29 de septiembre de 2011

De libro inédito “Caídos del Alquitrán” | Javier Peralta, Chile

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Cuando al trafica se lo llevaron en cana
nos pusimos tristes.
Subimos a la cordillera de los Andes
en pleno toque de queda
locos de remate
con el cuerpo hecho trizas.
Cruzamos ríos sementales que luego sangraron
Con los dedos teñidos con resina
escarbamos entre la piedras
y no había nada
ni pueblos ni cementerios
sola la pachamama sin promesas
y unas cuantas balas y cartuchos todavía tibios.

Pero estábamos tristes
la legal hermano
qué íbamos a hacer sin un antenazo
que nos devolviera la existencia por unos pocos segundos.
Te multiplicaste en estrellas en la madrugada de una calle
a 100 por hora lloramos
dándote a la fuga sin resguardo
te perdiste en el vuelo de un cóndor.
Todos nos fuimos a negro
Que día más puto pensé
mientras se me arruinaban los ojos
de tanto mirar la lucidez de las sombras
y despellejarse las horas.
Nos dejaste huachos
Allá abajo el país era una fosa común
ni un brillo.
Los teléfonos lloraban esa madrugada
en las avenidas pudientes
donde se prostituían los muchachos
al mejor postor
rematando el sexo
por unos papelillos de locura.

Me senté a mirar tu esqueleto estrangulado en la luna
en la cuneta de tus ojos giraba el carrusel de la adicción
el eterno retorno del drogo
macheteando unas monedas
en los almacenes del barrio
con la ropa oliendo a plástico recién quemado
Dimos jugo a nuestras madres
sin acertar nunca con la vida correcta
amigos del sueño y de la muerte
con 37 años de Estado de Sitio
más encima
cargando con los escombros de la historia
que nunca hicimos
fotografiada en álbumes crasos
guardados en un escritorio
en lo alto de una montaña
disecándose al sol

Javier Peralta Rojas. Nació en Santiago de Chile en 1975. Poeta, rockero, Licenciado en Filosofía de la universidad ARCIS. Fue uno de los fundadores de la revista Empédocles. El año 2005 publicó su primer libro de poesía “Paso-Quiltro” por Mago Editores.  Fue publicado en la antología “Desmanes: Poesía Combativa para las Luchas Cotidianas”, Editorial Quimantú. El año 2008 recibió la Beca de Creación Literaria por el Fondo del Libro y la Lectura en el género narrativa con su proyecto “Domicilio en Llamas” y el 2010 se le otorga el Premio Municipal Juegos Literarios Gabriela Mistral Mención Honrosa género: Poesía - Categoría Adulto, por su obra “Caídos de Alquitrán”. El 2011 crea la editorial Cortopunzante y escribe en el diario electrónico del Ciudadano. Ha sido publicado en revistas de Chile, Argentina, México y España.

28 de septiembre de 2011

EL PUÑAL en feria de Editoriales en Valparaíso

Este sábado, Revista El Puñal presentará su edición #4 "Cuentos para Cuervos" en Valparaíso.
La ocasión: Feria de Editoriales organizada por Descentralización Poética Valpo.
Desde 14 a 20 hrs se realizará la feria en las cuales estarán presentes La Mancha junto a una serie de poetas emergentes.
Lugar: Terrazas Ascensor Espíritu Santo.



18 de septiembre de 2011

Publicaciones | Revista Botella del Náufrago No. 17


Nuestros amigos de Casa Azul de Valparaíso han publicado un nuevo número de su revista, Botella del Náufrago que incluye poesía, ensayo, artes gráficas y fotografía. Los invitamos a que la lean y la difundan. 
E d i t o r i a l
Grupo Casa Azul

Nada es gratis en la vida. Ya van 17 números de esta revista y poco a poco hemos ido constatando la necesidad de publicar que muchos tenemos. Es difícil hacer libros o revistas en papel, sale caro, pero además, el individualismo reinante hace todo aún más dificultoso. La gracia de este proyecto es que busca salirse del tradicional camino institucional y que salga gratis… aunque por ahí me dicen que nada es gratis en la vida, lo cual puede ser cierto, pero es cierto para aquella mirada que entiende que el mercado lo es todo… en ese sentido, todo tiene precio… se puede calcular cuánto cuesta ir al cine, no solo cuantificando el valor de la entrada, sino también cuánto vale el desgaste de los zapatos al caminar, si hay que pagar un pasaje de bus para el trayecto, el valor del tiempo “perdido” viendo la película, el cual se podría rentabilizar en otra ocupación, la fatiga de los ojos frente a la pantalla, etc. Eso tiene un precio y alguien lo financia, es decir, uno mismo.

