30 de junio de 2008

MUJERES

Texto escrito por Domingo "Chuma" Díaz

Una belleza
sube a la micro
el chofer la mira
por el retrovisor
yo por el reflejo de la ventanilla

Me acerco
le pregunto la hora
y qué hace

No contesta
al rato después
me estira una tarjeta
del sauna
donde trabaja
sin decir media palabra
desciende
contornéandose

Desde la vereda sonríe
con sus carnosos labios rojos.

Poema publicado en antología Lector se busca (2002, Mago Editores).

27 de junio de 2008

Fogwill: NO OLVIDEN MIRAR HORMIGAS

Texto escrito por Teresa Muñoz

Ayer 26 de junio de 2008 asistí al Seminario ‘La Ciudad y Las Palabras” que se realizó en el Campus Lo contador de la PUC. El invitado a charlar era el escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill, quien partió aclarando que aunque a su literatura siempre se la haya asociado a lo urbano, el piensa que toda literatura está relacionada con la urbe.

La concurrencia en su mayoría formaban parte de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, de ahí que Fogwill contara cómo él había descubierto tardíamente la arquitectura a partir de la lectura del texto Construir, Habitar, Pensar, escrito por Martin Heidegger después de la guerra en 1951.

Se dice que la guerra es muy importante como para dejársela a los militares. Así
mismo la arquitectura es muy importante como para dejársela a los arquitectos


Estando en la Universidad de Georgetown Fogwill asiste a una charla de Stephen Hawking donde el científico afirma que habrá un colapso meteórico que acabará con la tierra dentro de 60 o 70 años y pide a la humanidad colonizar la luna. Este hecho lo hace pensar en el tema de las ciudades viajeras y el discurso literario de las películas de ciencia ficción. El pensamiento de que el hombre empiece a trasladar el mismo modelo de ciudad terrestre a otros lugares del universo lo deprimió más que la noticia del fin, imaginen esa ciudad nueva igual a la original.

En su infancia, Fogwill cuenta que rezaba novenas y rosarios, sin embargo a los 9 años leyó en la revista Reader’s Digest un resumen de la Teoría de la Evolución de Darwin y entonces se hizo ateo. La pregunta por Dios inherente a cada hombre lo llevó a la siguiente afirmación: “La certidumbre, la evidencia científica termina con lo mejor de la creación” , incluso un amigo le confirmó ‘la verdad a vos te arruina el estilo’.

Otro de los temas de Fogwill son los márgenes, tema que se desarrolla en su obra Vivir Afuera, respecto a esto contó la conocida fábula del pez, que sólo se entera que vive en el agua cuando es sacado del mar. Por analogía, “de lo último que se entera el hombre es que vive mal en ciudades”. Como sociólogo dice que finalmente son las relaciones sociales las que explican por qué se construye así y que sólo estando fuera de la ciudad podemos realmente verla. Hace más de 30 años, teóricos como Chomsky o Piaget desarrollaron el concepto de que no todo es aprendizaje, sino que hay en el hombre un saber innato que nos viene dado. Quizá haya algo innato en el hombre que lo lleva a vivir en conjunto de conjuntos.

En la página http://scientificsonline.com/ se vende un gel que atrae hormigas y reproduce un hormiguero para poder observarlo. Mirar las hormigas es un ejercicio que siempre hago, asegura Fogwill. Hay unas que colectan, otras que atacan y otras que no hacen nada, pero todas dependen de su reina. Sin una reina es imposible la sobrevivencia de un hormiguero. En su libro Los Pichiciegos Fogwill escribe:
“Los pichis son una colonia de sobrevivientes de las que se han ausentado todos los valores, excepto aquellos que pueden traducirse en acciones que permitan conservar la vida. Si el nudo de la guerra es liquidar al enemigo, el nudo de la colonia pichi es evitar, a cualquier precio, que ello suceda con los miembros de la colonia. Los pichis parecen, a primera vista, una tribu. Sin embargo, a diferencia de las tribus, su lazo es efímero: durara hasta la muerte de cada uno de ellos y no perdurara más allá de la muerte excepto en la voz del pichi que recuerda (para el escritor que transcribe esa voz imaginaria). Los ha unido, temporariamente, no una identidad sino una necesidad: no comparten una memoria más vieja que la del comienzo de la invasión a Malvinas. Comparten, a lo sumo, algunos chistes, anécdotas que se van intercambiando en la oscuridad del encierro subterráneo que ellos mismos han construido cavando el suelo de la isla: vienen de todas las provincias y en cada uno de ellos está ausente el lazo que constituye una identidad nacional. Paradójicamente, es la guerra que ha destruido, para ellos, toda idea de nación: llegados a Malvinas como soldados de un ejército nacional, las operaciones de ese ejercito han deteriorado todos los lazos de nacionalidad. De la nación, lo único que los pichis conservan es la lengua. Así, la tribu pichi ha definido un nuevo territorio, la colonia subterránea donde se refugian para sobrevivir, y donde los valores se organizan en función de esa misión social única: la de conservar la vida.”

