4 de agosto de 2008

Mateo Martinic y Francisco Coloane: La construcción de una identidad regional en Magallanes.

Texto escrito por Rodrigo Suárez
I. Introducción
El objetivo central de este trabajo es realizar un examen crítico de la construcción de la identidad en la región magallánica. Nos interesa contrastar dos discursos identitarios diferentes a partir de las nociones de discurso público y privado señaladas por el sociólogo Jorge Larraín en textos históricos y literarios que se centran en el acontecer de la región. El análisis estará divido en dos partes. En Historia de la Región Magallánica, estudiaremos la identidad pública como un proceso complejo de construcción de la identidad que funciona en varios niveles; luego, analizaremos los rasgos identitarios del mundo y de los personajes hallados en dos cuentos de Coloane: Perro, Caballos, Hombres y Tierra del Fuego.
Contrastaremos las dos identidades y veremos cómo la identidad pública oculta antagonismos reales que la versión privada nos revela. Asimismo, estudiaremos los diferentes niveles en que se da la identidad regional y como se imbrican y relacionan respecto a la identidad nacional y a la realidad de la base social. El proyecto se enmarca dentro de la problemática de las identidades al interior de la nación-Estado y su relación con la modernidad y la globalización.


II. La construcción de las identidades regionales
Queremos explorar las posibilidades del modelo de Larraín, diseñado en torno a la construcción de las identidades nacionales en América Latina, tomando en cuenta la diversidad de identidades y regiones que subsisten a pesar del discurso de la nación-Estado. Los procesos de construcción de la identidad no sólo se limitan a los discursos nacionales. Creemos que acontece un proceso similar con respecto a las identidades regionales.
Un intento de enriquecer la discusión sobre la identidad nacional pasa por el reconocimiento de la diversidad a través de las regiones culturales que frecuentemente traspasan las fronteras políticas entre países o coexisten incómodamente con las pretensiones homogeneizadoras de la nación-Estado.
A pesar de que las clases dominantes de las repúblicas latinoamericanas intentaron, junto con la construcción de un estado nacional, la búsqueda de un sentido de identidad nacional (Larraín 207), sigue siendo cierta la constatación de que la "mayoría de las sociedades latinoamericanas no está culturalmente unificada y que, a pesar de algunas formas centrales de integración y síntesis que indudablemente existen, las diferencias culturales son todavía muy importantes" (Larraín 207). Estas diferencias se expresan como identidades culturales regionales, refractarias con respecto a la identidad homogénea y supuestamente representativa que ha sido construida para la nación.
Al reconocer la existencia de una identidad regional, trabajamos bajo la premisa de que existen regiones diferenciadas culturalmente. Según Angel Rama en Transculturación narrativa en América Latina, las regiones culturales pueden existir como subdivisiones al interior de la nación, sin importar su extensión territorial. Además, estas regiones no están limitadas por las fronteras políticas y frecuentemente abarcan países contiguos (Rama 1987, 58).
Pensar a Latinoamérica en regiones implica reconocer "el medio físico, la composición étnica de la población, la producción económica dominante, el sistema social derivado" (Rama 1987, 61), pero lo más importante es privilegiar el rasgo de la horizontalidad, en otras palabras:
la expansión horizontal de una subcultura (concepto sin el cual no puede hablarse de región) reconociendo que establece comportamientos, valores, hábitos y que genera productos que responden al generalizado consenso de los hombres que viven dentro de los limites regionales, sean cuales fueren sus posiciones dentro de la estructura social (Rama 1987, 61).
Quiere decir que los rasgos identitarios que comparten un colectivo de habitantes se da dentro de un territorio determinado, sin diferenciarse según nociones de clase social, profesión, renta y nivel educacional.
Las últimas categorías señaladas constituyen la dimensión vertical de la identidad cultural (Rama 1987, 62). Son las diferencias económicas y de ubicación en el entramado social las que priman en esta concepción. Estas diferencias, plasmadas dentro de un territorio psicosocial común, la dimensión horizontal, son las que constituyen las regiones culturales y que, a su vez, enmarcan las identidades culturales regionales.
Por sus características específicas en cuanto a cultura, historia y geografía, creemos pertinente considerar a Magallanes como una región cultural que posee una identidad que la diferencia de las demás regiones culturales y también de la identidad nacional. Además, existe una confrontación a nivel publico entre identidad regional magallánica e identidad nacional, al servicio de la búsqueda de la autonomía de la región.


III. Análisis de los textos
Los procesos de construcción de la identidad no sólo se dan a nivel nacional e internacional (Larraín 213). De hecho, el caso de Magallanes constituye un ejemplo de construcción de identidad en el nivel regional. Para mostrar este proceso, hemos elegido dos autores cuya obra se fundamenta en la Patagonia chilena.
