18 de febrero de 2008

RACONA

Texto escrito por María Elena Monsalve

La carta estaba sobre la mesita del teléfono. Tenía varias estampillas que aludían a su lugar de procedencia. No necesité leer el remitente, de inmediato recordé el último día en Racona. Esa tarde sería la despedida del verano con sus clases dictadas y concluidas.
Estaba nublado, mirábamos por la ventana que está en la escalera. El pueblo era pequeño y estaba rodeado por cerros llenos de vegetación. Desde el primer piso llegaba la música suavemente. Yo veía los rayos del sol filtrarse por las nubes negras. Debían ser, así lo pensaba yo, las últimas mejores horas juntos. Con un dejo de melancolía apreté mi cara contra su cuello tirando suavemente los pelos de su pecho, mientras sentía la casa tibia e inundada de música, no pedía más.
El vino, fue la copa de vino y la noche, que hacía a las pupilas dilatarse por la falta de luz. Rodeo sus caderas con mis brazos y me estiro para besarlo, era la orquesta sinfónica llegando a su clímax. Recibí de vuelta un bullicioso y corto beso, de esos que los papás dan a sus hijas cuando juegan a hacerse cosquillas. Vacié de un tirón todo el aire en mis pulmones mientras me decía …se puso fome la música, voy a cambiar la radio… Me tiré sobre él, que me pensó presa de un ataque de deseo y lujuria mientras le sacaba a tirones los pantalones.
No necesité abrir la carta para saber que era él, reclamándome, todavía sin entender por qué había tirado por la ventana sus pantalones.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Leí los dos cuentos de la página principal... especifico: los tuyos, María Elena, y me llaman la atención los finales... más bien, que en los dos se de a entender la incapacidad masculina de entender al sexo opuesto. Es un buen tema. mMerece la pena tratarlo... tú lo haces bien. Me dejas con un poco de desazón.

Amanda