23 de junio de 2008

Stella, Stella

Yo conocí a Stella Díaz Varín. Sí, y fue una suerte de aquellas. Claro que todas las horas sumadas no daban más de veinticuatro. Puede decirse que fue un accidente sí, o un acto sicomágico o teatro pánico. Ella era muy intensa a sus sesenta y tantos. Su cabello era blanco, pero aún así era una estrella en cada cosa que hacía. Tenías que estar seguro, que a pesar de lo que dijeras, ella nunca iba a poder ser domesticada.
Amiga de la generación de Jodorowsky, era capaz de mear de pie, como ella misma contaba. También era pugilista, pero yo no le creí cuando me lo dijo. Lo cierto es que, ni siquiera un carabinero podía resistirse a sus deseos.
El 15 de junio pasado se cumplieron 2 años de su fallecimiento (1926-2006), es por eso que le rendimos tributo.


ALBEDRIO

Yo soy la vigilia,
Ustedes
Son los hombres castigados,
Los labradores
De gestos oblicuos
Que al engendrar falsos surcos
La semilla huyó despavorida.

Ahora respóndanme
Con una mano enguantada
A flor de corazón.
Cuál es la fecha exacta
Entre Aldebarán y Andrómeda.
El día en que los cuervos
Cosechen lo suyo
Entre la más grande estampida
De todos los tiempos. Amén.



De su libro Los dones previsibles, publicado por Editorial Cuarto Propio en 1992.
Fotografía y versión digital del libro: Memoria Chilena (http://www.memoriachilena.cl/).

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