Podemos decir que la identidad regional existe en una esfera pública, "como un discurso articulado altamente selectivo" (Larraín 208), y simultáneamente en una esfera privada, "existe en la base social como una forma de subjetividad individual y de diversos grupos. que expresa sentimientos muy variados, a veces no bien representados en las versiones públicas. "(Larraín 208)
La obra de Mateo Martinic, abogado e historiador, constituye tanto un valioso aporte a la historiografía regional y chilena, como una defensa apasionada de la singularidad del hombre magallánico y un discurso político en pro de la identidad como base para lograr una mayor autonomía regional en todos los ámbitos. El habla desde uno de los centros de poder regional, la universidad, como intelectual crítico de las políticas centralistas de la metrópolis (Santiago), configurando la construcción pública de la identidad que por cierto selecciona, deshecha y configura rasgos identitarios para construir una identidad que se postula como homogénea e única.
Francisco Coloane, escritor regionalista si seguimos a Rama, presenta una mirada más cercana a la realidad concreta. No escribe desde la abstracción o desde lecturas sino que parte desde su propia experiencia de vida para describir la vida y los acontecimientos de los personajes en permanente conflicto con la naturaleza y la realidad económica y social. Representa la vertiente privada, heterogénea y más amorfa de la identidad. La diversidad de las prácticas culturales y de las condiciones socioeconómicas que se perciben en los cuentos analizados, desmienten el discurso público que se presenta como verdad única y homogénea para la recepción de la base social.
Podemos reconocer en la subjetividad individual y colectiva, la condición necesaria para la existencia de un consenso generalizado, lo que no significa homogeneización. Implica el reconocimiento de ciertas características (comportamientos, valores, hábitos y productos) como parte del acervo común que los diferencia geográfica y culturalmente de otras regiones. Son las versiones públicas las que intervienen para seleccionar ciertos rasgos y construir una identidad homogénea que oculta la diversidad de las culturas que coexisten en un lugar determinado.
Estudiaremos, por lo tanto, las características de la identidad pública ofrecida por Martinic y haremos una breve reseña sobre la literatura de Coloane, considerada como una versión privada. Luego contrastaremos los dos textos, profundizando en los mecanismos de producción de una identidad pública y revelando cómo éstos se contradicen con las identidades particulares.

La identidad pública: Mateo Martinic
La preocupación por construir un discurso publico acerca de la identidad magallánica es uno de las motivaciones centrales de la obra histórica de Martinic. Explícitamente, espera que la recepción de sus textos influya sobre la gente, su auto imagen y su comportamiento (Larraín 211).
Martinic propone una recepción didáctica de su obra. Busca influir en los comportamientos y en las autoconcepciones de sus lectores (magallánicos), pues su lectura es "...aleccionadora al poner de manifiesto la capacidad adaptativa y la fuerza creativa del hombre que han permitido superar sus propias mezquindades y limitaciones, y las adversidades de un ambiente marginal y severo." (Martinic 1992, 18) . Martinic, le confiere a su obra un valor agregado, pues contribuye a la "autoestima de los habitantes, y a reforzar su identidad y singularidad entre las regiones chilenas y americanas" (Martinic 1992, 17).
La obra va dedicada a los jóvenes magallánicos, en quienes veo los factores dinámicos que permitirán consolidar la labor admirable de los pioneros del pasado y de los hombres que en sucesivas generaciones hicieron posible el surgimiento de Magallanes con una propia, definida y vigorosa personalidad dentro del conjunto nacional (Martinic 1972, xii).
Veremos como esta intención de construir una identidad a partir de la figura del pionero, choca con la realidad dura, llena de contradicciones acerca de esa mismo personaje en la obra de Coloane.
La dimensión pública de la identidad corresponde a un discurso coherente y lógicamente articulado que frecuentemente pretende constituirse como única identidad verdadera válida para toda la sociedad. Son selectivos, excluyentes y homogeneizadores con respecto a los hábitos y prácticas culturales de los habitantes en la base social. La obra de Martinic construye la identidad a partir de los rasgos identitarios del inmigrante europeo que empezó a instalarse para colonizar la región desde fines del siglo XIX. Deja fuera, rasgos chilenos e indígenas y homogeneiza la diversidad en torno a la figura del pionero. Los cuentos de Coloane, en cambio, muestran la diversidad del mundo magallánico y contrarrestan esta visión un tanto sesgada.
Se construyen en base a los intereses de los grupos hegemónicos de la sociedad regional, a través de "una variedad de instituciones culturales como los medios de comunicación, instituciones educacionales, religiosas y militares, aparatos del estado etc. ." (Larraín 209). En este sentido, Martinic es un letrado que se dirige hacia la comunidad regional y nacional, desde la institución universitaria. Representa, quizás no un grupo, pero si una corriente de pensamiento a favor de la regionalización, la descentralización y la autonomía regional que rechaza la cultura centralista y de mando proveniente de la capital. Podríamos decir también que es un optimista respecto a la modernización, pues los magallánicos poseen un carácter marcadamente europeo.
La identidad regional puede llegar a constituirse como discurso que se opone al carácter homogeneizante de la identidad nacional. En este sentido, se puede visualizar la identidad pública regional como una forma de resistencia a la "nación opresora". Sin embargo, es posible que a su vez oculten divisiones internas y excluyan a algunos grupos dominados al interior de la región (Larraín 213). Estas identidades, cuando defienden su diferencia, se oponen a la identidad nacional, a la que consideran una fuerza que mantiene a las regiones subsumidas en un atraso económico, social y cultural.
