20 de marzo de 2009

Chaquetas amarillas de Andrés Andwanter | por Maori Pérez

Chaquetas amarillas
Andrés Andwanter. Colectivo Lanzallamas.
Poesía. 24 páginas.


Un poemario/fanzine que nos abre ante la posibilidad de un ritmo que, al mismo tiempo que asume como referente la lápida y el obsequio de la familia y la sociedad chilena, la rutina televisada, el espectáculo como un impedimento al aproximarse a la biología del afecto inmediato, mediatizado en prensa el pulso de aquel sitial desde donde Andwanter erige la voz del hablante lírico, también refiere en su deambular una pista de despegue, desde la cual el hablante y su zumbido de individuo solitario puede evitar o irse acercando a determinado tema social, cotidiano, perfectamente comprensible para aquel habituado a los conceptos "Presidenta Bachelet", "Red de salud", etc.

Así, el texto puede funcionar como un haikú que se va multiplicando en enjambres, o como un diario por el que pasan ojos a velocidad, o incluso como el rumor generacional que emula estos enjambres en la voz aquí individuada (haciendo de esta individuación una especie de cuerpo formado en el zumbido, el rostro y el cuerpo de un hombre de chaqueta gris cuyo hepático, normalizado amarillo pertenece al fantasma poético que lo representa dentro de ésta "producción de rumor urbano").

Más que un síntoma de la época, lo que se testifica es un habla y los temas, de ahí que el formato fanzine cobre todo su peso. Una revista hecha de fotocopias que debiera pasar de mano en mano, puesto que su valor es el de escenificar con lucidez aquello a lo que, por costumbre, terminamos viéndonos enfrentados, además de otorgarle una cierta importancia "rock" al hecho cotidiano, como si al recordar tal o cual poema estuviésemos más preparados para adentrarnos en tal o cual situación de rutinario ahogo, tragedia, irreflexión...

Andwanter pareciera querer decirnos con este poemario: "Recuerda lo que haces, nada es prescindible". Y al demostrarlo, de una manera eficiente para tamaña tesis, al mismo tiempo que haciendo descansar, a través del ritmo, aquello que es sin más el agobio de cada día, logra un muy buen libro.

Sin embargo, el logro que más me llama la atención, es el de situar una poética (la de Chaquetas Amarillas) a finales del año dos mil, y con esto nombrar de una manera muy alentadora (en tanto la propuesta del libro alienta al lector a entender la época desde la meditación y la memoria minuciosa de lo pequeño) un tiempo y un espacio al que le faltan definiciones tan bien pensadas, en cuyo eje - la mejor de las ideas del libro - recaería todo el peso y la profundidad.


Escrito por Maori Pérez
Publicado originalmente en su blog ociosoguerrero.blogspot.com/

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