13 de septiembre de 2010

HEARTS | de Laura Osorio


Dos corazones. Se aman demasiado como para que otros se interpongan entre ambos. Es un amor extraño y por exceso, enfermo.
¿Enfermo?
Ambos se hablan continuamente, de verdad nada seguiría igual si hubiese solo un corazón mas que se entrometiera donde no le llamen. Dos corazones solamente.
Ni uno más, ni uno menos.
El poco milagro que dan las tierras del corazón más joven, hacen que el mayor este a su disposición todo momento. Cuando hablan, actúan muy bien para que sus ideales sean equitativos de cantidad e iguales en palabras aduladoras de uno a otro.
Ningún corazón más. Ninguno.
Ya no hay más puestos. Los que llegaron tarde a la amistad de estos dos corazones se tienen que contentar mirando como entre ellos abunda la sintonía. Una coordinación que ambos corazones se imponen el uno al otro.
Se imponen.
Hubo un corazón que llegó tarde. Azul como el océano puro, color cielo limpio de aire libre. Que arrogancia, Dios mío, de los corazones principales, por no dejarlo entrar, aún cuando hubiese llegado antes que el corazón más joven. El corazón mayor lo cambió por alguien más pequeño, más inocente, más puro, porque decidió que quería cambiar a la persona a la cual proteger.
¿Nunca se dieron cuenta de que el corazón azul se estaba tornando más oscuro? Lo cubrió un velo blanco de realeza que el corazón mismo se puso, porque sabía que sin nadie la trataba como alguien que existía, solo lo haría uno mismo. Se volvió majestad de un mundo que hizo con sus propias manos, porque nadie venía a ver como progresaba este reino tan…
...tan igual que como lo habían tratado en un principio. Apartado, pero realmente relevante.
Y el corazón azul sabía mucho de la vida, la entendía muy bien, y se aburrió de quejarse por cosas tontas. Miró hacia adelante y olvidó los crudos comentarios del corazón rosillo y del corazón azabache carbón; el corazón mayor y menor; los corazones principales de una historia cruel que ambos corazones forjaron con mucha, pero mucha arrogancia hacia el resto.
Y un tiempo luego, apareció de la nada otro corazón. De la nada misma.
Asumió que podía integrarse a la cruda amistad del corazón rosillo y el corazón negro azabache. De la nada. E hizo todos los intentos existentes para ponerse en medio de los corazones principales. Hasta ahora espera la respuesta de los dos corazones.
Y yo, el corazón blanco pluma, narro la historia porque la conozco, y no hay ley que me impida relatarla.


Por Laura Osorio
De Santiago, estudiante. Nació el 5 de Diciembre del '96 y le gustan los idiomas. Le gusta hacer garabatos con tinta negra en los papeles cuando tiene ganas, y le tiene miedo a su profesor de Matemáticas.

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