29 de febrero de 2012

Grito | Marcelo Munch, Chile

El-grito-de-Munch detalleYo lo pondría tamaño 1,5 x 2 mts. más menos, sobre un puente o un camino transitado a la orilla del río Mapocho, similar a como lo muestra el famoso cuadro de mi tocayo Edvard. Y cortaría el contorno de la figura central protagonista dejando un espacio vacío, para que todo el que quiera pasar por ahí, grite, y que grite todo lo que quiera y lo que le venga en gana.

Es que es increíble como este gobierno simplemente no escucha. Raya lo patológico. Las autoridades se llenan la boca con lo de diálogo, con llegar a acuerdos, con que está bien que la gente se pronuncie, con que hay que aunar. Y ahí queda, para la foto y la frase compuesta, y al momento de los qué hubo, ¡No, se obedece lo que se le manda y se acabó! Punto, creen que eso es dialogar, como el comercial ridículo del banco ese del papá que le dice al hijo en su auto "no, dije no, porque no, no sabes lo difícil que es para mí decirte que no", cierra el padre, como si de verdad fuera un argumento, como si el legitimar las jerarquías de la estructura de por si garantizara el éxito final de la transacción, como si todo se tratara de una transacción al fin y al cabo, francamente a este gobierno le importa un bledo dialogar. Y no está dispuesto a mirar los hechos, la gente está molesta, no hay más, no son los supuestos líderes los que aleonan el clima, ni menos dirigentes que se van a la cochiguagua para perpetuarse, los que le pueden decir a uno cuando hartarse: la gente está chata, ahora, y no hay nada más que decir. Y la gente no está descontenta porque le gusta estarlo, no va a paro porque le gusta perder parte de su sueldo ni menos el trabajo, no sale a golpear ollas con frío y a riesgo de que se lleve un chorro o la patada de un "profesional del orden público" porque es entretenido y no le gusta la olla que tiene, la manifestación de la gente es una consecuencia, así de simple, guste o no, y aunque las autoridades no tengan la capacidad intelectual para comprenderlo, ni menos para creerlo, entonces que por lo menos no busquen excusas mediocres como que la gente mayoritariamente no se adhirió al paro (repugnante, a ver

28 de febrero de 2012

Podríamos abrirnos | Patricio Cortés, Chile

Podríamos abrirnos los brazos
desgarrarnos el tórax
y armar una corona de costillas.
Podríamos hacer tanto y sólo nos quedamos mirando el infierno.

Quisiéramos pasar una temporada en el cielo,
quisiéramos morir por un segundo
y abrir las puertas de mármol.

Pero preferimos desintegrarnos aquí,
en una plaza, en una cama,
en la noche que tiene gritos de lamento.
Y aún cuando podríamos levantar ciudades al unísono
nuestras voces callan
las lenguas son de hielo
y nos queman
nos arden por gritar lo que no está permitido.

Y te clavan un mensaje desde que naces:
“Siempre debes dejar algo de lado”.
Pero yo quiero tomarlo todo,
quiero vivir un infierno y un paraíso
en cada parpadeo y respiro.
Quiero volar y estrellarme en la tierra,
porque deseo forjarme de realidades,
de llanto, risa, dolores, sangre, polvo, árboles
ríos, volcanes, océanos, insectos, aves, llanuras,
quebradas, ácidos y humo.
Quiero estar lleno de enjambres,
ser telúrico e inmóvil,
ser infinito.

Ojalá pudiéramos trascender del llanto a la alegría,
de un grito a un silencio.
Ojalá supiéramos desenredar el nudo  de la muerte y la vida.


Patricio Cortés, poeta chileno.  El año pasado fue becado para el taller de Raúl Zurita en la Universidad Diego Portales. Ha sido publicado en www.artepoetica.net, con una breve antología y en la revista ttp://www.balancepatriotico.cl/ con el poema "Las venas de un país que ya no sangra".

