31 de octubre de 2010

Textos Inéditos | Ricardo Sánchez Orfo, Santiago

XX
Estuve pidiendo por ti frente a los lirios de la cama,
de fondo, john lennon/ 


estuve pidiendo por mí frente a la cama de tus lirios,
detrás, en la ventana de otros, la historia neurótica de los castrados. 


Abre paréntesis: existió una cara desfigurada y tenue
que hoy emerge como una parte del silencio en la
micro negra que llegaba, mucho antes, a mi lejano hospital público.


Pálpito, cierre paréntesis, muevo mis dedos en la bruma, maúllo,
leo la continuidad de los parques y quiero ser la apariencia de mí,
observo la fiesta y  el baile lento de los llorones, tócome, me lamo,
retorcido de noche, borracho y solo recuerdo a allende y cierro las
manos contra el viento.

Mi imperativo categórico es éste:     (      )                (ey, tú, vacío; te voy).

 XXX
Con rumor de niebla en el cemento parí a mis huachos,
colgados de la noche y de las ubres chuparon mi sangre
los muy sarnosos. La hoja de perra que es la poesía de
los vómitos ruega por nosotros,  los santos pecadores
dónde se escribe sobre los que naufragan en cólera, como
nosotros los subidos a la micro del futuro, como nosotros
kon tiritón de kiltro que llora mojado.


el viento llorón ondula en los vestidos de la puta que soy/
tengo en las manos frías una esquina de barrio completamente rota/
véme, jesús, soy tu fracaso


Ricardo Sánchez Orfo (1987) Santiago, Chile.

Ha autoeditado, Utopías de una muerte infante (2004), Nuestra Soledad (2005), El ejercicio del
Café (2008).

A la fuerza fue integrado en la Antología poética uno de Sergio Rodríguez Saavedra (2005), 50
poemas de amor (2006), Selección de poesía y narrativa Manuel Guerrero (2009) , Por si acaso
alguien quiere llorar (2009). En el 2010, publicó en formato virtual, No tiene pinta de poesía,
Cumplo con informar y 19 inútiles poemas, además de autoeditar el libro, Casa de Puta.

Todavía no muere en serio.

Midriasis | Romy Valenta, Valdivia


Por C. Murnau 

Podría decirse que ese día, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de irme de casa pero tampoco podía quedarme. Digamos que necesitaba moverme pero en vez de caminar por mis propios medios bajo la incesante lluvia, preferí albergarme en un microbús que a esa hora se encontraba totalmente vacío y me confería la anónima y agradable facultad de sentarme y dejar que mi humanidad repose inmóvil preocupándome solo de desplazar la mente. Esta manera inerte de viajar es mi favorita, ya que mientras la micro se mueve yo ya no me preocupo de, regirme por el capricho de un desdeñoso semáforo, tolerar un cruce peatonal, detenerme, dejar pasar a la gente que se abalanza como horda de hormigas, saludar a algún conocido con una venia malparida o el mero hecho de sincronizar mis extremidades.


Ese día el recorrido no tardó mucho en tornarse interesante, aunque no niego que la falta total de presencia humana dentro del microbús, exceptuando la del chofer, me daba ciertos aires de grandeza y dominio del espacio. La llegada de la mujer que se sentó en el primer asiento, el que se reserva para discapacitados, me saco súbitamente de mis cavilaciones para concentrarme por completo en su elefantiásica humanidad. 


Abrió su cartera y extrajo un monedero, contó el dinero para pagar el pasaje, pero al intentar ponerse de pie, la micro viró bruscamente y las monedas rodaron por el suelo.

La mujer se volvió a sentar y sacó nuevamente su monedero y volvió a contar con desánimo. Algo me dijo que aquello era una situación habitual para ella. 


Un instante perdido en el tiempo, yo viajando sin rumbo fijo sentada en un asiento de plástico completamente rayado con frases obscenas, observando a una mujer triste y obesa mientras afuera, en la ciudad ocurre…. Una corriente de aire, una nube de Smog, ciento veinticuatro mil quinientas treinta personas (o más) usando el transporte público en la hora pick de tráfico. Un niño descalzo vende caramelos en una esquina, una mujer piadosa le estira un billete y su conciencia se torna repentinamente libre de culpas, el niño abandona su esquina, ese día no sigue trabajando, ni el siguiente ni el subsiguiente tampoco. 