Hacer esta revista, la recopilación de los textos, selección, diagramación, diseño, entrevistas,revisar los correos electrónicos, etc… tiene un precio. ¿Quién lo financia?, ¿un fondo concursable?, ¿un auspiciador privado?, ¿una institución?: NO. Nosotros mismos nos gastamos en esto. Según la lógica que “nada es gratis”, la Botella del Náufrago no es la excepción. Pero lo “gratis” está en función del mercado, es su lado oscuro para algunos y es lo bonito para otros… sepa usted que esta revista está fuera del mercado, no es competitiva, no es rentable y, por lo tanto, es económicamente irracional, ya que el gasto es, a sabiendas, mayor que el ingreso. Entonces el economista me dijo: “esto es una donación, eso también es parte del proceso económico, se conoce como aporte propio o aporte de terceros”; y yo le dije: “¿sabes cómo se llama cualquier ideología, política o filosofía que parte diciendo todo es… o nada es…” Me miró y no supo que responder. Se llama totalitarismo y tiene un fundamento metafísico, absolutamente imperseguible… si nada es gratis y todo es capital, hablamos de capitalismo, pero ya en un sentido hondo, un ismo de aquellos… ¿será por eso que en Chile no hay educación gratuita?... debe ser por eso, porque nada es gratis en la vida.

 

17 de septiembre de 2011

Testos con “ese” | Ender Rodríguez, Venezuela

I.

Me gusta con agujeros la ropa y me matan las hojillas. Las adoro. En mi piel irían bien, muy apropiadas. Sacarían grasa de los pellejitos, delicadamente y sin champú. Hermosa sangre chorreando escaleras hasta hacerme delirar sin vida.
Y los gusanitos tan hermosos …
Ellos sí que son hermosos, hermosos …

II.

Es tan jodido casarse. ¿No sería mejor amar licuadoras? Poner a batir vinos chilenos y cocuy manjar del desierto de mi país. ¡Wow! ¡Sería del putas! No creo ser un tipo bonito. Todo se me hace igual, veo la tele y mastúrbome con agua de arroz tibia como los reyes.
¡Ay! Qué dulce es ser roca en la mente, papel fluido.
Aire que gravita al revés.

III.

Maté a mi madre. Y perdí la plata. La suerte es mentira. Mi tía política es una mierda. Si por lo menos, respetara el silencio del ocaso. Sería más feliz creo. No sé. Ella detesta a Woody Allen y a Drexler. Nada mejor que cortinas incendiándose.
El problema es su perro de hojalata. Ni follar hasta dormirse puede.
Sería divertido un bar en su sala y darnos tiros en familia. Tiros de tinta, digo.
Sería especial ese juego de fuego. ¡Sí seeeeñor!


Ender Rodríguez (San Cristóbal, Táchira - Venezuela 1972) Poeta, ensayista y artista plástico visual. Ha publicado Cantos del origen, San Cristóbal 2002 (CONAC, NNEE, Amerindia); El sofá de Beatrice, poemas y cuentos perversos, Caracas, 2006 (Premio publicación"cada día un libro". CENAL), Creactivo, apuntes sobre arte y creatividad, San Cristóbal, 2007 (Bariquía, Gobernación del Estado Táchira); Primavera cero, Caracas, 2008 (Mención publicación, Concurso Nacional de Literatura Ipasme, IPASME); además de publicar artículos, poemas y cuentos en revistas, periódicos y otros libros. Ha obtenido algunos otros méritos como escritor, artista e investigador cultural.