La articulación de una identidad regional pública resulta clave para intervenir en la lucha por alcanzar la autonomía regional. En este aspecto, el discurso de Martinic postula la diferencia identitaria de Magallanes como justificación de la autonomía y la descentralización real:
En el caso de Magallanes se dan todas las condicionantes: tenemos un territorio claramente definido, con sus particularidades muy notorias desde el punto de vista natural; tenemos una historia que es diferencial; tenemos una sociedad que es el producto de aportes nacionales y extranjeros fundidos en este crisol austral; tenemos una cultura que se ha generado por la presencia del hombre y su adaptación al rigor del ambiente, tenemos todos los elementos que nos dan una identidad muy clara y que nos permite pensar que aquí podría funcionar perfectamente una autonomía regional, tal como se da, repito, en el ejemplo español y en otros lugares europeos. (Cruz 2000)
Recordemos que las versiones públicas son funcionales a los "intereses y visiones del mundo de algunas clases o grupos dominantes de la sociedad." (Larraín 209) y que, por lo tanto, hay una motivación política, dirigido hacia el futuro, que "trata de mostrar por que debemos aceptar o rechazar lo que hemos hecho y seguir o cambiar el camino que se abre delante nuestro." (Larraín 210)
Mi posición es la de conservación de la unitariedad del Estado chileno, la conservación de la nacionalidad chilena, pero sí, por el hecho de que esta región de Magallanes, que tiene una especificidad histórica, que tiene una clara identidad regional y cultural, y que está además geográficamente aislada, separada sin vuelta del resto del territorio nacional, pueda tener una suerte de autogobierno, de autogestión, para promover y llevar adelante su desarrollo, como todos lo hemos deseado alguna vez y lo seguimos deseando. (Cruz 2000)
Martinic propone un camino diferente para la región magallánica. Es una opción que el considera válida y necesaria para hacer de su región un polo de desarrollo, en contraposición a la política que el gobierno ha seguido hasta ahora. El rechazo se dirige hacia el centralismo excesivo, y rescata el autogobierno o la autogestión como una alternativa para el futuro, sin renunciar a la unitariedad del Estado.


Las identidades privadas: Francisco Coloane
Es mucho más difícil hablar de las versiones privadas de la identidad. La esfera pública es más asequible y ha sido privilegiada en los estudios de las identidades nacionales. La lectura de las versiones privadas no ha sido estudiada con profundidad. Probablemente, es la etnografía la que está más cercana al estudio de las identidades privadas, puesto que "se desarrollan en espacios más restringidos y locales en las múltiples conversaciones e intercambios de la vida diaria. Tienen, por eso un carácter más concreto, contradictorio, implícito y de sentido común." (Larraín 208).
Habría que examinar, entonces, el habla de la gente en la calle y en sus hogares, escuchar las opiniones y las costumbres que los caracteriza como subcultura. Por ejemplo, el asado de cordero en familia, la sensación de aislamiento, el orgullo regional, simbolizado en la bandera magallánica. Por internet, también circulan revistas electrónicas, grupos de discusión y páginas web que dan cuenta de la diversidad que caracteriza a las identidades privadas.
La dificultad radica en que las identidades privadas no circulan como discursos, ni como representaciones. Larraín dice que es necesario la lectura crítica de la historia, "interpretando ausencias y escudriñando los posibles testimonios más personales." (Larraín 209).
La literatura constituye un grado intermedio entre el carácter implícito e inconsciente de las identidades privadas y alto grado de articulación de la identidad pública. No podemos descartar la injerencia del autor al estructurar su mundo narrativo, pero, al ser la expresión de un mundo personal atravesado por la experiencia concreta en un tiempo y lugar, no deja de compartir características con la identidad privada. La literatura de Francisco Coloane se nutre de su vida y de su trabajo en la Patagonia. Escribe sobre lo que vivió personalmente como marino, cazador de ballenas y arriero en las estancias.
La obra de Coloane ha sido un aporte importante para el imaginario nacional. Tradicionalmente, se destaca la confrontación del hombre en la naturaleza hostil de la Patagonia, la cual es una lucha signada por la tragedia y la perdida. Los personajes, sin embargo, no sólo se enmarcan dentro de la geografía. También hay una realidad socioeconómica subyacente que determina sus vida. Por lo tanto, es necesario abrirse con sensibilidad a los textos narrativos. Leer los cuentos de Coloane como un registro de esos testimonios que transmite sus personajes a través de las palabras y acciones, a través de su sentido de la existencia, es una posible puerta de entrada a las versiones privadas de la identidad.
Hemos juzgado más provechoso para el análisis, contrastar directamente los cuentos con los procesos de construcción de la identidad y destacar las contradicciones, los vacíos y las diferencias que surgen entre las dimensiones públicas y privadas.
