27 de junio de 2011

Cuando supimos de la melancolía | J.S. de Montfort, Barcelona

Eran esas bragas robadas al suelo de los descampados, blanquísimas, que caían de las ventanas del nuevo edificio, y se escondían con habilidad entre la basura y el violento crecer de los yerbajos. Un edificio que contrastaba con los minúsculos chalés, hechos a pedazos, a golpes de vigor, este año una pared, otra al próximo. Por eso muchos estaban ferozmente destartalados. Desde la terraza del ático del edificio, estoy seguro de que se hubiera podido tocar el cielo con los dedos. Era espectacularmente alto y nuevo.

En la frontal, de cara a la playa, el edificio tenía enrejados de punta de hierro. Atrás, donde íbamos nosotros a buscar las bragas, una pared infinita y recta, grisácea. Y en un hueco ínfimo caían las bragas desde los patios de luces.

Las tardes del invierno hubieron sido sin duda mejores que las del verano, porque hacía más viento y, por tanto, deberían caer más bragas, pero nosotros estábamos en la escuela, en clases de inglés, de taekwondo, o de informática, o de baloncesto. Y en la ciudad.

¿Y si las arrojan sus propietarias, sabedoras de nosotros?, llegamos a pensar una tarde. Ya se adivinaba de nuevo el verano. Y nos iríamos pronto a la costa. Pero, ¿y si fueran las bragas de sus madres?, dijo uno de uno de otros. Y el semblante se nos volvió atroz como una migraña: las madres son intocables.

Al principio el verano se repartía entre las bicicletas, las piedras y robar cascos de botellas del trasero de un restaurante. Y luego romperlas en la calle, impunemente, claro. Ah, y la merienda inexcusable, a las seis. 

Llega un momento en el que o uno se cansa de pedalear sin destino (o reiteradamente de escoger siempre el mismo), o simplemente se le pone el pito tieso y empieza a hurgar en su conciencia, sabedor de su culpa. 

En este punto, los niños tienen dos opciones: buscarse aliados o esconderse de sus congéneres.

Ya más o menos todos habíamos experimentado la sensación de romper los calzoncillos. Y como siempre ocurre, hermanos mayores, primos, vecinos, o simples listillos abanderados de una madurez recalcitrante, nos habían hecho ver que bajo de los pantalones teníamos algo que buscaba ser mostrado, y dada la carencia efectiva de oportunidad, lo mejor era buscarle fetiches, decían ellos. “¿El qué...?” Y nos quedábamos perplejos, asintiendo, esperando, temiendo contradecirles por si no nos incluyeran en ese club que solo forman los hombres, ya de un mayor rango, la entrada al cual te posibilita que te crezca la barba, te salgan pelillos en las axilas (y en otro lugar también). Y decíamos “sí, sí, sí...”, frotándonos las manos y dándonos empujones envalentonados. Pero no teníamos ni puñetera idea de lo que estaban hablando. Pero, por ello mismo, teníamos miedo de no ser considerados hombres.

Taller de Escritura Creativa Casa Azul, Valparaíso

El Taller de Escritura Creativa Casa Azul se realiza desde marzo de este año, con la colaboración de Rodrigo Suárez de Revista El Puñal quien viaja un sábado al mes a Valparaíso para reunirse con los integrantes del colectivo poético. Las horas presenciales se complementan con ejercicios y comentarios por medio de la internet. Publicaremos algunos trabajos producidos y revisados durante el taller.Para más información escribe a revista.elpunal@gmail.com y ayutun@gmail.com.


Saboreando hasta el cansancio
Karina García

Aquel grafity permeando el horizonte
Mientras el mar mira inocentemente
Las escalas desgastadas

Ruge el viento besando las ventanas
Y la colmena como tromba marina
Hace zumbar este palacio colectivo

El sol acaricia los techos al mediodía
Cuando el pasto, recién cortado, cae en el camino
Y el alquitrán termina de cubrir la calle

Finalmente, una vecina masca una manzana
Saboreando hasta el cansancio
Me gusta pensar que intenta superar
todos los pecados no originales  


El Silencio

Patricio Bruna
La mudez del verde
mantel de áspero lino
sobre la mesa; cada taza vacía
al igual que nuestra conversación terminada
todavía exuda el aroma del café. Así

callamos
por la ventana de la cenicienta tarde,
callamos
por el muro que a través de ella
vemos frontal, inmenso, al cual corona la casa del frente,
bajo su sombra acechante, así
callamos

al amargor final de las bocas del café.
El silencio
es verde y áspero
cuando bajan nuestros ojos.

14 de junio de 2011

YO VENGO | Miriam R. Krüger, Perú

Yo vengo del otro lado del mundo
donde al sol lo llamamos Dios,
la luna su Hermana
y la tierra es la Madre.

Yo vengo de donde la vida
avanza al son de la Salsa,
los problemas los cantamos ritmo de Merengue
y la gente tiene fama de caliente.

Yo vengo de selva virgen,
de Cordillera Blanca y Cordillera Negra,
descendiente de un gran Imperio
nacemos de piel bronceada
y con ritmo en el cuerpo.

Yo vengo de la tierra donde alguien
una vez creyó descubrir
sin embargo nosotros
siempre estuvimos allí. 

Miriam R. Krüger Poeta peruana. Publicó : "Sentir" (Perú-2010) y "Potpurrí" (Luxemburgo-2011). Fue incluída en la Antología de poesía femenina internacional "Poesía Rebelde" del I Festival Internacional "Grito de Mujer" (México, 2011), en el Poemario de Mujeres on line (España, 2011) y en La Fabrique des écritures , capitulo I (2010) y capitulo II (2011) en Luxemburgo. Fue invitada al XI Salon del Libro y las Culturas  (2011) en el Gran Ducado de Luxemburgo. Forma parte de las noches literarias multilingüe «Millefeuilles» (Luxemburgo) con recitales mensuales en diferentes partes del país. Participa activamente en diversas actividades culturales y asociativas en Luxemburgo. Su blog http://mrkpoesía.blogspot.com está escrito en español y francés.