16 de septiembre de 2011

El peregrino y el ánfora divina | Daniel Flores, Argentina

Abel Fair Hassan, ahora con la mirada puesta en el horizonte, era la última cosa viva sobre la tierra; ni la arena caliente a su paso ni el amplio cielo parecían constituir ya el correlato de su existencia. No era más que un viejo cuerpo andante al que le quedaban tan sólo unos vestigios de apariencia humana: alto él, encorvado, con la piel reseca pegada a los huesos y los finos labios carcomidos, producto de la sequía y la enfermedad; apenas un puñado de cabello, lacio y gris, a los lados de su cráneo. Casi un cadáver atravesando el interminable desierto con el objetivo de llegar a Ciudad Europa. 

Abel era el superviviente del último asentamiento de hombres que había resistido a la transformación planetaria, en el corazón de aquella Central Atómica, de la que hoy sólo guardaba una vaga huella fotográfica en su memoria, difusa e irregular como el fuego. Recordaba, sí, el desenlace, los Golpes Solares: las temperaturas, que en ocasiones superaban los noventa grados, originaban continuos períodos de temblores y pequeños sismos que desmadraban la estabilidad del suelo. La tierra paría fallas como enormes bocas ciegas y hacían que grandes ciudades desaparecieran en lo profundo de ellas. En una oportunidad, una mañana silenciosa y nublada, Abel, recostado sobre una colina escarpada, presenció el derrumbe de Orestes, en Marruecos: el temblor apenas le llegaba como una cómoda vibración, mientras que hacia el oeste los lujosos edificios de Orestes se ladeaban pausadamente con un gruñido sordo y desaparecían al ras del suelo, dentro de lo que parecía la mismísima puerta del infierno. Desde su sitio, a decenas de kilómetros, Abel sólo se vislumbraba un montón de venas que rajaban la tierra y un enorme ojo voraz.

Los Golpes Solares comenzaron a fines del siglo XXII, luego de la Primera Gran Guerra, tras la cual la capa de ozono prácticamente había dejado de existir. Esta ausencia de protección reveló propiedades que el sol había mantenido ocultas: podía verse, incluso por las noches, llegar a la tierra ondas magnéticas de diversos colores como lluvias irregulares. Luego venían las sacudidas y los apretones, como decía Abel. Y eso no era todo. Los gases atmosféricos también habían sufrido alteraciones, tanto por los componentes de las armas bélicas como por el posterior efecto de la radiación, y el cielo había cambiado de color: ahora era de un azul oscuro profundo durante el día, con un sol amarillo rojizo que latía impiadoso. Una imagen que, dos siglos atrás, hubiera resultado la comidilla de los surrealistas.

Los de la última urbe reconocieron que la supervivencia inútil a la que aspiraban no era más que un capricho ante la idea de que la tierra estuviese completamente vacía y silenciosa; era sofocante concebir una masa de piedra girando durante milenios en la nada, sin vida de ningún tipo, sólo ruina, como un enorme museo lúgubre. El hombre, quien había creado todo lo que Abel ahora veía muerto, era capaz de hallar luz hasta en los nidos más inverosímiles de su razón, y sólo por el afán de permanecer. Sin embargo a él la esperanza y la desesperanza le daban exactamente igual, ya habían dejado de ser dos conceptos opuestos para fundirse en otro, semialumbrado por el azar: destino.

Mientras peregrinaba por el desierto árido y mudo, Abel llegó al concepto de que el planeta sólo era una masa de roca seca atestada de hierro y cemento: ahí estaban los famosos almacenes de comida rápida, los multiedificios, las fitoplazas, los poquísimos departamentos precarios de tres y cuatro pisos, el Nilo milenario ahora exánime, los Fortines de Gobierno de cada país que, a pesar de haber sido ostentosos palacios de piedra y tesoros, ahora no llegaban siquiera a ser agradables viéndolos de lejos. Abel sabía que allí adentro estaría lleno de cadáveres, diseminados por las escaleras y las habitaciones, pudriéndose inútilmente como todo. Al igual que sucedía en el resto del globo, en cada isla, en cada ciudad, en todo rincón; y había algo que a Hassan le decía que él era el único, había ahora (como solía definir) un silencio distinto. 