Los procesos de construcción de la identidad: las dimensiones pública y privada
La interpelación entre ambas esferas es dinámica y compleja. Larraín opina que es un proceso para ambos lados, "las versiones públicas se construyen a partir de los modos de vida de la gente en la vida diaria, pero, a su vez, influyen sobre la manera como la gente se ve a sí misma y como actúa" (Larraín 221).
Las construcciones públicas no pueden representar toda la diversidad cultural y social. Es un proceso altamente selectivo y excluyente. Elige algunos rasgos considerados fundamentales y descarta los que no le son útiles (Larraín 210). Existe un ocultamiento de la diversidad detrás de una supuesta uniformidad. Hay cuatro mecanismos fundamentales de reducción de la diversidad:
Selección: "sólo algunos rasgos, símbolos y experiencias grupales se toman cuenta y otros son excluidos" (Larraín 210)
Oposición: "ciertos grupos, modos de vida, valores e ideas son presentados como si estuvieran fuera de la comunidad nacional. La identidad cultural se define por oposición a estos grupos" (Larraín 210).
Naturalización: "ciertos rasgos culturales se presentan como si estuvieran dados naturalmente en el carácter nacional" (Larraín 211)
Evaluación: "los valores de ciertas clases, instituciones o grupos se presentan como valores nacionales, mientras se excluyen otros valores que no se consideran representativos" (Larraín 210).

En la práctica , estos procesos rara vez se presentan separados unos del otro. Intentaremos seguir un cierto orden, asumiendo que los cuatro procesos están estrechamente imbricados.
1. Para Martinic, el conjunto de rasgos seleccionados se encuentran reunidos en la figura del pionero, un sujeto europeo que contribuiría con su perseverancia y capacidad al sorprendente desarrollo económico de la región durante fines del siglo XIX y las primeras dos décadas del XX.
Visto en perspectiva, el esfuerzo colonizador, realizado durante el cuarto de siglo corrido desde 1880-81 había sido un suceso digno de admiración, paradigmático del empuje, capacidad y tenacidad de los pioneros. (Martinic 1992, 676)
Por lo tanto, excluye de esta definición toda una diversidad de prácticas culturales y modos de vida, siendo el borramiento más notorio el de los aborígenes australes. Nótese el contraste con otros discursos sobre la identidad magallánica que ponen el acento en el genocidio realizado por los colonizadores y ganaderos de la época. Lo podemos ver en el mural del Metro Universidad de Chile y en la Editorial LOM. Demuestra que las identidades no son naturales ni espontáneas. Se pueden construir a partir de selecciones y exclusiones diferentes, muchas veces contrapuestos.
Además, vale la pena seguir una segunda operación homogeneizadora cuando incluye en la figura del pionero tanto a los empresarios como a los trabajadores: "Bajo esta denominación tanto comprendemos a los que capitanearon emprendimientos, cuanto a los que los secundaron como trabajadores. . ." (Martinic 1992, 676)
2. Los valores anteriormente mencionados se contraponen a otros grupos sociales. Martinic fustiga a los primeros colonizadores chilenos. Los chilenos 'originales', que fundaron y habitaron Punta Arenas se tornaron indolentes, gracias en parte al régimen de abastecimiento del poder central que los proveía de alimentos y abrigo. En vez de prosperar y tomar la iniciativa para mejorar sus condiciones de vida mediante el trabajo y la creatividad, ". . . la índole atávica de raigambre indígena de la mayoría del pueblo, empujaba a la pereza y a vicios como el juego...y la embriaguez." (Martinic 1992, 451).
Se oponen los valores de trabajo, creatividad e iniciativa a los de indolencia, dependencia y la pereza. Por un lado, se culpa al régimen de abastecimiento del gobierno central, y por otro, en una movida esencialista racista, se culpa a los 'genes' indígenas de lastres para el desarrollo.
El gobernador de Punta Arenas en ese momento, Jorge Schythe, de procedencia danesa analiza la situación. "Con toda razón, Schythe, a fuer de europeo culto que era," ve en esta condición un factor de atraso. De este obstáculo para el progreso de la colonia, surge la necesidad "de poblar la colonia con inmigrantes extranjeros que aportaran virtudes, costumbres y destreza que fueran renovadoras para el cuerpo social y la vida entera de la colonia" (Martinic 1992, 451-452).
Se establece entonces la identidad por diferencia. El chileno lleva el lastre de su mezcla racial con el indígena, mientras que el inmigrante, trae su empuje, capacidad de innovación y trabajo y, además, integridad moral.
3. Estos rasgos culturales pasaron a caracterizar espiritualmente a los magallánicos y forman parte de su identidad actual.