27 de febrero de 2012

El padrino de la Luna | Christopher Rosales Tognarelli, Chile

Mujer o Sirena, El Sueño de Quien, 70x50 cms. Año 2006
Bruna, Patricio. Mujer o Sirena, El Sueño de Quién. 70x50cms, 2006
Estoy feliz.
Por fin podré hacer poemas a la luna que antes robaron
los líricos hombres lobos
de la romántica poesía poco semántica:
mi eterno placer culpable.

Ha nacido, renacido, reencarnado,
la Luna, tu hija, amigo, wacho,
mi sobrina adoptiva
el tío no sanguíneo de exhortas experiencias
“El Padrino”
(con tono del “Padrino”
que evidentemente no sé reproducir por escrito
(siquiera en la vida real me sale bien))

Luna llena/de gracia(s)
que nos pillas de sorpresa
y desesperamos (más de lo normal)
y lloramos
y estamos mas alegres que la cresta
como si de nuestras pobres vidas
eliminaras dicho epíteto
tan doloroso como cierto


No sé mucho del significado de ser padrino,
tal vez tenga que mandar a matar a alguien
-“Baila para mí, Corleone, Baila!”-
o, no sé, algo así
ni he visto la película
(perdónenme el sacrilegio [sic]).

El beso de la muerte
tendrá que ser claramente
distinto de los que te doy a ti, Valentina:
Practicaré.

Pero, como dije antes y no me canso de decir,
estoy feliz,
y lo digo con seguridad
soy miedoso, lo admito,
pero esto no tengo miedo de decirlo,
seré padrino
y no cualquier padrino
el padrino de la Luna
                                     Nueva,
                                                Creciente
                                                              Y Llena
y francamente no entiendo lo que se hace en estos casos:
tirar, quizá, una monedas a uno cabros chicos carroñeros
o que muerdan mis calzoncillos, pinches cabrones!

Nunca he sido abuelo ni padre ni madre ni nieto,
                                                                                     siquiera hijo
que sé yo de ser abuelo, padre, tío, Padrino!
Con suerte (y mucha) se cantar canciones de cuna, Luna, “Bambina”,
aunque éstas te corresponden a ti po’ compadre.
Por mi parte me limitaré a corear Enter Sandman, de Metallica,
al son del móvil de animalitos y esas cosas
o bien te leeré, Luna creciente, algo de Borges, Whitman, Brecht,
o incluso Shakespeare,
para presumir mi intelectualidad
y tú reirás de mi torpeza.

Soy Padrino,
la alegría se respira en tus pañales, bebita,
mas sólo resta decir :
Capichi”.

Christopher Rosales Tognarelli (alias Don Cris), nacido, criado y mal criado en la comuna de Estación Central, Villa Francia, en septiembre de 1989. Es poeta y estudiante de Literatura en la Universidad Diego Portales. El año 2006 gana el primer premio del concurso de poesía de Fe y Alegría (fundación a la que pertenecía su colegio San Alberto). El 2008 publica su libro “Poesía desesperadA (y a ratos desamparada)”. El presente año es galardonado en el concurso “Nuevas letras de Chile” y difunde la poesía por diversas actividades culturales, enfatizando las realizadas en poblaciones.

18 de febrero de 2012

Poema 40 | Sergio Manganelli, Argentina

Lo más complicado de la muerte
no es morir,
sino acostumbrarnos a que el mundo
se las arregle sin nosotros,
que ni siquiera perciba
nuestro sillón vacío,
el polvo en nuestros libros.

Lo triste es añorar,
-debajo de la tierra
o zumbando en el aire-
el beso de los buenos,
la taza de café,
la balada de amor,
o el ardid asesino.

Lo maravilloso es
que entre tanto despojo,
nos abriga el recuerdo
de ausencias que sentimos.
Solo algo consuela:
                              el corazón del grillo

                                                           en la palma de Eos.