Poema 39 | Sergio Manganelli, Argentina

                                  
                                                          La arena de los relojes
                                                                            hizo crecer el desierto.
                                                                            No digas que aquí hay silencio,
                                                                            podrás decir que no oyes.”

                                                                                    Ismael Serrano             

Me voy
nos vamos
marchándome bien lejos
de amparo y asesinos,
sin llaves en la puerta
ni voltear la mirada,
sin ticket de primera
ni remedio asumido,
ni premio al maletero,
o pan para el camino.

Ni compás, ni bitácora,
como cuando vinimos,
con palabra de honor
y razones de peso,
sin abrir el paraguas
ni alimentar al perro,
ni atarse los cordones
o putear al destino.

Casi humo o marea,
viento de sudestada
o trenes de regreso.

Me voy
nos vamos
sin pensar
ni sufrir
la estrechez del servicio,
lo breve del abrazo,
el precio de estadía,
ni las muelas del juicio.

Sobrevolando el fango
de la última llovizna,
a pulso
por calles del suburbio,
donde el futuro
tiene la mirada aturdida,
donde las sombras son
caridad de la luna,
estampita sin dios
en las manos de un chico,
avispa alucinada
que estrella los cristales,
con ahogo de llanto
o la furia de un grito.

Me voy
nos vamos
algo de ustedes
se viene conmigo,
un poquito de vos
se dormirá en mi siesta,
tu sonrisa en agosto
me aliviará del frío.

En procesión marchamos,
abrasados de soles
y abrazados por ríos.

Para extrañarlo todo,
sin pena y sin rencor,
feliz por el sendero,
alerta por la fiesta
de colores que viene,
desde un lugar incierto
del que soy peregrino.

Me voy
nos vamos
con verbos y murmullos,
flores silvestres
y rescoldos aún tibios,
hambre de amor
y leche de destierro,
lo que nos dieron
o nos despojaron,
pan nuestro
de día por medio
y horizonte espejismo.

Con pelusa de dicha,
miguitas de turrón
en los bolsillos,
pero ni un puto céntimo,
hartos del buffet froid
y el bobo consumismo.

Sobre veleros
de la Plaza Francia,
con pena a sotavento
y un padre sin mirada
que se tragó el olvido.

Me voy
nos vamos
antes que se nos pudran
las manzanas,
o el cuerpo acalle
el pecado carnal del optimismo,
sin que el silencio hiele
la cama del delirio,
agitando sábanas de hospital,
una niñez trapecio
y alegrías sin red,
ante el abismo.

Sin exigir respuestas
ni deshilar motivos,
con el último sorbo
y el beso fugitivo,
un golpe de timón,
casi volcar la copa
sobre el lienzo extendido .

Cruzar la línea fatal
en las baldosas,
caer al surco
como semilla estéril,
que el viento apuesta
a añoranza u olvido.

Me voy
nos vamos
solos y en multitud
paso tras paso,
con canciones de cuna
y ataúdes de espanto,
con ecos que se apagan
o agitando los brazos.

Radiantes y jodidos,
intrigados o cautos,
sin pólizas
ni lágrimas,
sin pudor y sin mito,
ni rabia, ni milagro,
solos con nuestro atado
de confusión y
huesos carcomidos.

Me voy
nos vamos
con mentiras piadosas
y verdades suicidas,
como ebrias golondrinas
aleteando en los bares,
entre la multitud
que envejece en las plazas,
bajo puentes infectos
y en mercados con prisa.

Me voy
con una escala tierna
sobre su geografía,
sombra del más acá,
revolución de sangre,
torbellino en las venas,
colofón y morada
en medio de sus piernas,
que retienen palabras
y prolongan latidos.

Y ser un huerto,
un charco,
un recuerdo,
un racimo.

Para ya no volver
-mi corazón y yo-
porque nunca estuvimos.

Seudónimo: Wölke

Sergio Manganelli nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina,el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios argentinos, de México, Colombia y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Brasil, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, Nicaragua, etc... Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires y posteriormente en España.

En 2011 ganó el Primer Premio de Poesía de la Universidad Buenaventura de Cali, Colombia, entre participantes de 30 países, por sus poemas “31” y “36”.-

12 de septiembre de 2011

Lectura Poética: "Antología Breve" de Andrés Morales


“Antología Breve”, la última obra del destacado poeta nacional Andrés Morales, se presentará el jueves 15 de septiembre de 2011 a las 19:00 en la Casa Museo La Chascona de la Fundación Pablo Neruda.