Lo hemos afirmado y lo reiteramos: en su evolución histórica, nutriéndose en la raíz pionera, los magallánicos adquirieron una capacidad que les permitió desarrollar el territorio en un grado sorprendente y rápido de progreso social y económico. . .. (Martinic 1992, 1359)
Son una reserva de energía que servirá para sacar a la región de su mala situación económica y encaminarla nuevamente en el camino de la modernización que se inicio con la llegada de los inmigrantes. Esta capacidad quedó incorporado a los "genes del ser colectivo" (Martinic 1992, 1359). Por eso, a pesar del descenso que afecta la región hace varias décadas, "...la capacidad tradicional no se ha extinguido y subyace en el alma magallánica..." (Martinic 1992, 1359). Por un proceso de aclimatación y contacto, los habitantes de Magallanes han heredado los mejores rasgos de la ética pionera y esta identidad se prolonga en el tiempo como algo dado para siempre.
4. La relación entre estos dos estamentos es vista como un contrato armónico entre los empresarios y los demás que llegaron buscando nuevas oportunidades y se convirtieron en trabajadores: arrieros, mineros, cazadores y marineros, "individuos anónimos que permitieron materializar con su apreciable concurso lo que la visión, inteligencia, ingenio y recursos de aquéllos alcanzaron o pretendieron..." (Martinic 1992, 676). Esta categorización, oculta la profunda brecha social, económica y cultural que se transparenta en los cuentos de Coloane.
Se elevan los valores del pionero a paradigma de la identidad regional, al hacerlos la fuente del desarrollo. El empuje, la tenacidad y la capacidad trajeron la riqueza, la cultura, la industria y el reconocimiento del mundo. Condujeron a Magallanes por la puerta de la modernidad. El fenómeno de la colonización pionera y del surgimiento económico, dentro de una perspectiva nacional, se ve como algo singular, puesto que es "autogenerado y autosuficiente; en lo fundamental fruto del trabajo individual y empresarial privado." (Martinic 1992, 676)
La extrema dificultad de las condiciones geográficas y climáticas significó sacrificios, rudezas, tragedias para los arduos colonizadores del territorio, pero tuvieron éxito a pesar de todas las penurias, lo que da mayor valor a su logro. Además, esta lucha se visualiza como autónoma, sin injerencia del poder central; son habitantes que dependen sólo de sí mismos para surgir a través del trabajo esforzado y sostenido. Esto se parece mucho al mito del 'self-made man' y no cabe duda de que este discurso se toca en muchos puntos con la épica de la conquista del Oeste, con indios y todo.
Estamos ante la presencia de un mito urbano o letrado que trata de encontrar un equivalente del mito pionero estadounidense que enaltece el esfuerzo individual al margen del poder del Estado (Rama 1984, 77), en América Latina. Empero, Rama nos advierte que debemos reconocer, "la fuerza constrictiva que en el sur ejerció la oligarquía dueña de tierras, paralizando el esfuerzo democratizador que en el norte cumplieron los pioneros sedientos de tierras." (Rama 1984, 76). En efecto, la concesiones entregadas a las sociedades en Tierra del Fuego impidieron la colonización individual de los mejores campos. Por otra parte, la enajenación de las tierras fiscales (loteos ofrecidos en la primera etapa de la colonización), privó del acceso a la "tierra que explotaban y que habían hecho producir a muchos antiguos colonos" (Martinic 1972, 133). Los terrenos quedan "en manos de sociedades ganaderas o de grandes capitalistas, directa o indirectamente ligados con aquellos" (Martinic 1972, 133-134). El advenimiento del negocio de la ganadería, redundó en la concentración de las mejores tierras de cultivos en manos de una nueva oligarquía cuyos representantes más famosos fueron José Nogueira, José Menéndez y Mauricio Braun. El hombre común, el pequeño empresario, termina excluido del proceso de desarrollo, a pesar de que la colonización por pequeños grupos en terrenos de poca extensión, "contribuía eficazmente al aumento de la población y estimulaba en mejor forma el desarrollo" (Martinic 1972, 134).
Los personajes de Coloane, muy al contrario, delatan modos de vida y de pensamiento que son la negación de la ética pionera que nos ha presentado Martinic. En vez del empuje, existe una amarga resignación; el trabajo es simple, monótono, no hay lugar para las innovaciones. No poseen tierras ni animales que puedan cuidar y hacer rendir. Los que trasladan están destinados a alimentar a los que morirán en la guerra, ni siquiera a ellos mismos. Coloane nos muestra la otra cara de la moneda: la alienación que sufren los que sobraron, los que no pudieron entrar al mito del pionero autosuficiente, trabajador y perseverante dispuesto a colonizar unas hectáreas y hacerlas productivas para el y su familia.
Como mucho de sus relatos, la historia de Perros, Caballos, Hombres sucede durante un arreo. Cuatro hombres deben trasladar un piño de ovejas de un extremo a otro de Tierra del Fuego. Es pleno invierno, siendo que normalmente las faenas terminan en marzo; pero "una extraña demanda de productos en los frigoríficos" (Coloane 138) provoca este arreo fuera de lo común.
Don Pedro, un viejo ovejero, resume así su pensamiento acerca de la vida que llevan. Su lectura es amarga y sarcástica cuando compara al hombre con los animales que lo rodean. Adivina la causa de la miseria que le ha tocado.