Sergio Manganelli nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios argentinos, de México, Colombia y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Brasil, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, Nicaragua, etc... Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en España.
En 2011 ganó el Primer Premio de Poesía de la Universidad Buenaventura de Cali, Colombia, entre participantes de 30 países, por sus poemas “31” y “36”.-

Turista Accidental: Perder Ciudades | Juan Carlos Vicente, España

Para Roger, viajar, era equivalente a perder una ciudad tras otra. Amanecía en París y se dormía en Berlín, desayunaba en Roma y cenaba en Nueva York. Perdía una ciudad tras otra, sentía como se le escapaban de las manos, como se volvían pequeñas y borrosas desde la ventanilla del avión.

Atrás quedaban los primeros años, cuando viajar era algo parecido a descubrir, cuando su trabajo de traductor le reportaba algún que otro éxito y reconocimiento. Con los años, y con los viajes, su vida se había convertido en una sucesión absurda de aeropuertos, estaciones de tren y taxis. Se había instalado en la rutina, y la falta de pasión por traducir a algún empresario de alta alcurnia, era cada día un obstáculo mayor entre el mundo real y el propio. De todos modos, a su edad (ya rondaba los cincuenta), no iba a cambiar de trabajo, no iba a salir corriendo detrás de un caballo que pudiese ganar una carrera. No, había decidido esperar, tomarse las cosas con calma, seguir con sus pensamientos y sus divagaciones sobre las personas que se cruzaban en su camino, sobre los productos de las tiendas duty-free y sobre cualquier cosa que le supusiese una distracción a su gris existencia.

Estaba en la sala de pantallas cuando su mujer le llamó por teléfono. Pensó en no contestar, pero luego decidió que si no lo hacía, probablemente sería peor, subiría a su avión, apagaría el móvil, y diez horas después, tendría unas veinte llamadas y mensajes que irían variando el tono desde la preocupación a la sospecha, para terminar en la amenaza y la conjetura. Habló con ella unos minutos, como para asegurarla de que se mantenía en el redil, y luego colgó. Miró de nuevo las pantallas donde aparecían las horas de llegada de los vuelos y vio que el suyo llegaba con más de dos horas de retraso. Estaba en ninguna parte, pero aunque hubiera estado en otra ciudad cualquiera, daría exactamente igual.

Miró su pequeña maleta, las filas de asientos con gente casi tumbada, esperando, matando el tiempo, observó las expresiones bobaliconas de algunos, las piernas cruzándose y estirándose por el cansancio, los

11 de febrero de 2012

Encuentro de poesía | Biblioteca de Santiago, Viernes 17 Febrero

Afiche Biblioteca de Santiago

"Amores que matan" por segundo año consecutivo será un espacio para la Poesía, historias de amor y erotismo. Además se presentará una exposición de fotografía vinculada a estos tópicos. 

Participarán en esta lectura poética: Carla Valdés, Carmen Mantilla, Milagros Valdés, Ricardo Laguna y Margarita Bustos. La invitación es a asistir el próximo Viernes 17 de Febrero a las 19:00 hrs en la Sala +18 de la Biblioteca de Santiago.

También se realizará un concurso de poesía entre la gente que asista (se sortearán libros y chocolates entre el público). Finalmente se presentará una edición especial de Chocolates Chocomissa con los micropoemas de quienes ganaron.

10 de febrero de 2012

Revistas recibidas | Prosofagia

Nos llegó una misiva de Prosofagia, Revista literaria digital, como la nuestra.

Descarga la número 13
Descarga la número 14
Tras dos años de publicación y algunos meses de descanso, regresamos con el número 13 de Prosofagia, Revista Literaria. Una nueva etapa, con nuevas perspectivas y nueva página web:
http://www.prosofagia.com

Sin embargo, lo nuevo no significa que hayamos dejado atrás las líneas directrices de los dos años anteriores. Citando de la editorial de este número: «En esta nueva andadura Prosofagia mantiene su pasión desmedida por la literatura y los objetivos iniciales de calidad, diseño gráfico y voluntad de ser una revista útil para quienes desean crecer como escritores».

Si nos ha sido posible no solo el continuar publicando la revista, sino también el ampliar sus horizontes es, en parte, gracias a quienes han colaborado desinteresadamente con ella; por este motivo deseábamos hacerle llegar nuestras noticias.