Luces rojas y verdes se pelean un puesto en las alturas mientras una enormidad de ojos atentos, autómatas, atónitos abren la boca. Un hilo de baba se les escapa lentamente. Cientos de conductores sincronizan pies y manos y dan marcha hacia adelante, así la carrera que se vio suspendida por un instante continúa. Es increíble lo que puede llegar a verse en un simple cambio de luz de semáforo.


Volví a escudriñar en la fisonomía de la mujer, era más triste de lo que me había fijado, sus ojos pequeños pero profundos como los de un ave de rapiña, se perdían en la inmensidad de sus mejillas infladas y estiradas, su nariz redonda como un pimiento rojo y su boca de labios finos se conjugaban para dar como resultado una carita tal vez poco agradable a simple vista pero que mirándola detenidamente, dejaba entrever una obra de arte hecha por la naturaleza.


Después de admirarla algunos minutos decidí avocarme al estudio de los nuevos pasajeros que subieron frente al cementerio. Era una pareja de ancianos humildes, traían un canasto tapado con un paño blanco y se sentaron delante de mí, luego un par de escolares subió también y así la micro se siguió llenando hasta haber una o dos personas de pie.


Se me hizo difícil elegir a quien observar, caí en lo que no quería caer, miles de pensamientos irrumpieron de pronto en mi cabeza interrumpiendo de golpe mi estado de evasión, hundí la cabeza entre mis manos y tape mis oídos con fuerza, por un segundo me sentí bajo el agua, un profundo silencio bloqueo mi mente y sentí el descenso… diez, veinte, treinta metros, un respiro, cuarenta, cincuenta….El microbús freno otra vez…


"Damas y caballeros, tengan ustedes muy buenas tardes", -dijo un tipo vestido de payaso alargando la primera silaba de cada palabra en una forma exagerada y que repetía su rutina como una letanía estridente, su compañero que se encontraba en la parte posterior de la micro trataba de mantener la atención del público que se encontraba sumido en un mutismo absoluto. El chofer llevaba la radio apagada. Nadie reía, nadie hablaba, solo se oía el ruido del motor en marcha y la horrenda voz del payaso. 


Un inexplicable pánico se apodero de mí. El hombre me miraba fijamente, evitar su presencia era imposible. Sus ojos tristes pedían auxilio mientras gritaba y aleteaba como un hombre a punto de ahogarse. Hacía bromas y gesticulaba sobre actuadamente tratando de llamar la atención de aquella gente sentada, imbuida en su propia miseria, para las cuales él era como un espectro. Mientras yo, aterrorizada en mi asiento, en vez de sentir lástima por aquel ser humano parado frente a mí, vestido con un precario disfraz desfallecía en un intento desesperado por hacer reaccionar a ese grupo de estatuas de mármol. Volví a coger mi cabeza entre las manos y me sumergí en las profundidades de mi mente.


Mi reloj, una respiración angustiosa y acelerada, los movimientos del chofer, gente caminando… todas imágenes en retroceso.

La gente comenzó a gritar algo que con los oídos cubiertos era imposible de entender. Levanté la cabeza y vi al payaso. Su rostro se desfiguraba rápidamente mientras el maquillaje se diluía producto del sudor y el llanto.

El microbús frenó. La rutina acabo con un amargo sabor de boca. Nadie dio dinero cuando el compañero del ahora disminuido personaje pasó asiento por asiento con su sombrero. Ni siquiera yo, no podía moverme.


Los hombres bajaron derrotados, los dos payasos que habían subido un par de calles atrás llenos de energía y llenos de risa, se veían ahora tan apagados como un cortejo fúnebre a pesar de los amplios trajes verde limón y los graciosos sombreritos con esa gran flor amarilla en medio.
 


Romy Valenta nació el 03 de diciembre de 1982 en la ciudad de Valdivia. El año 2000 ganó el primer lugar del Certamen de Minicuentos "Ecos Ocultos" organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile. Actualmente vive en Valdivia.

20 de octubre de 2010

Lectura Poética en Almirante Simpson 7


Amigos de El Puñal,
Los invitamos cordialmente a asistir a la lectura organizada por el Taller Poético "A través del Eros" y del Círculo de Escritores de La Legua.

10 de octubre de 2010

Viles Vicios Bicentenarios | Alejandra Montoya


Así como Dante,
plasmó siete pecados capitales
en su Divina obra,
he aquí, la humilde evidencia de vuestros
Viles Vicios Bicentenarios.

Manoseada lujuria,
voluptuosa e impúdica,
que bajo obscenas sotanas,
ha rasgado a su paso
la frágil inocencia infantil.


Trasnochada pereza,
vulgar desidia,
que cubre el hastío alienante
de la miserable rutina;
eterna quietud de los débiles.