-Así es la vida, compañeros; para todos igual, al fin, como la de estos capones que arreamos de la estancia para el frigorífico; con la diferencia de que a los capones los engordan y después sus carnes van arregladitas en latas de colores a Europa, mientras que nosotros, cinchando toda la vida, boleados y pisando las maneas a cada tranco, vamos a dar con nuestras pobres carnes al barro podrido... (Coloane 138)
El paralelismo con los capones es patético. Los arrieros no tienen más esperanzas que las ovejas. Sin control verdadero sobre sus vidas, son nómades obligados que transitan arreados por fuerzas que desconocen, pero que les proporcionan el sustento para sobrevivir hasta que los cuerpos no aguanten, o sean enviados a "uno de esos carneos de hombres que arman los ricos entre los países, los que ni siquiera se toman el trabajo de engordarnos como los estancieros a sus ovejas..." (Coloane 290).
Los rumores de una guerra mundial justifican el traslado de las cinco mil ovejas durante el invierno. El narrador interviene para explicarnos que los "animales conducidos a los frigoríficos iban a alimentar más tarde a los hombres llevados a los mataderos humanos por arrieros más irresponsables que esos humildes ovejeros" (Coloane 139). Es el narrador omnisciente el que adopta la posición ideológica de Don Pedro, acentuando el paralelo dibujado para describir a estos hombres que viven de la ganadería, a la vez que señala tenuemente la falta de control que tienen sobre sus destinos, como las demandas de hechos tan lejanos los afecta a nivel local.
En general, hay una atmósfera de resignación y aburrimiento. El arreo del piño en medio de la escarcha y la nieve no les proporciona placer, excitación, o pasión por su trabajo, ni una nota redentora, como lo veremos después en otro personaje.
...a pesar de estar acostumbrados a esas monotonías anonadadoras, sentían cansados por dentro, miraban los corrales atestados de ovejas sin ver nada en esa masa blanquecina como una montonera de nieve sucia, quieta y triste, indiferente al viento y a la nieve. (Coloane 139)
El trabajo representa una degradación. Ellos mismos se han convertido en ovejas inertes, indiferentes al destino e incapaces de cambiar las condiciones de vida.
Reyes, el otro protagonista, tiene especiales razones para no estar contento. El había trabajado en las haciendas de vacunos, "luchando cual un URSS con los terneros" (Coloane 140). Es una tarea que exige fuerza, destreza y gallardía para domar a los animales y en ella se sentía realizado. La frustración surge al comparar: "Aquello era vida; pero ahora, gritar, silbar, meter ruido y todos los idas mirar los traseros amarillentos en las tímidas y estúpidas ovejas que avanzaban como un lento mar gris y monótono." (Coloane 141)
Estos animales no representan ningún desafío, ninguna lucha entre hombre y bestia, del hombre contra la naturaleza. Las ovejas, sin inteligencia ni alma, son el animal más degradado y por eso degradan a los que trabajan en su traslado.
Año tras año, Reyes había buscado consuelo en un dicho campesino: " 'Ya pasara el invierno y buscaremos otro acomodo' " (Coloane 142). El deseo por un cambio, postergado repetidas veces, se convierte en resignación: "el hombre sosegó sus inquietudes y aprendió a andar sin esperanza detrás de la masa sin alma de los piños..." (Coloane 143).
El conflicto entre la posesión de tierras auríferas, las formas de explotación y la falta de oportunidades para el resto de los buscadores genera la acción del relato Tierra del Fuego. La concentración de tierras en un solo dueño y la despiadada persecución a los que se atreven a competir en otras tierras aledañas, sofoca el esfuerzo individual, condición sine qua non del pionero. Los que transgreden este verdadero pacto feudal entre amo y vasallo, se convierten en fugitivos, en marginados. Nuevamente, la feliz conjunción entre empresarios y trabajadores desaparece.
Este cuento narra la aventura de dos europeos que se atreven a desafiar el reino aurífero de Julio Popper, uno de los personajes históricos más controvertidos de la colonización magallánica. El contexto histórico corresponde al descubrimiento de oro en Tierra del Fuego alrededor de 1889. El rumano Popper halló el mineral en la arena de las playas atlánticas. Inventó máquinas especiales, las cosechadoras de oro, que aprovechan las mareas para relavar la arenilla. La producción fue excelente y atrajo a muchos hombres deseosos de enriquecerse también.
Hasta aquí, Popper podría figurar como el típico pionero emprendedor e ingenioso que hace rendir una tierra inhóspita. Sin embargo, la creación de una milicia privada para defender sus intereses, junto con la acuñación de monedas de oro con su rostro, lo marginan de cualquier categoría que pudiéramos considerar normal. Este "pionero" actúa como un barón feudal dentro de su territorio y los que trabajan las máquinas resienten su yugo.
Pero las cosechadoras del rumano audaz producían sólo para su inventor, y los codiciosos aventureros que lo acompañaron en su travesía, con la esperanza de hacerse tan rico como él, empezaron a mirar con envidia y rencor al amo que se adueñaba de todos los placeres sin dejar un pedazo de terreno donde pudiera prosperar por su cuenta alguno de ellos. (Coloane 312)
A los trabajadores los motiva enriquecerse, pero la desigualdad entre la cuantiosa cantidad de oro que cosechan para el dueño y lo que reciben por trabajar para él, junto con la imposibilidad de trabajar individualmente donde podrían ganar mucho más, genera el rencor y el deseo de independizarse.