Fogwill, al igual que en su obra Runa del 2002, vuelve a validar su idea Yo no creo en el progreso, él plantea que a causa de la interdependencia de redes computacionales y eléctricas un colapso energético en Estados Unidos nos mataría a todos. Mi fantasía es que volvamos al neolítico, ese período raro donde aparece todo; el fuego, la familia, todo. Las ciudades son obras de ficción y sin duda no hay nada más triste que una ciudad como Brasilia, porque la vida humana no puede tratarse como una mercadería. En Chile, Fogwill prefiere el Barrio Franklin a la Ciudad Empresarial, ese barrio le parece coqueto y distinguido.

Como en toda charla, hubo una ronda de preguntas bastante aburridas, aunque él pidió claramente una pregunta inteligente. Yo tampoco tuve ganas de dialogar más con Fogwill, en el auditorio hacía frío. El aprovechó los minutos finales para hacer una crítica a nuestra hormiga reina Michelle Bachelet, diciendo que en su discurso ella simula un pasado revolucionario, en frases como “aprendimos con dolor”. Mencionó autores y libros un poco a la fuerza y nos dejó dando vuelta la cita:
“Ahí donde veas un mártir, hay un déspota tomado a tiempo”.

26 de junio de 2008

NUNCA VES LO EVIDENTE

Texto escrito por Elizabeth Cárdenas

Sin saber hasta dónde llegaría
abandoné el cielo, la hoguera y la paz
de mi pequeña torre
Me leí el destino una y mil veces
sobre la nieve
esperando
que todo me llevase
hasta dónde has estado.

Mimetizada con tus montañas
tus caídas de agua
tus ojos cristalinos minerales
arenas despobladas
se silenció el deseo
para hablar
a través de la tierra.

Me envolviste como enredadera
tirando de mí, hasta los cimientos
la humedad me iba besando
en los labios
para descubrirme
tal cual
en poderío.

Me has tenido miedo,
cuando te he temido

¿Dejarás de cerrar los ojos mientras te hablo?
¿O esperarás a que te arroje hasta el infierno?

24 de junio de 2008

Los Otros

Texto de Elizabeth Cárdenas

Mami, es verdad que existen
Yo los he visto con mis propios ojos
hacen fila
allí
en la vega
como espantos
salidos de las sombras

Se parecen a nosotros, mami
pero sus ojos los delatan
también el hambre
también el frío
y eso de aceptar
comida de extraños

Hacen fuego
y los perros se acercan
se sientan
y se pierden
en la llamarada
Parecen pensar, Mami,
los perros

Estas no son cosas de dios.

Los borrachos duermen
pero se mueven
como las marionetas
de la tele
Puedes gritar
para que oigan
pero tus gritos
se pierden
en un túnel

Mami, es verdad que existen
Y las guaguas
las guaguas
ellas todavía
son humanas
Algunas me sonrieron

luego se fueron
en cuatro patas
a jugar entre la mugre.

Jorge Teillier

Un día de San Juan nació el poeta lautarino Jorge Teillier (1935-1996). En "Los trenes de la noche y otros poemas", publicado en 1964 por Ed. Universitaria, se encuentra este poema.

BAJO EL CIELO NACIDO TRAS LA LLUVIA

Bajo el cielo nacido tras la lluvia
escucho un leve deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que la felicidad
no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,
es luz que aparece y desaparece
en el obscuro oleaje de los años
lentos como una cena tras los entierros.
O la luz de una casa hallada tras la colina
cuando ya creíamos que no quedaba nada sino andar y andar.
O el espacio del silencio
entre mi voz y la voz de alguien
revelándome el verdadero nombre de las cosas
con sólo nombrarlas: "álamos", "tejados".
La distancia entre el tintineo de la campanilla
en el cuello de la oveja al amanecer,
y el ruido de una puerta cerrándose tras la fiesta.
El espacio entre el grito del ave herida sobre el pantano,
y las alas plegadas de una mariposa en calma
sobre la cumbre de la loma barrida por el viento.

Eso fue felicidad:
dibujar en la escarcha de los vidrios figuras sin sentido
sabiendo que nada durarían,
cortar una rama de pino
para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,
atrapar una plumilla de cardo
para detener un momento la huida de toda una estación.

Así era la felicidad;
breve como el sueño del aromo derribado,
o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.
Pero no importa que los días felices sean breves
como el viaje de la estrella desprendida del cielo.

Pues siempre podremos reunir sus recuerdos,
así como el niño castigado en el patio
encuentra guijarros con los cuales forma brillantes ejércitos.
Pues siempre podremos estar en un día que no es ayer ni mañana,
mirando el cielo nacido tras la lluvia,
y escuchando a lo lejos
un leve deslizarse de remos en el agua.

Libro digital encontrado en Memoria Chilena (http://www.memoriachilena.cl/).

23 de junio de 2008

Stella, Stella

Yo conocí a Stella Díaz Varín. Sí, y fue una suerte de aquellas. Claro que todas las horas sumadas no daban más de veinticuatro. Puede decirse que fue un accidente sí, o un acto sicomágico o teatro pánico. Ella era muy intensa a sus sesenta y tantos. Su cabello era blanco, pero aún así era una estrella en cada cosa que hacía. Tenías que estar seguro, que a pesar de lo que dijeras, ella nunca iba a poder ser domesticada.
Amiga de la generación de Jodorowsky, era capaz de mear de pie, como ella misma contaba. También era pugilista, pero yo no le creí cuando me lo dijo. Lo cierto es que, ni siquiera un carabinero podía resistirse a sus deseos.
El 15 de junio pasado se cumplieron 2 años de su fallecimiento (1926-2006), es por eso que le rendimos tributo.


ALBEDRIO

Yo soy la vigilia,
Ustedes
Son los hombres castigados,
Los labradores
De gestos oblicuos
Que al engendrar falsos surcos
La semilla huyó despavorida.

Ahora respóndanme
Con una mano enguantada
A flor de corazón.
Cuál es la fecha exacta
Entre Aldebarán y Andrómeda.
El día en que los cuervos
Cosechen lo suyo
Entre la más grande estampida
De todos los tiempos. Amén.



De su libro Los dones previsibles, publicado por Editorial Cuarto Propio en 1992.
Fotografía y versión digital del libro: Memoria Chilena (http://www.memoriachilena.cl/).

22 de junio de 2008

We-Xipantu, año nuevo Mapuche.

Texto de Elizabeth Cárdenas

El pasado viernes 20 de junio vivimos el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Esto significa que el sol alcanza su punto más alejado desde la línea del ecuador, alcanzando su cénit en el trópico de Capricornio. En muchas culturas existen tradiciones anteriores al cristianismo, que celebran el solsticio de invierno (o verano en el hemisferio norte) realizando ceremonias durante este día. Sin ir más lejos, en Chile, el pueblo Mapuche celebra el 24 de junio el año nuevo o We-Xipantu.


El pasado sábado 21 de Junio asistimos al We-Xipantu, organizado por la asociación indígena Hailla-Rewe, en Quilicura. Fue realizada en el parque El Mañío a dónde llegamos cerca de las 18:30 hrs. Había fogatas encendidas y varias ramadas donde luego se reunirían los grupos de familias mapuches a celebrar. La noche estaba sumamente fría y el parque estaba húmedo debido a las lluvias de la última semana.

El pueblo Mapuche es un pueblo conectado con la naturaleza. Durante esta época del año, y especialmente para el 24 de junio, dónde según la tradición asciende la savia y la naturaleza reúne fuerzas para la generación de los nuevos brotes.

A las 19 hrs se oyó el llamado hecho a través de un cuerno. Lentamente la comunidad se reunió en torno al árbol sagrado, o Rewe. Unas palabras de inicio de parte de los jefes, y luego se dio comienzo al ritual, realizado en mapudungun.

Fuimos testigos de la ceremonia y sus sutilezas, a pesar del idioma. Muchos de los presentes -vecinos con sus familias- no habíamos presenciado antes un we-xipantu. Algunos estábamos totalmente impactados por la energía de aquella Machi y sus mujeres asistentes. La presencia imponente del hombre mapuche, tan ligado a sus tradiciones, es otra cosa que deja huella. Ellos protegen a la Machi provistos de palines (chuecas) u otros artilugios hechos de madera, también se preocupaban de alejar al incauto que se cruza en el camino de la Machi.

Algunos momentos interesantes fueron aquellos en que la comunidad giraba alrededor del Rewe. Machi y mapuches, hombres, niños y huincas, giran rodeados a su vez de los jinetes a caballo que comienzan a galopar en torno a la multitud, a toda velocidad. La sensación es extraña, es como estar en el centro de un remolino. Otro momento importante es la presentación de alimentos y vino mapuche ante el altar, que son contados por los hombres 2 o 3 veces, luego bendecidos por la Machi, y finalmente son tomados por las mujeres y se a reparten a todos los presentes. Mote, choclos, garbanzos, panes, tortillas, vino, todo se comparte. Todos comen de estos platos y beben el vino. Cuando ya se acaba la comida los platos son devueltos hasta el altar y nuevamente son contados por los hombres. Si está todo bien, entonces se continúa con la ceremonia.

Fueron cerca de 3 horas. La Machi exhausta es asistida por uno de los jefes que le limpia el rostro con un pañuelo. A veces, dentro de su trance ella ha estado a punto de caer, pero siempre hubo alguien para sostenerla.

La parte final de la ceremonia de inicio del año nuevo, es cuando la machi asciende el Rewe. Allí arriba sacude las ramas de canelo, le habla en mapudungun, y lo abraza guardando silencio. Luego baja lentamente asistida por los hombres para que no caiga. Es este el único momento en que ella abandonó el kultrún y fue tocado por uno de los jefes. Luego de su descenso, la Machi toma asiento, se levanta el velo de sus ojos –que ha llevado durante toda la ceremonia- y descansa.

Fue magnífico el despliegue de energía de estas mujeres, que además lucían hermosas ataviadas de cintas, trapelacuchas, pañuelos y vestidos de colores. Todos quieren hablar con la Machi, saludarla, pero hay que hacer fila para eso.

Cuando nos acercamos a felicitarla, se alegró y sorprendió de que nos hubiésemos quedado hasta el final. No esperábamos que nos hablara pero nos sorprendió al contarnos que venía desde Lumaco y que ella pedía por todos, para que se resolvieran los conflictos. Se alegró de que nos gustara la ceremonia, nos dijo que ese era su trabajo y lo hacía a gusto. Usaba los dones que le había dado la naturaleza y ayudaba a todo el que le pediera ayuda. En su casa, allá en el sur, cuando alguien está enfermo, fuera o no mapuche, siempre lo atendía.

Esa era la Machi y tenía las manos calentitas cuando nos despedimos. A su alrededor algunas mujeres mapuches la rodeaban, protegiéndola. Según nos contó, ese no era todo el ritual. Más tarde, cerca de las 4 o 5 de la mañana, cuando la naturaleza está calma y el agua está tibia, tenía que volver a realizar otra ceremonia para cerrar la fiesta de año nuevo.

Iba a ser una buena fiesta. Todos los mapuche se retiraron a sus ramadas para preparar la cena. Incluso, durante el ritual, se había bendecido un cordero haciéndolo caminar en torno al Rewe. Las fogatas se avivaron, y los curiosos seguían haciendo fila para saludar a la Machi o esperaban a que la carne estuviera asada y el vino estuviera servido, para calentar la noche.




