23 de junio de 2009

Buscamos textos para nuestro número 3


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ENTONCES JUÉGATELA
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Sombra | Edgar Allan Poe

Sí, aunque marcho por el valle de la Sombra.
(Salmo de David, XXIII)

Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos; pero yo, el que escribe, habré entrado hace mucho en la región de las sombras. Pues en verdad ocurrirán muchas cosas, y se sabrán cosas secretas, y pasarán muchos siglos antes de que los hombres vean este escrito. Y, cuando lo hayan visto, habrá quienes no crean en él, y otros dudarán, mas unos pocos habrá que encuentren razones para meditar frente a los caracteres aquí grabados con un estilo de hierro.

El año había sido un año de terror y de sentimientos más intensos que el terror, para los cuales no hay nombre sobre la tierra. Pues habían ocurrido muchos prodigios y señales, y a lo lejos y en todas partes, sobre el mar y la tierra, se cernían las negras alas de la peste. Para aquellos versados en la ciencia de las estrellas, los cielos revelaban una faz siniestra; y para mí, el griego Oinos, entre otros, era evidente que ya había llegado la alternación de aquel año 794, en el cual, a la entrada de Aries, el planeta Júpiter queda en conjunción con el anillo rojo del terrible Saturno. Si mucho no me equivoco, el especial espíritu del cielo no sólo se manifestaba en el globo físico de la tierra, sino en las almas, en la imaginación y en las meditaciones de la humanidad.

En una sombría ciudad llamada Ptolemáis, en un noble palacio, nos hallábamos una noche siete de nosotros frente a los frascos del rojo vino de Chíos. Y no había otra entrada a nuestra cámara que una alta puerta de bronce; y aquella puerta había sido fundida por el artesano Corinnos, y, por ser de raro mérito, se la aseguraba desde dentro. En el sombrío aposento, negras colgaduras alejaban de nuestra vista la luna, las cárdenas estrellas y las desiertas calles; pero el presagio y el recuerdo del Mal no podían ser excluidos. Estábamos rodeados por cosas que no logro explicar distintamente; cosas materiales y espirituales, la pesadez de la atmósfera, un sentimiento de sofocación, de ansiedad; y por, sobre todo, ese terrible estado de la existencia que alcanzan los seres nerviosos cuando los sentidos están agudamente vivos y despiertos, mientras las facultades yacen amodorradas. Un peso muerto nos agobiaba. Caía sobre los cuerpos, los muebles, los vasos en que bebíamos; todo lo que nos rodeaba cedía a la depresión y se hundía; todo menos las llamas de las siete lámparas de hierro que iluminaban nuestra orgía. Alzándose en altas y esbeltas líneas de luz, continuaban ardiendo, pálidas e inmóviles; y en el espejo que su brillo engendraba en la redonda mesa de ébano a la cual nos sentábamos, cada uno veía la palidez de su propio rostro y el inquieto resplandor en las abatidas miradas de sus compañeros. Y, sin embargo, reíamos y nos alegrábamos a nuestro modo -lleno de histeria-, y cantábamos las canciones de Anacreonte -llenas de locura-, y bebíamos copiosamente, aunque el purpúreo vino nos recordaba la sangre. Porque en aquella cámara había otro de nosotros en la persona del joven Zoilo. Muerto y amortajado yacía tendido cuan largo era, genio y demonio de la escena. ¡Ay, no participaba de nuestro regocijo! Pero su rostro, convulsionado por la plaga, y sus ojos, donde la muerte sólo había apagado a medias el fuego de la pestilencia, parecían interesarse en nuestra alegría, como quizá los muertos se interesan en la alegría de los que van a morir. Mas aunque yo, Oinos, sentía que los ojos del muerto estaban fijos en mí, me obligaba a no percibir la amargura de su expresión, y mientras contemplaba fijamente las profundidades del espejo de ébano, cantaba en voz alta y sonora las canciones del hijo de Teos.