Esperamos que sea posible reencontrarnos en este nuevo tramo que comenzamos a transitar.

5 de febrero de 2012

Lágrimas de Supermercado | Juan Manuel Candal, Argentina

 ¿Qué mirás? ¿Nunca viste a una chica llorar en medio de las góndolas? ¿Te pensás que lloro mientras agarró el tarro de leche en polvo sin darme cuenta de que hasta los de seguridad me miran raro? Nadie elige romper a llorar en un supermercado, que es, como diría Laura, una comunidad a escala, un mundo del mundo, una muestra de mundo.

Pensás que por mi edad, por mis dieciséis años, debe ser por un chico: alguien que me dejó, una crisis amorosa. Me gustaría ver qué es lo primero que se te ocurre si estuvieras viendo a un chico de mi edad con los ojos rojos y las lágrimas surcándole las mejillas. Pensarías que es por su familia, por dinero, por pobreza, por fútbol. Las mujeres sólo lloramos por hombres, ¿no?

Yo lloro por una mujer. Sí, a vos te lo digo, que me mirás de reojo creyendo que sos disimulada. Lloro por mi amiga Laura, que me enseñó que se puede mirar a los chicos sin dejar de besar a una chica. La que me enseñó que no existen aberraciones, que las clasificaciones son comodidades de los falsos intelectuales, los psicólogos y los curas. No soy menos mujer por haberme deslumbrado con Laura, por haberla deseado y haberla tocado, suavemente, con infinita ternura, con amor sin diccionario, ojos de iniciada. ¿Qué te parece eso, vieja ridícula? ¿Me vas a llamar “lesbiana”? ¿Hace cuánto que tu hombre no te atiende, con esa cara de lechuga?

Laura dice que en España el sexo es más liberal. Quién lo hubiera dicho de los gallegos. Tanto que se los tiene por brutos, parece que no se escandalizan por lo que la gente hace puertas adentro de su casa. Y digo más, incluso puertas afuera.

Laura lee mucho. Lee filosofía, tiene dos años más que yo, sabe de Kant, de Nietzsche, de Foucault. A mí me gusta lo que me cuenta, pero siempre fui de leer novelas. Me gusta abrir un libro y que sea una puerta a otro mundo, un escape, un sueño. Pero me gusta lo que Laura me cuenta, me gusta cómo se apasiona por los pensadores modernos, cómo se le ponen de grandes los ojos cuando me habla de las formas de fascismo actuales y parece que la garganta le va a reventar de ideas. Dice que no quiere influir en mí, pero yo sé que en el fondo le gusta saber que la cito cada vez que puedo, que hago lo posible por hablar como ella, o al mismo nivel, quiero decir.

Fuimos vecinas desde que yo estaba en primario, su familia vivía en una casa grande en frente, pero recién la tarde en que se mudaba a vivir sola me vino hablar, de la nada, como si fuéramos amigas de toda la vida. Yo estaba sentada en la ventana, mi recoveco favorito, leyendo el libro de los ciegos. El de Saramago, no me acuerdo el título. Le sorprendió que una chica de mi edad se metiera con una novela tan enrevesada (así lo dijo ella), a lo que con cierto orgullo le conté la historia de mis lecturas. Le caí bien inmediatamente. Me dijo que siempre me veía leyendo, que la ventana me dibujaba un marco y yo parecía un cuadro. Que era una lástima que nunca antes nos hubiéramos puesto a charlar, pero que se iba a vivir cerca, a unas quince cuadras: una pensión barata con un pasillo muy largo. Que por ahí nos podíamos juntar a hablar de libros.

Hasta aquel día nunca me había imaginado atraída por una mujer. Aunque siempre había sido tímida, hacía lo que hacen todas las chicas de mi edad: pavear, hablar por lo bajo con la compañera de banco, escribir mil veces el nombre del chico lindo de quinto año. Era una más de tantas en el desfile escolar de cuarto año, dejando atrás la piel insuficiente de la infancia, todavía a medio vestir la madurez.