5 de enero de 2010

LA APUESTA | Por Santiago Urbano Puebla

No volaba una mosca por el vecindario. Camila y Ramiro estaban sentados en el pasillo del edificio esperando que algo pasara. Era una noche tibia, de un verano cualquiera. A los 13 años la televisión a la hora de las noticias no revestía mayor entretención y mejor panorama no podrían inventar si todos sus amigos se encontraban de vacaciones fuera de la ciudad.

Pasear por el barrio no era el panorama más entretenido aquella noche. La escasa luz del edificio no llegaba hasta el rincón estratégico desde el que ambos miraban pasar en completo anonimato al resto de los vecinos.

-Te apuesto a que el próximo auto que pasa es azul!- Dijo Ramiro de repente. Camila lo quedó mirando mientras salía del aburrimiento que la mantenía en trance.

-Ya -respondió ella– Te apuesto a que es rojo.
-Ya poh- asintió él -¿y qué apostamos? -Camila pensó por un momento.
-Un loly de los cabezones- dijo.
Ramiro buscó en sus bolsillos unas monedas, luego las contó.
-Ok, ¡que sea un loly entonces!

Volvieron pues la vista hacia la calle, esperando por el siguiente auto que por allí debía de pasar.

-Mira!- exclama Ramiro después de tres minutos de silencio –Allá va el Juan, ¿lo llamamos?
-No- replica Camila –Es muy nerd! Nos va a tener dando la lata con sus historias de manga hasta quizás qué hora.
-Si poh- Responde él -tenís razón... fomes sus historias de manga en verdad!
-Si poh, super fomes- remata Camila.

Vuelven la mirada hacia la calle y prosiguen su vigilancia. Después de cinco minutos de espera Camila comienza a jugar con sus labios. Pasa su lengua sobre ellos, los humedece y luego los hace sonar. Ramiro queda intrigado con el jueguito.
-¿Qué haces?- le pregunta.
-Nada -responde ella–. Estoy probando mi nuevo labial con sabor chocolate.
-¿Sabor chocolate? ¿Y desde cuándo te pones esas cosas en la boca agrandá?
-Desde que mi mami me lo regaló el otro día -le responde Camila.
-Naaa Puras leseras no más-
-Oye, si es rico -le responde Camila- ¿Querís probar?

Un dejo de picardía rondaba en las palabras de Camila, picardía que Ramiro captó al cabo de unos 10 segundos. Se puso rojo como tomate y hasta un poco molesto por la propuesta de Camila. Volvió la vista hacia la calle sin dar una respuesta, esperando por el auto que debía de pasar en cualquier momento.

En los caminos del amor Camila ya tenía cierta experiencia: hace tres meses había pololeado por dos semanas con un compañero de curso, pero luego se aburrió. Ramiro por su parte aún no experimentaba sensaciones parecidas.

-Ahí viene un auto!- exclamó Camila después de unos minutos.

Ambos se pararon del peldaño de la escalera que ocupaban como asientos y aguardaron por el vehículo. Era gris. Se miraron sin entender nada. Luego se sentaron. De pronto Ramiro comenzó a reír.
-¿Y qué te causa tanta gracia pajarón?- pregunta Camila.
-¡jaja!- replica Ramiro -¡Es que más lo que esperamos y ninguno de los dos ganó la apuesta poh! ¡jajaja!

Camila se quedó mirándolo tratando de entender su inesperada reacción. Luego comenzó a reír también. Cuando terminaron con la risa siguieron mirando la nada desde las escaleras del edificio.

-¿Y ahora qué?- pregunta Camila -¡Yo quiero el loly pop!
-Hagamos otra apuesta entonces!- responde Ramiro.
-¿Sobre qué?- dice Camila.
-No se poh!- exclama Ramiro –¡Pensemos!

Camila gustaba de ganar las apuestas y a su favor jugaba el hecho de que Ramiro era conocido como 'corto de genio', entonces pensó en algo que él no sería capaz de hacer.
-Ok, tengo una apuesta -Dijo Camila– Pero esta es por un chupete helado

Ramiro volvió a buscar las monedas en su bolsillo y a contar.

-Está bien, pero que sean de agua porque no tengo más!
-Ya poh- respondió ella –¡Te apuesto a que no eres capaz de probar mi labial chocolate!

Ramiro al escuchar la propuesta se echó para atrás y se puso rojo tomate una vez más.
-De qué hablas? Un beso?- exclamó él.
-Si poh, no que eres tan machito?- dijo Camila con tono picarón.

Ramiro puso cara de confusión. Ella era su amiga y no despertaba en él intenciones de otro tipo. Para Camila esto no era más que un juego que esperaba ganar, la idea de que Ramiro completara la apuesta no estaba entre sus posibilidades.

-No me torees Camila, por una apuesta soy capi- respondió Ramiro.
-Ya poh, aquí te estoy esperando- respondió con aire juguetón y gran seguridad mientras estiraba sus labios y cerraba sus ojos.

