16 de octubre de 2008

Santiago Atónito

Caminábamos por la calle Merced, en dirección a José Miguel de la Barra. El semáforo cambió y sobrevino el arranque de los microbuses por ser los primeros en tomar la vía. Entre máquina y máquina, de pronto un retazo espumoso levantó vuelo y atravesó la calle, desgranándose, para aterrizar a mi lado. Grande fue mi asombro al comprobar que provenía de la fuente de Neptuno ubicada en la punta donde termina el cerro Santa Lucía. Mira! avisé a mi pareja, la cual siempre tiene su cámara a mano. Las fotos hablan por sí solas. Un grueso colchón de espuma muy blanca cubría la superficie. Eli comentó riéndose, "¡Si parece que las estatuas se estuvieran bañando!" Yo pensé en una intervención urbana -transformar la lisa superficie del agua en algo más acorde con la mitología asociada al dios del mar, a ese mar salvaje que se rompe sobre las rocas. En cualquier caso, se les pasó la mano, pues la espuma se desarrolló de tal manera que no deja ver la parte líquida. ¿Era parte del ciclo higiénico de las piletas? La espuma era muy consistente. No se disolvía como lo hace un detergente. Las búrbujas eran pequeñas y duraderas. Me hizo pensar en esas fiestas electrónicas donde lanzan chorros de la sustancia al público mientras baila. ¿Habrá alguien vertido el agente químico en el agua durante las últimas horas de la noche?¿Algún productor ebrio de gozo, enamorado del barrio Lastarria, ávido de dejar su marca? Las hipótesis abundan y, mientras tantos, los curiosos se acercan con una sonrisa en los labios y, los que pueden, toman fotos con el celular. Guardan en su bolsillos el recuerdo de un enigma cuya persecución pronto será olvidada en la vorágine de la cotidianeidad. Un enigma que se los regalo.




Escrito por Rodrigo Suárez
Fotografías de Eli Cárdenas

1 comentario:

Integrantes dijo...

Muy interesante el comentario.
Eso es lo que hace falta: detenerse a contemplar los instantes mágicos del día a día que se deslizan ante nuestros embrutecidos ojos sin que les demos el nombre adecuado ni el valor que se merecen.
Dejémoslo en magia, ¿Ya?

Saludos a Rodrigo y a su fotógrafa.