde donde te observé por última vez hace ya muchos años.
    Con las horas, la habitación termina de iluminarse. El balcón sigue abierto y el viento entra con frías bocanadas de yerros añejos seduciendo a las cortinas en un juego de luces y sombras sobre la cama que ahora adquiere un talante más parecido a la nostalgia que a la desesperanza. Todavía frente a ella, dejo caer mis cosas al piso y extraigo de mi maleta el último intento por cumplir una vieja promesa.
    Regreso al balcón y me siento a observar a Janitizio danzar en el día de la resurrección - "No quedan plazas para dos intrusos en el paraíso" -silbo la canción que nunca te gustó.
    ¿Cuándo te voy a escribir un cuento? Ahora mismo.



    Escrito por Raúl García.
    Cuento publicado en la revista de la Escuela de Letras de Madrid. Raúl vive en Nuevo León, México. Su blog, donde puedes encontrar más de su trabajo es
    http://raulgarciardz.blogspot.com/ .

    13 de septiembre de 2010

    HEARTS | de Laura Osorio


    Dos corazones. Se aman demasiado como para que otros se interpongan entre ambos. Es un amor extraño y por exceso, enfermo.
    ¿Enfermo?
    Ambos se hablan continuamente, de verdad nada seguiría igual si hubiese solo un corazón mas que se entrometiera donde no le llamen. Dos corazones solamente.
    Ni uno más, ni uno menos.
    El poco milagro que dan las tierras del corazón más joven, hacen que el mayor este a su disposición todo momento. Cuando hablan, actúan muy bien para que sus ideales sean equitativos de cantidad e iguales en palabras aduladoras de uno a otro.
    Ningún corazón más. Ninguno.
    Ya no hay más puestos. Los que llegaron tarde a la amistad de estos dos corazones se tienen que contentar mirando como entre ellos abunda la sintonía. Una coordinación que ambos corazones se imponen el uno al otro.
    Se imponen.
    Hubo un corazón que llegó tarde. Azul como el océano puro, color cielo limpio de aire libre. Que arrogancia, Dios mío, de los corazones principales, por no dejarlo entrar, aún cuando hubiese llegado antes que el corazón más joven. El corazón mayor lo cambió por alguien más pequeño, más inocente, más puro, porque decidió que quería cambiar a la persona a la cual proteger.
    ¿Nunca se dieron cuenta de que el corazón azul se estaba tornando más oscuro? Lo cubrió un velo blanco de realeza que el corazón mismo se puso, porque sabía que sin nadie la trataba como alguien que existía, solo lo haría uno mismo. Se volvió majestad de un mundo que hizo con sus propias manos, porque nadie venía a ver como progresaba este reino tan…
    ...tan igual que como lo habían tratado en un principio. Apartado, pero realmente relevante.
    Y el corazón azul sabía mucho de la vida, la entendía muy bien, y se aburrió de quejarse por cosas tontas. Miró hacia adelante y olvidó los crudos comentarios del corazón rosillo y del corazón azabache carbón; el corazón mayor y menor; los corazones principales de una historia cruel que ambos corazones forjaron con mucha, pero mucha arrogancia hacia el resto.
    Y un tiempo luego, apareció de la nada otro corazón. De la nada misma.
    Asumió que podía integrarse a la cruda amistad del corazón rosillo y el corazón negro azabache. De la nada. E hizo todos los intentos existentes para ponerse en medio de los corazones principales. Hasta ahora espera la respuesta de los dos corazones.
    Y yo, el corazón blanco pluma, narro la historia porque la conozco, y no hay ley que me impida relatarla.


    Por Laura Osorio
    De Santiago, estudiante. Nació el 5 de Diciembre del '96 y le gustan los idiomas. Le gusta hacer garabatos con tinta negra en los papeles cuando tiene ganas, y le tiene miedo a su profesor de Matemáticas.

    11 de septiembre de 2010

    El Pescador | Cristian Berríos


    La vida se me va cuando tiro la red y regresa convertida en peces. Los rayos del sol siembran de diamantes el agua, si uno se acercara a recogerlos iría directo al fondo. El bote bambolea mientras nos alejamos de Pancho. Alejados los críos y sepultada la vieja, en ningún lugar me sentiré más a gusto.


    Por Cristian Berríos. Sus cuentos pueden encontrarse en http://www.puentedesaturno.blogspot.com/

    7 de septiembre de 2010

    PODCAST El Puñal | Audiocuento: El Pulga Negra

    ¡Presentamos a ustedes nuestro primer Audiocuento!


    Se trata del cuento El Pulga Negra, de David Santos Arrieta. Este cuento fue seleccionado para El Puñal #3 (versión impresa).
    Edición y producción de Rodrigo Suárez // Música del Album "Antejardín" de Matorral.
    Puedes oir el podcast presionando el símbolo play o descargarlo a tu computador o subirlo a tu ipod.
    El Pulga Negra by Eli Cárdenas