Ramiro, un tanto ofuscado por el desafío impuesto no lo pensó mucho y tan rápido como pudo se acercó a Camila, le sacó un beso en un segundo y se retiró a su puesto. Camila en tanto tan pronto se retiró Ramiro abrió sus ojos poniendo cara de sorpresa. Realmente no esperaba que su amigo fuera capaz de cumplir la apuesta.

-¡Tonto!- exclamo Camila mientras enrojecía -¡No tenías que darme el beso!
-¿Cómo?- replicó Ramiro enrojeciendo una vez más -¿Entonces pa’ qué hiciste la apuesta?
-Porque se suponía que yo tenía que ganar!

Con tamaña respuesta a Ramiro no le quedó otra que ponerse a reír mientras Camila lo miraba enrabiada. Un auto rojo pasó enfrente de ellos sin que ninguno se diera cuenta de aquello.

-Igual gusto a poco tu labial chocolate- dijo Ramiro con tono burlesco. Ahora la sartén la tenía por el mango para molestar a Camila a su voluntad.
-De pavo no más poh! -respondió picada Camila– Nadie puede saborear el chocolate en un segundo!

Eso le dio a Ramiro una idea. Acababa de experimentar lo pudorosa que era Camila con los besos, no se atrevería ella a dar el siguiente paso.

-Oye, te voy a dar la opción de ganar la apuesta- propuso Ramiro.
-Nada de cochinadas oye -respondió ella– No te pongai patudo!
-No, no, no, nada de eso -exclamó Ramiro– Pero esta apuesta es por un chocolito!

Camila lo quedó mirando mientras pensaba. Ya el bochorno del beso quedaba atrás. El tono lúdico que estaba tomando el juego le estaba pareciendo entretenido. ¿Qué podía ser peor que un beso robado a estas alturas?

-Ya poh -respondió finalmente Camila –Que sea por un chocolito entonces!
-Ya!- exclamó Ramiro –Te apuesto a que no eres capaz de darme un beso de chocolate por diez segundos!

Camila lo pensó un momento. La escasa afluencia de pasantes a esas horas, sumado a la poca luz del pasillo del edificio estaban siendo cómplices de esta travesura.

-¡Erís bien cochino tú! -exclama Camila– Pero ni pienses que será con lengua!
-¡No seai chancha Camila!- replica Ramiro -¿Cómo se te ocurre esa tontera?
–¡Si querís un beso mío por qué no me lo pides y ya?
-¡Hey! No te pasís rollos si no quiero un beso tuyo, sólo quiero un chocolito! -responde Ramiro un tanto ofendido– No me vengas con cuestiones raras Camila, sé que no tienes las agallas para ganar esta apuesta… se te hace- dijo mientras gesticulaba con las manos.

Aquella actitud fue una bofetada al orgullo de Camila y nadie insultaba sus agallas y quedaba impune. Así pues tomó por sorpresa a Ramiro, le sujetó la cabeza con ambas manos y le plantó un beso. Ramiro comenzó a aletear, siquiera había tomado un poco de aire antes de esto. Por su parte Camila comenzó a contar mentalmente mientras refregaba con fuerza sus labios contra los de Ramiro. Poco a poco él dejó de armar alharaca y comenzó a saborear el delicioso chocolate de los labios de Camila. Un auto azul pasó por delante de ellos. Instintivamente la lengua de Camila alcanzó a rozar sutilmente la de Ramiro, instante preciso en que ella se alejó mientras él quedó en trance con la boca estirada.

-Quince!- exclamó Camila.

Ramiro despertó. Se sonrojó. Luego se ordenó el pelo. Miró para todos lados por si alguien los había visto mientras saboreaba sus labios.

-E… eran diez no más…- dijo Ramiro aún enrojecido.

Camila se sonrojó al escuchar esto y no dijo nada.

-Rico en verdad el labial -dijo Ramiro después de un minuto, un tanto nervioso aún por la incómoda situación.
-Si poh, yo te dije- responde Camila, como tratando de bajarle el perfil al asunto.
-Si poh, me dijiste.

Ramiro tomó aire mientras seguía saboreando el chocolate que quedaba en su boca. Aún confundido y un tanto abochornado se puso de pié mientras se limpiaba con la manga lo que quedaba del labial.

-¿Adónde vas?- preguntó Camila.

Ramiro volvió a tomar aire y finalmente exclamó:
-A pedirle plata a mi mamá pa’ los chocolitos.







Escrito por Santiago Urbano Puebla
Santiago Urbano Puebla es un ente ficticio. De profesión Contador General, es además Contador de cuentos en sus ratos libres. Oriundo de Maipú, en la vida real es un sencillo padre de familia. En el mundo de las letras es un héroe que pulula por la metrópolis buscando desenmarañar la gran conspiración que pesa en torno a su persona.

La Apuesta fue uno de los trabajos seleccionados para la publicación número 3 de El Puñal (primer cuatrimestre 2010).


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