Poco a poco, sin embargo, mis canciones fueron callando y sus ecos, perdiéndose entre las tenebrosas colgaduras de la cámara, se debilitaron hasta volverse inaudibles y se apagaron del todo. Y he aquí que de aquellas tenebrosas colgaduras, donde se perdían los sonidos de la canción, se desprendió una profunda e indefinida sombra, una sombra como la que la luna, cuando está baja, podría extraer del cuerpo de un hombre; pero ésta no era la sombra de un hombre o de un dios, ni de ninguna cosa familiar. Y, después de temblar un instante, entre las colgaduras del aposento, quedó, por fin, a plena vista sobre la superficie de la puerta de bronce. Mas la sombra era vaga e informe, indefinida, y no era la sombra de un hombre o de un dios, ni un dios de Grecia, ni un dios de Caldea, ni un dios egipcio. Y la sombra se detuvo en la entrada de bronce, bajo el arco del entablamento de la puerta, y sin moverse, sin decir una palabra, permaneció inmóvil. Y la puerta donde estaba la sombra, si recuerdo bien, se alzaba frente a los pies del joven Zoilo amortajado. Mas nosotros, los siete allí congregados, al ver cómo la sombra avanzaba desde las colgaduras, no nos atrevimos a contemplarla de lleno, sino que bajamos los ojos y miramos fijamente las profundidades del espejo de ébano. Y al final yo, Oinos, hablando en voz muy baja, pregunté a la sombra cuál era su morada y su nombre. Y la sombra contestó: «Yo soy SOMBRA, y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolemáis, y cerca de las oscuras planicies de Clíseo, que bordean el impuro canal de Caronte.»

Y entonces los siete nos levantamos llenos de horror y permanecimos de pie temblando, estremecidos, pálidos; porque el tono de la voz de la sombra no era el tono de un solo ser, sino el de una multitud de seres, y, variando en sus cadencias de una sílaba a otra, penetraba oscuramente en nuestros oídos con los acentos familiares y harto recordados de mil y mil amigos muertos.




Traducción de Julio Cortázar




Edgar Allan Poe (Boston, 19 de enero de 1809 - Baltimore, 7 de octubre de 1849) Escritor, poeta, crítico y periodista estadounidense, reconocido como uno de los maestros universales del relato corto. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción.

3L 4RK4 D1G174L (El Arca Digital) | Poesía de Rodrigo Romero-Flores


(fragmentos)

Voy a la deriva en un arca
lo más probable
en la cuarta dimensión
llevando con angustia luminosa
la última bacanal antes del diluvio digital
un arca sacrílega amorosa, sin moral

el gran diluvio digital
el gran diluvio a la deriva
la gran deriva digital

lejísimos, navegando hasta morir
a bordo del arca: reino condenado

muchos se preguntan
donde esta el arca que nos lleve
muchos reflexionan
donde chucha esta el 4RK4
que nos saque de la urbe triste y luminosa
un arca que nos lleve a la mar australis
un arca nada de santa
una puta arca que nos lleve al mas allá

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Este pedazo de país imaginario
debe volver necesariamente a la montaña
pero a su origen rokero y anarquista
que no es otra cosa que los Andes pleistocenicos

oh montaña,
gran protectora único refugio
oh gran roca orgiástica y apolínea
el único sueño en esta mar australis
me habla una gran arca
gigante, digital, computarizada
apocalíptica
final
un arca llena de niveles
una vieja arca travestida

un arca o una arca?

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nos hemos propuesto
entre otras cosas
sabotear el plan divino
el plan divino
in nomine patris et filiis et chupalakecuelga
obligados a la fellatio ecuménica o si no para el limbo los boletos

un arca con ares para robar música
un arca con facebook para identificar primates
un arca cyberfemenina que nos acaricie
mientras todo se va a la chucha
mientras las olas se hinchan con la lluvia
y las memorias se llenan de ceniza
y ese par de volcanes encendidos
giran alrededor de esta novela
en medio de un diluvio
de una zorra
de una humedad absoluta
de una humedad que traspasa huesos modorrientos
un arca navegando entre medio del cielo y el infierno
al garéte y lleno de fantasmas ¡que cabrona es esta arca!

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al timón un gran borracho andrógeno
vociferando garabatos y poesías
desenmascarando polizontes suicidas
digitando la secuencia sagrada del sexo en todas sus formas
oh maravilla,
todo acribillado por la desmesura!

oh jardín de las delicias
oh correteos tras los grises
oh diluvianas

oh desvergonzados
oh tiempo
oh desmesura

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un arca
un arca sin rumbo en el lago del espanto,
centrifuga y confusa tras la brújula del sinsentido
vaga eternamente entre la neblina y los ocasos de vino

nos espera tanto silencio
que los amplificadores y las guitarras siguen aullando en esta arca
que se marea al filo del mundo
su estridencia desolada y lejana
nos recuerda
la Ley , la Mentira y la Espera

un arca nos libera de lo que hemos temido tanto.



Escrito por Rodrigo Romero-Flores
Poeta y profesor nacido en Osorno en 1977. Licenciado en Lengua y Literatura Hispánica, Universidad de Chile. Publica en su blog www.anatomiadeunaadiccion.blogspot.com.
Agradecemos a Rodrigo por hacernos llegar un ejemplar de su libro.

Poesía de Cristhian Téllez

BAÑO DE TINA

Hay palabras que no calzan en mi tina

Unas muy finas,
se escurren por el rebalse.

Otras,

simplemente se diluyen en el agua.

Hay palabras que bullen,
que ahogan.

Palabras que no quiero escuchar

Entonces me deslizo,
el agua templada
mitiga la dureza del lenguaje

Con este hablar limitado

Hundo mi cabeza
y se silencia el mundo.

Hay palabras ardientes
que ponen mis ojos rojos.



QUEJAS SOLITARIAS


¿... y con quien habla tu soledad?
¿a que vacío se dirige?

¡Te advierto!
Tu soledad distrae mi soledad
mis vacíos pierden su absoluto.

¡Cuidado!
He creado una soledad
a mi imagen y semejanza.
no quiero alteraciones paganas.

No me confundas,

que el vacío absoluto
se ha ido abarrotando
hasta la inmensidad infinita,

atiborrado de soledades
todas apretujadas entre si.




Escrito por Cristhian Téllez.
Cris es arquitecto y ha publicado su trabajo en revista La Mancha, además de artilugios propios, Su poesía puede ser encontrada en www.cristhiantellez.wordpress.com. Vive en la ciudad de Santiago.

20 de junio de 2009

Lectura Poética en Quilicura



Queridos amigos,
Quedan cordialmente invitados a participar en la lectura de poesía que se efectuará en la Biblioteca Municipal de Quilicura este jueves 25 a las 19:00.

5 de junio de 2009

Imagine the angels of bread | Poesía de Martin Espada

Martin Espada nació en Brooklyn-New York en 1957. Es profesor de escritura creativa en la universidad de Massachusetts-Amherst, y además experto en la poesía de Neruda. Sus raíces son puertorriqueñas y está comprometido profundamente con las causas sociales, lo que se refleja en su poesía y por lo que ha recibido el apodo de Neruda norteamericano. Distinción que personalmente me parece accesoria, ya que la poesía de Martin Espada tiene méritos propios.

En la librería de poesía ONOMATOPEYA (Merced #22 piso 4), encontré a un precio módico su poemario LA REPÚBLICA DE LA POESIA, edición bilingüe, que fue publicado en Chile por la alianza editorial MAGO EDITORES y CARAJO. Sus poemas están inspirados en las experiencias en Chile durante su visita de 2004, por la conmemoración de los 100 años desde el nacimiento de Pablo Neruda.

Su poemario "Imagine the Angels of Bread", comienza con el poema del mismo nombre, cuya traducción prometo publicar junto a este poema.




Imagine the Angels of Bread


This is the year that squatters evict landlords,
gazing like admirals from the rail
of the roofdeck
or levitating hands in praise
of steam in the shower;
this is the year
that shawled refugees deport judges
who stare at the floor
and their swollen feet
as files are stamped
with their destination;
this is the year that police revolvers,
stove-hot, blister the fingers
of raging cops,
and nightsticks splinter
in their palms;
this is the year
that darkskinned men
lynched a century ago
return to sip coffee quietly
with the apologizing descendants
of their executioners.