La noticia del descubrimiento de aluviones en el río Cullen y arroyos cercanos, provoca la deserción de varios de los mineros: "Allí la poruña y la chaya individuales podían hacer prosperar aún más de algún buscador de oro en forma independiente, en vez de estar uncido al yugo de Popper, como el mar, para lavarle el oro." (Coloane 312)
Popper no aceptará la competencia y hostigación hacia los disidentes culminará con la muerte de algunos rebeldes acusados de robo, colgados en los postes como advertencia. Los tres personajes huyen de la muerte segura que los espera por haberse pasado al otro bando, traicionando a su antiguo empleador. Se han convertido en fugitivos de la 'ley' de Popper.


IV. Conclusiones
Hemos intentado un recorrido por las múltiples facetas de la construcción de la identidad aplicado a las regiones culturales. En Magallanes, nos encontramos con un discurso publico, altamente articulado, sobre la identidad y la diferencia, que cumple un rol de resistencia a las pretensiones hegemónicas del Estado y sus prácticas político-económicas centralistas. El alto grado de autoconciencia y reflexividad caracteriza al discurso de Martinic. Critica el lastre que significa la situación de dependencia de la periferia a la capital, proponiendo la autonomía regional como la mejor forma de vencer el estancamiento cultural y económico. Basándose en una concepción esencialista de la identidad, construye, un 'sujeto' que posee las características de trabajo, perseverancia y virtud atribuidas por el texto al inmigrante europeo, responsable de fundar la riqueza y el progreso sociocultural de esta región. Confía en que estos rasgos provenientes de la 'herencia pionera' y compartidos por todos los magallánicos garantizan que la Región Magallánica volverá a ocupar el sitial de modernidad y desarrollo que tuvo durante la época dorada del cambio de siglo (1880-1920).
Al mismo tiempo que la identidad pública cumple un rol de resistencia, sucumbe al peligro de la ideologización, pues oculta las diversidades y antagonismos reales que existen en la base social (Larraín 213). Hemos comprobado la profunda brecha entre la versión pública construida por el letrado, y la realidad mucho más contradictoria y trágica que descubrimos en los cuentos. En el mismo análisis histórico de Martinic, se contradice la supuesta solidaridad entre empresarios y trabajadores. No podemos sino criticar esta engañosa homogeneización que equipara a los colonizadores capitalistas y los que, en pocos años, se transformaron en trabajadores asalariados, no en pioneros independientes, tenaces e innovadores como a Martinic le gustaría hacernos creer. Es un mito que, pese a las buenas intenciones, no puede equipararse a lo que ocurrió en el país del norte, donde los pioneros fueron recompensados con tierras y se convirtieron en el motor del desarrollo y del impulso democratizador, gracias a su esfuerzo individual, como apunta Rama en La Ciudad Letrada.
A pesar de que Martinic reconoce y condena el genocidio de las culturas aborígenes por causa de la expansión económica de las sociedades explotadoras, no deja de llamar la atención la brutal ausencia de estas culturas en la versión pública. Esta exclusión nace de la oposición entre civilización y barbarie, que concluye en la exterminación de los aborígenes, pues a la mirada del europeo, constituyen un lastre para el desarrollo y una molestia en los negocios.
Debemos ver con sospecha la construcción de una identidad que prescinde de la nefasta historia de exterminio de las culturas indígenas, de hombres, mujeres y niños palpables y concretos, por parte también de otros seres humanos concretos desde el empresario hasta el cazador de indios. Hay un punto ciego en el texto con respecto a la relación real entre la riqueza obtenida por los empresarios del oro y del ganado, y el exterminio, erradicación y destrucción cultural entre los aborígenes.
La literatura de Coloane representa un contrapunto a esta ideologización de la identidad magallánica. El mundo ficcional está poblado por los subalternos: trabajadores, peones, cazadores de focas, marineros, fugitivos, criminales, por las culturas indígenas en rápido desmoronamiento. Su espacio queda fuera de las ciudades, en el mar o en la pampa, lejos de los empresarios, reyes de la Patagonia, dueños de las estancias y de los animales con los cuales ganan el sustento. Por ejemplo, la soledad que respiran los personajes emana de los páramos inmensos, de la geografía; pero también de la negativa de las compañías a la radicación de los pastores con sus familias.
En los cuentos analizados, vemos quizás la mirada más pesimista acerca del destino de los hombres que llegaron a trabajar en Tierra del Fuego. Ya no los podemos llamar 'pioneros', pues representan la degradación más abyecta, la resignación ante la suerte que les depara la vida, la falta de sentido que perciben en el trabajo que realizan. En Tierra del Fuego, es la acaparamiento de tierras en manos de uno sólo, lo que impide la plena realización del sueño pionero: adquirir un patrimonio mediante el esfuerzo individual. Al contrario, el individualismo es duramente castigado.