21 de junio de 2008

CINZANO

El Cinzano

Yo viví en la ignorancia hasta hace poco, hasta cuando me volví visitante asidua de Valparaíso. ¿Será que ese encanto te atrapa? ¿O será porque llevas en la sangre el gusto por los boliches, los barrios pobres y las canciones cebollientas?
Es una época dónde todos esos lugares viejos como el café Riquet, El Rincón de los Canallas (Barrio San Diego), el Hotel Carrera (Plaza de la Constitución), son absorvidos por la nada para transformarse en oficinas, boliches con carteles fosforescentes y de mal gusto, lugares abandonados. Me gusta lo antiguo y a veces siento esas pérdidas y el poco respeto hacia lo verdaderamente histórico, los personajes que habitan esos lugares y los clientes que los visitan.
Decidida a conocerlo antes de que lo echaran abajo, visité el Cinzano acompañada de mis amigos. Debo confesar que esa primera vez fue estresante, ya que luego de estar toda la mañana y la tarde subiendo y bajando ascensores, caminando por las calles del plan, quieres disfrutar en silencio de una buena comida. Entonces nos encontramos con un lugar lleno con una única mesa desocupada cerca de la entrada (lo que significa una mesa fría), un garzón que se rehusaba a atendernos y un plato de comida que se rehusaba a aparecer servido. Podemos agregar a eso, un show realmente típico: sus cantores.
Un ciudadano sofisticado, habitante del mundo, quedaría con una impresión agria, el ruido, la entonación, la voz "aguardentosa" de los artistas, el ruido otra vez. Es necesario esperar a los segundos pensamientos para terminar entregándose de lleno a la magia del lugar. Esa primera vez fue desagradable: comimos rápido y sólo queríamos escapar.
Mucho tiempo después regresé, sí, regresé, y lo que vi allí me dejó encantada para siempre. El mantel re-usado, el pisco sour, la sopa con poca sal, y nuestro cantante. Nos sentamos frente a él y no hicimos más que aplaudir y aplaudir. Seguramente los años pasaron sobre mi haciéndome más tolerante, pero amé los muebles, los empapelados de mal gusto, la intervención en su arquitectura.
La comida no es nada del otro mundo, nada de esos "fusión design de autor" tan de voga. La loza picada, los cuchillos simples, los platos saltados. Las papas cocidas, pescados fritos, entradas de lechuga con jamón, chorrillanas. Hay para todos los gustos... Los tragos son los mismos que en todo bar, la verdadera gracia está más allá del vaso: en el señor que prepara el sour y el ritual de la coctelera; en el que pica las frutillas para mezclarlas con el pipeño.

Hay que visitarlo antes de que muera o visitarlo antes de morir.



16 de junio de 2008

Las torres

Santiago, 16 de junio. Quizás estoy viendo la ciudad en veinte años más. Hace poco que vivo acá. Me mudé desde quilicura, avenida las torres. Allá era de alta tensión y caminaba a tomar el bus mientras el zumbido de los cables me hacía pensar en mutaciones y enfermedades congénitas. Desde el décimo piso de la calle marín, santiago centro, puedo ver las torres. Solo que está vez son de cemento, son huecas por dentro y tienen ventanas iluminadas. Me impresiona la manera en que forman un largo paredón que no alcanza para resguardarnos de la contaminación. Es invierno y se nota la capa de smog apretujada contra las ventanas.
Abajo, los autos recorren Portugal mientras llueve. En la esquina, fríen sopaipillas en un minimarket.

14 de junio de 2008

Santi-ego

Texto escrito por Teresa Muñoz

Jamás peleo el asiento
ni un lugar en la fila,

No avanzo,
no salto, no me apuro.

Me siguen y espero,
me alientan y es peor.

No quiero llegar,
deseo quedarme a ver.

6 de junio de 2008

Deja que las hojas cubran el césped


Texto escrito por Elizabeth Cárdenas

no pienses que puedes hacer algo para evitar que caigan
y así mantener el pasto siempre verde.

deja la escoba, ven siéntate,
quedarse parado en la ventana no hará que el viento deje de soplar.

Sí, yo entiendo, no todo es lo esperabas,
despertaste hoy acaso con el sabor amargo de la realidad?

pero mira, allí, debajo de las hojas, algo se mueve.
no, no es el tiempo,
mira otra vez.

Radio Compasión

Texto escrito por Elizabeth Cárdenas

Hoy sólo escucharé canciones tristes
me arrojare a la soledad
tan contenida
Me lamentaré de no vivir en la calle
de no tener frío
de tenerlo todo
porque mi vida ahora ha sido un esperar
una pausa constante
para no ver en casa
la pobreza
el hambre
el ansia
el miedo.