This is the year that those
who swim the border's undertow
and shiver in boxcars
are greeted with trumpets and drums
at the first railroad crossing
on the other side;
this is the year that the hands
pulling tomatoes from the vine
uproot the deed to the earth that sprouts the vine,
the hands canning tomatoes
are named in the will
that owns the bedlam of the cannery;
this is the year that the eyes
stinging from the poison that purifies toilets
awaken at last to the sight
of a rooster-loud hillside,
pilgrimage of immigrant birth;
this is the year that cockroaches
become extinct, that no doctor
finds a roach embedded
in the ear of an infant;
this is the year that the food stamps
of adolescent mothers
are auctioned like gold doubloons,
and no coin is given to buy machetes
for the next bouquet of severed heads
in coffee plantation country.

If the abolition of slave-manacles
began as a vision of hands without manacles,
then this is the year;
if the shutdown of extermination camps
began as imagination of a land
without barbed wire or the crematorium,
then this is the year;
if every rebellion begins with the idea
that conquerors on horseback
are not many-legged gods, that they too drown
if plunged in the river,
then this is the year.

So may every humiliated mouth,
teeth like desecrated headstones,
fill with the angels of bread.

“De Cierto Florido” de José Tomás Labarthe C. | Por Alen Pinar

Curicó, a caballo de la poesía.

Curicó, Kuri ko, puede ser traducido del mapudungún como “Agua Negra”. Agua negra por lo profundo, y por el sedimento mineral. También por las lágrimas y por el cuerpo de los humanos, tan hecho de agua, tan de esponja que absorbe y luego bota el líquido cuando lo aprieta la pena, la alegría o la actividad presurosa.
Los textos de José Tomás Labarthe tienen el alma en las montañas y en la piel de los arrieros, pero se visten de ciudad; se urbanizan y se van ordenando de acuerdo al viejo rito de la poesía chilena. Desde Pezoa Véliz hasta Parra: la poesía chilena siempre ha sido escrita por la provincia que se allega a la ciudad, y en estos recovecos laberínticos de la pseudo-urbe encuentra la extravagancia burguesa que le posibilita la luz para hacerse pública.
Pero a eso, agreguémosle todos los inventos técnico-artísticos y la mirada de un posmoderno Heidegger hermanado con un actual Walter Benjamin, para decir que Labarthe (Laboratorio de arte), también es hijo de las nuevas tecnologías y los trucos de la vanguardia moderna y posmoderna.
Y así y todo es un melancólico. Como no, si es chileno y como chileno pueta pa’ colmo.
Naturalmente el cabro (veinticuatro años), le hace a la antipoesía; mama de esas vides y se vuela con Maqueira y Martínez (Nueva Novela), pero básicamente es hijo del sentimiento doble de este Chile siglo XXI tan perro herido y al mismo tiempo perro ladrador y triunfalista.
José Tomás ha pensado, filosofado, hueveado, poetizado en estas páginas, sin demasiadas reglas, osadamente, pues es lo que Tito Escárate (músico y poeta) ha denominado un viejoven: curiosa especie que comienza a primar en nuestro débil entablado artístico nacional.
Lo que lo distingue es lo que no se distingue: la mezcla total y absoluta de profundidad y superficialidad que se van superponiendo, como en la vida misma, ante los avisos que le envían al corazón los sentidos. En el caso del autor, sentidos hiperdespiertos y al mismo tiempo alucinados.
Hay en sus paisajes poéticos, paseos de dinosaurios, viajes en avión, apariciones de cultura pop y miradas, incluso, al pasado clásico grecorromano e indio: olivos y celofanes, madera y plástico, papiros y chateos. Es posible encontrar subtextos de autoayuda, referencias a noticias de última hora de equipos de fútbol populares, citas a pasajes de la biblia y el código civil, juegos con el spanglish, el spaghetti western y el criollismo decimonónico: es leer a Labarthe, como si intruseáramos en la habitación de un estudiante de filosofía de la Sorbonne del 68’, mezclada con la de un estudiante de periodismo chileno del 09’…
Para terminar, hay también un misterio fabuloso. Uno de esos misterios al que está entregado cualquier buen lector de poesía, valiente por añadidura… y…hay más de una entrada a ese misterio, que como toda entrada, tiene algo de sangrante herida de mártir que se puede trocar en repentina boca abierta de payaso carcajeante.
“De cierto…”, de cierto os digo, que hay mucho de vida, de otras vidas y de esta vida, reflejadas en el florido jardín de raras especies poéticas que se cultivan en esta pequeña parcela de pasto y barro, que es la mancha en el pantalón de un niño que jugaba feliz en la Tierra, sin darle pelota al mundo, hasta que el verde se oscureció y comenzaron las preguntas y respuestas que se comparten y compadecen con el lector.

Escrito por Alen Pinar
Profesor de Estética de la Universidad Diego Portales, y escritor

Te Devoro | Amado Torres De Saavedra

Octubre de 2008

Y miro tu piel lustrosa
como tierno tomate
tan suave que el brillo de la Luna
en ella caprichosamente retoza.

Y los vahos que emanan
de tus verduras en cocimiento
sinuosos en su danza
como hierbas al viento,
alcanzan insistentes mis narices
violándolas con su aroma penetrante
tocando el centro de mi alma
dejándola excitada, hambrienta y jadeante.

Lechugas de variados tonos verdes
en ronda fresca de ensalada
me invitan a devorarte
tomando con mis dedos cada hoja
¡así es tu mirada!

¡Ah! he ahí tu boca
decorada en rojo pimentón
de carne abundante
y sonrisa que seduce mi razón

Ya mi cuerpo se agita impaciente
has convertido mi apetito
en necesidad básica, urgente
mis dientes muerden el deseo
intentando detenerlo sin fuerza suficiente.

Tú mi amada me alimentas
en todos los sentidos
pues voy devorando tu cuerpo
mientras huelo en el aire
las dulces notas de tus gemidos
y mi lengua degusta
los sabores exóticos
de tu sexo a mí rendido.



Escrito por Amado Torres de Saavedra Seudónimo de Mauricio Sepúlveda Soto, Poeta, Pintor, Ingeniero y Publicista, pero por sobre todo (según sus propias palabras):
"Compañero de risas y copas,
de veladas y cantos, de dulzuras y pesares. que ha vivido historias de amores y desencantos. Me gusta cómo la mujer, de tanto en tanto, encuentra siempre el modo de exhalar sutil su encanto."

Como para probarla | Andrés Matus

de Amorío Poemario

Como para probarla, mi alma la golpea
con palabras crueles y con miradas oscuras.
Como para sentirme, como para disfrutarme,
ella vuelve tintineando y jugando con el olvido
y el silencio de corazones rasguñados.

Como para volver a alejarla, la amo,
y ella como para volver a tenerme, no me quiere.
Como para encontrarla, busco a otra,
y ella como para atraerme
se queda sola.

Pareciera que como para acercarnos,
no estamos juntos,
porque como para sentirse conmigo
su alma se va con otro.

Con palabras insignificantes, como los
hilos de la ropa,
como que la atraigo
y con palabras de amor declarado,
como que la alejo.

Amor como un tronco firme,
amor como una rama débil.
Como para quererla, no la quiero
y ella como para quererme,
tampoco me quiere.

Pareciera que no queda más,
que nunca desearnos
y como que así seremos felices:
porque como para amarnos, no nos amamos,
como para tenernos, nunca nos tendremos.



Escrito por Andrés Matus Andrew Spencer escribe poesía bajo el seudónimo de Andrés Matus. Tiene 18 años. En Octubre 2008 publicó su primer libro titulado "Amorío Poemario" de manera independiente. Espera poder sacar una segunda edición del libro con alguna editorial. Actualmente estudia Literatura Creativa en la Universidad Diego Portales y está trabajando en su segundo libro titulado "Caminando".