Insatisfecha gula,
apetito voraz que devora
el hambre de otros, mientras
las vacas sagradas se nutren
del sudado sustento de los oprimidos.


Ira, insistente y violenta,
autoritaria lapidación de las ideas,
enemiga infalible de la justicia;
cobarde torturadora, sutil
provocadora de crueles miedos.


Enmascarada envidia,
hipócrita sonrisa; mueca forzada
de resentidos rostros
que deambulan entre el
borracho e individualista exitismo.


Obsesiva codicia,
implacable y despiadada ambición,
incitadora encubierta de
letrados delincuentes
que visten de cuello y corbata.


Maldita soberbia,
su arrogancia y altivez
aplasta y discrimina
aquellas coloridas etnias ancestrales
con olor a canelo y merkén.


Lujuria, pereza, gula, ira, envidia, codicia, soberbia
enmarcados en un abandonado
cuadro marchito, plagado de tintes de gala;
la conmemoración perfecta de nuestra ilusa y
torcida lucidez.



Escrito por Alejandra Montoya.
Nació en Valparaíso, en la década de los 70. Graduada de Pedagogía en Castellano en su ciudad natal. Ha participado en diversos colectivos artísticos y lecturas poéticas (“100 Poemas contra el Indulto”, “Poemas por el Pueblo Mapuche”, entre otros), como también ha prestado colaboración con otros escritores en la corrección de textos y gestión de tertulias literarias. Actualmente, continúa participando en lecturas poéticas y se desempeña como Profesora de Castellano. Próximamente se proyecta estimular la creación y la reinserción social de los internos de la Cárcel de Valparaíso a través sus clases de Lenguaje y de un taller literario. Asimismo, se espera una muestra de sus trabajos literarios en una nueva antología literaria del Colectivo santiaguino Geopoético y otra antología de mujeres de la Editorial Kawell Kelun.


4 de octubre de 2010

El Puñal en Creative Commons Chile


   Hoy vi que El Puñal salió en la vitrina de la página chilena de Creative Commons. Como algunos sabrán se trata de una organización dedicada a fomentar el uso de licencias flexibles que reducen las barreras legales para la creación artística e intelectual.
        Es cada vez más común ver la sigla CC en páginas web dedicadas a todo tipo de creación artística. A diferencia de una licencia tipo "Todos los derechos reservados" -en que se requiere de permisos formales para utilizar una creación-, una obra licenciada bajo Creative Commons puede ser copiada y distribuida libremente. En muchos casos, la obra puede ser modificada, e incorporada a una creación, ejemplo del cual son las mezclas y los podcasts. Las condiciones para su uso varían pero generalmente son que se atribuya la autoría original y que no tenga fines comerciales.
Si quieres saber más información visita la página de Creative Commons escribe a info@creativecommons.cl.

Algunos sitios que se basan en este modelo de derechos digitales son: 

    Literatura

    Música

    Podcasts
    Revisen este artículo para otra visión del tema: Comienza la andadura de 'Creative Commons'

    Autor: Rodrigo Suárez

    3 de octubre de 2010

    Nunca | Margarita Bustos

    Nunca paseamos por el otro lado de la luna
    ni tu mano se acercó a la mía para fundirse en el gesto 
    prometedor. 
    Nunca dejaste que tu mirada sonrojara nuestros océanos con sus deseos y apetencias,
    tampoco invocaste la salinidad de mi piel junto a la tuya
                                                                                 de tacto 
    insaciable
    ni fracturaste el juicio de las bocas bífidas
    intentando asesinarse en la fusión de sus elementos.

    Nunca, dijiste asustada.
    Nunca, le respondí a los pensamientos que me ordenaron 
    invocarte…
    -Nunca- será la única palabra que exista entre nuestras
    fantasías.



    Margarita Bustos

    Nace en Cauquenes en 1980,  Profesora de Castellano y Comunicación de la PUCV, Magíster © en Género y Estudios Culturales de la Universidad de Chile. Nos conocimos hace poco, en un bar literario del Huérfanos perdido, a través de los auspicios de Amanda Espejo de la Revista La Mancha. Compartimos el gusto por la teoría, el cine y las letras. Nos ha honrado con un poema suyo. 
    Rodrigo Suárez

    1 de octubre de 2010

    Lanzamiento

    Nos llegó esta invitación de parte de cuadro de tiza ediciones. Los enlaces para mayor información son los siguientes cuadrodetizaediciones.wordpress.com
    cuadrodetiza@gmail.com