3 de enero de 2010

El último padrón | Aquiles Cuervo


Estaba llegando ya a la peatonal San Martin. En radio mitre seguían pidiéndole a la gente que no dejará todo para última hora, y que salieran con tapabocas. María Eugenia se comió un carlito en el puestito de siempre y apuró un poco el paso.
Eran las 5 y 30 de la tarde. Ya no recordaba cuantas veces había votado ni por cuales candidatos. Esta vez votaría en blanco. A sus 85 años ya no tenés muchas ganas de pensar en quién votar o en quién no. Que poco te importa el futuro de los otros, de tu país, del mundo, cuando vos sabes que ya no verás nada más. Igual salió a votar. Quien sabe que la habrá movido. A lo mejor sólo quería salir a dar un paseo y encontrarse por el Bulevar Otoño con algún viejo amigo. El caso es que se comió su carlito y apuró el último mate y pensó en ella. Sí, en ella. Recordó sus primeros años como maestra de escuela en el interior y sus repetidos pedidos frustrados de traslado a la Gran Capital. Nunca tuvo hijos y sus parejas fueron más fugaces que los políticos de turno (no llegaban nunca a los “cuatro años…”).
Se sintió cansada. Se sentó en un banquito desvencijado y buscó un nuevo aire. Buscó en su cartera un cuaderno de notas y encontró, ensimismada entre muchos papeles, una vieja caricatura de Inodoro Pereyra del negro Fontanarrosa...sobresalía una frase: “¡no caigamos en la clásica impaciencia argentina…!”. También había un recorte de una página de cines, donde se anunciaba el estreno de “Privilegio de mujer”. La fecha: 8 de mayo de 1945. Algo le decía que era una fecha histórica pero no podía recordarlo. Lo que sí tenía muy presente era su imagen en la acera poblada de la calle Santafé al 1120, esperando a un hombre que nunca llegaría y frente a ella el aviso recién instalando en neón, anunciando el estreno de “privilegio de mujer”.
Cuantas películas y cuantos teatros ya echados a la caneca. Sus salas más queridas, el cine América y el Capitol, donde vio filmes como “Invasión” y “El delator” eran ahora sedes de iglesias cristianas. Sentada en su banquita le dio un vistazo al diario. En la tapa las fotos de los candidatos a las parlamentarias y a dos columnas un aviso publicitario en rojo: “avivamiento de fe hoy en Rosario, directamente desde Brasil”. Había una foto de un pastor con los brazos en alto.
Quien sabe por qué se le pareció tanto a las fotos de los políticos. Y ahí estaba ella, queriendo votar. Qué sentido tenía todo esto se preguntaba. Vio muy lejos el anhelado septiembre con las voces estrepitosas de los poetas del mundo que poblaban Rosario de días y flores más amables. (¿Y cuál había sido la última película que había visto… No fue acaso, “vientos de esperanza” en el Comedia…?)
De regreso a casa le dio un paro cardiaco. Estaba frente al puesto electoral de la peatonal San Martín. En los diarios titularon, “espíritu ciudadano. Anciana muere en puesto de votación”. No dijeron que no alcanzó a votar, y que si lo hubiera hecho habría sido en blanco. María Eugenia hubiera preferido, estoy seguro, que saliera un epitafio a lo Inodoro Pereyra: “una tan vieja que en vez de Miss Primavera salió Mis Memorias”…



Escrito por Aquiles Cuervo

Seudónimo de Alberto Bejarano, de nacionalidad colombiana. El último padrón fue uno de los trabajos seleccionados para la publicación número 3 de El Puñal (primer cuatrimestre 2010). Además fue seleccionado como mención honrosa en Cuentos para Cuervos 2009 (Edición Especial primer cuatrimestre 2010).

Ganador del concurso de cuento Bogotá paralela, de Bogotá capital mundial del libro. Master en Filosofía y estética de la Universidad París 8. Coordinador del Taller: “leer Borges Hoy” del Teatro el Local. Coordinador del Taller “Así habló Roberto Bolaño” en la Librería Arteletra. Ha escrito libretos para el programa “música y literatura” de Javeriana Stereo. Recientemente ha publicado en la Revista Número (#58), titulado, “Los 68 y sus Amuletos” y participado como ponente el I Congreso Iberoamericano de Literatura.

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