El volumen es una recopilación de los poemas más representativos escritos desde su libro “Por ínsulas extrañas” (1982) a su actual libro en proceso  “Escrito”. 

La obra de este autor ha destacado por su prolijidad en el uso del lenguaje, por su mirada crítica del mundo contemporáneo y por la reunión de tradición y vanguardia en una misma concepción poética.

Tal como ha señalado Gonzalo Rojas “Andrés Morales no solo es un poeta. Está condenado a ser poeta. Errando, errando, errando, hará lo suyo prefiriendo a los éxtasis el sacrificio. No yacerá en un libro como tantos. Crecerá, volará”.


Andrés Morales
Andrés Morales es Licenciado en Literatura de la Universidad de Chile y Doctor en Filosofía y Letras con mención en Filología Hispánica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado diecisiete libros: Por ínsulas extrañas (1982); Soliloquio de fuego (1984); Lázaro siempre llora (1985); No el azar/Hors du hasard (1987); Verbo (1991); Vicio de belleza (1992); Visión del oráculo (1993); Escenas del derrumbe de Occidente (1998); Réquiem (2001); Memoria Muerta (2003); Demonio de la nada (2005), Los Cantos de la Sibila (2008)entre otros.
Su obra ha sido traducida al inglés, francés, croata, portugués, chino, sueco, mapudungun, noruego, italiano y rumano. Además, se encuentra incluida en más de cincuenta antologías nacionales y extranjeras.
Dentro de los reconocimientos recibidos destaca el Premio Miguel Hernández al mejor poeta joven latinoamericano (Buenos Aires 1983), Premio de Poesía “Pablo Neruda” (2001), Primer Premio en el XII Concurso Internacional de Poesía “La Porte des Poètes” (París 2007) entre otros.
En el ámbito del ensayo y la crítica literaria destacan sus libros dedicados a la poesía chilena, hispanoamericana, española y europea, Antología Poética de Vicente HuidobroAnguitología ; España reunida: Antología poética de la guerra civil española; Altazor de puño y letra; De palabra y Obra, ensayos, entre otros. Actualmente desarrolla su escritura poética conjuntamente con sus clases de Taller de Poesía, Literatura Española Clásica y Contemporánea y de Poesía Chilena en la Universidad de Chile y en la Universidad Finis Terrae.

4 de septiembre de 2011

Un Ojo | Félix Lobos, Temuco - Chile



















Se abre un mundo como en un parto
Y sangra como un parto
Y duele como un parto
Pero vive, como la vida que sale de un parto;
Ideas que nacen
Razón, sin razón
No importa, lo que importa es la vida…

Erotismo:

Un vaso de leche, derramándose,
En el ojo del universo…

Tristeza:

Miles de estrellas fugaces, cayendo al vacío,
Y la luna, pálida, blanca, llorando al sol
Que se hunde en el mar…

Un cielo enlagrimado, con dioses desahuciados
Impotentes, y una noche que grita silencio;
Ruge un mar invisible
Y en el fondo del abismo, un ojo…

Húmedo, cristalino, universal
Un agujero negro en mi mente
Que absorbe,
Absorbe ideas, absorbe voluntad
Absorbe vida…

Un ojo vidente, manipulador, hipnótico
Hambriento, sediento;
Se destruye un mundo, se parte en dos
Dos átomos se reencuentran
Se consumen,
Se escupen, se hartan y se unen
En eterno ciclo, como una noria
Y un sino latente… esperando…
Una profecía que se cumple
Por la ley universal del azar divino,
Y luego, nada…


Félix Lobos: Nací en Purén, una comuna de la provincia de Malleco. En la actualidad, por motivos de estudio, vivo en Temuco, tengo 26 años y escribo desde los 16. Considero mis escritos una especie de "diario de vida-poemario", o en palabras de Enrique Lihn es mi "work in progress"... soy yo y cómo soy afectado por el mundo; es también una constancia, un poco inconstante, de mi existencia.