3 de octubre de 2008

La tercera edad

Partiste el pan en tres pedazos y los ordenaste frente a tu taza. Dijiste que habías olvidado mi visita. Olvidas muchas cosas ahora. Me preguntaste tres veces para quién era el té que servías. Era para mí.
-Me duele el corazón, mi reina. Nadie me viene a ver.
-El abuelo dijo que la semana pasada había venido mi mamá.
Abriste los ojos y le gritaste al abuelo Viejo, de verdad vino la hija la semana pasada? El abuelo te respondió que sí. Te miré diciendo Viste, que te dije?
-Y esta taza para quién es? -volviste a preguntar.
-Para mí, abuelita, para mí.

Estamos los tres sentados en la mesa. La misma en la que confesaste ante toda la familia que ya no aguantabas al abuelo. Que era un viejo seco y que no te trataba bien. Lloraste y todos lloramos contigo, sobretodo porque tenías 65 años y habías estado con él casi cincuenta.

Por la casa se pasean los fantasmas de aquellos momentos viejos. Esta casa está llena de aquellos recuerdos que me dan ganas de olvidar. Antes de venir imaginé decirte lo importante que eras para mí. Lo pensé y me puse a llorar, no quería dejarte sola tanto tiempo.

Los tres perros de la casa están sentados con nosotros. Me miran, recuestan sus cabezas en mis zapatos mientras mueven la cola. Corren por la casa y luego vienen y dejan sus patas marcadas en mi ropa. Ustedes se ríen y yo me río con ustedes, es mejor que un hijo borracho amenazándote todo el tiempo, simplemente ya no quieres seguir con eso.

Los años pasaron conmigo allí, mientras poníamos las flores que te traje sobre la mesa. El abuelo quiere pintar la casa y arreglar el techo. Creo que el techo está bien y que sólo hay que salir a dar una vuelta a tomar aire.
Estamos tranquilos, dice él. Uno no tiene ambiciones de nada. Yo lo miré y era otro. Aquel esfinge negra que no dejaba que habláramos en el living había desaparecido. Ahora cuida unos perros locos que son como nietos o talvez hijos. Nietos ya no hay. Estamos todos dispersos.

Creo que no queda mucho tiempo ya. En este preciso momento algún otro abuelo está cerrando los ojos. Y allí, un nieto cualquiera debe estar inventando canciones que pueda llevarse a tierras distantes. Canto tres veces la única canción que se me ocurre cantar en este momento.


Escrito por Eli Cárdenas
Miembro de El Puñal
www.chuscadesietesuelas.blogspot.com

1 comentario:

lichazul...elisa dijo...

se desmoronan los sueños y las alegrías con el paso de los años , y más si sólo queda uno de los dos pilares

hoy que vivo con uno de ellos , l vida y las perspectivas se vuelven frágiles e ilusorias

eli, más que cuento, es una reflexión y un llamado para quienes vamos hacia allá.

FELICITACIONES ELI!!
y un abrazo de paz