En otras palabras, el mundo que habitan no sólo lo determinan los accidentes geográficos y climáticos de una naturaleza portentosa. También está culturizado por las prácticas del sistema socioeconómico (el imperialismo expansionista, por un lado y una economía exportadora por el otro), vigente en la época que se expresa en la formación de las sociedades explotadoras con capitales ingleses, la adquisición de inmensos terrenos y riqueza en manos de una naciente oligarquía monopólica, y la explotación ganadera para abastecer los mercados internacionales. Es una realidad compleja que la identidad pública oculta tras el mito del pionero. La brecha entre trabajadores y empresarios es tanto física como espiritual. La supuesta armonía entre el cerebro y el cuerpo, su instrumento, se destruye y relucen los crudos antagonismos y contradicciones que permean la sociedad de la época. Curiosamente, el empresario nunca protagoniza y rara vez sale nombrado en los cuentos. Es siempre 'la sociedad explotadora' o 'la estancia' la que rige las estancias, los tiempos de faena, los traslados fuera de lo normal.
Los personajes encarnan el fracaso de un sujeto libre, en pleno control de sus decisiones y actos, que armado de la razón instrumental, está en condiciones de conquistar la naturaleza y sacarle el máximo provecho para sí mismo y para la sociedad. Este sujeto europeo, que Martinic propone como modelo de identidad y que se encarna engañosamente en la figura del pionero, fue el que trajo la modernidad a Magallanes. Una modernidad, que por más que él lo quiera, sigue siendo precaria y desigual. No redundó en mayor democratización o igualdad, sino que concentró la riqueza en manos de la oligarquía agrícola que habitó los palacios a la moda francesa que hoy son museos en Punta Arenas y otras ciudades, mientras que los otros, vivieron y trabajaron como inquilinos en las grandes estancias.
Finalmente, con relación a las pretensiones de las identidades públicas sobre las personas, es notable la intención explícita de influir en los comportamientos y la autoimagen de los receptores de la base social. La selección de rasgos nos remite a un pasado, la edad dorada, y pretende resucitar aquello que está dormido en el alma magallánica, las virtudes del pionero. Debemos preguntarnos si este discurso es capaz de apelar efectivamente al sentido común de la gente y que es lo que ofrece ante la diversidad de prácticas culturales y modos de vida que existen en la base social.
No negamos que constituye una defensa de la diferencia valido para la región frente al discurso monolítico de la identidad nacional y los efectos de la globalización. Sí cuestionamos la exclusión de las culturas indígenas y el ocultamiento que opera en torno a los antagonismos de la vida real, mucho más dura e injusta que lo retratado por Martinic. Nos atrevemos a decir que aquí hay un 'blanqueamiento' histórico de la identidad que viste a la modernidad con una aureola gloriosa de progreso traído a la región por los inmigrantes y colonizadores europeos.
El modelo de Larraín se complejiza si incorporamos el nivel regional propuesto por Rama. Dentro de una nación, el discurso de la identidad nacional coexiste con los múltiples discursos regionales. En el caso de Magallanes, esta identidad regional, altamente articulada, compite y se enfrenta con la identidad nacional. Ambos discursos buscan influir en la base social que enmarca la región cultural. Un discurso propugna la unitariedad del Estado y la unión cultural y territorial, mientras el otro defiende la diversidad cultural, la autonomía y el autogobierno sin perder la condición unitaria.
Falta hacer una crítica más acabada del proceso circular de construcción que sucede entre la versiones privadas y las versiones públicas. Este modelo se enriquece al reconocer distintos niveles en los discursos que se relacionan con la identidad nacional Creo que hablar de microdiscursos, que brotan del la base social y que intentan competir e influir el poder hegemónico de una macrodiscurso de identidad pública regional o nacional, podría ser una aproximación teórica más compleja. Es una formula productiva para acercarnos a América Latina desde un punto de vista basado en la diversidad y las múltiples identidades que perviven en las regiones culturales.

BIBLIOGRAFÍA
Coloane, Francisco (1999) Cuentos Completos. Santiago: Alfaguara, 485 pgs.
Cruz N., Pablo (2000) La autonomía que la Región de Magallanes necesita: Entrevista - Mateo Martinic, Premio Nacional de Historia 2000. Mundosur Magazine Disponible en:http://mundosur.com/magazine/politica.htm
Larraín, Jorge (1996) Identidad, Razón y Modernidad en América Latina. Santiago de Chile: Andrés Bello, 256 pgs
Martinic Beros, Mateo (1992) Historia de la Región Magallánica. Punta Arenas: Universidad de Magallanes.
(1972) Síntesis de tierra y gentes. Buenos Aires: Francisco de Aguirre, 195 pgs.
Rama, Ángel (1984) La ciudad letrada. Hanover: Ediciones del Norte, 176 pgs.
(1987) Transculturación narrativa en América Latina. México: Siglo XXI, 305 pgs.

No hay comentarios.: