27 de junio de 2008

Fogwill: NO OLVIDEN MIRAR HORMIGAS

Texto escrito por Teresa Muñoz

Ayer 26 de junio de 2008 asistí al Seminario ‘La Ciudad y Las Palabras” que se realizó en el Campus Lo contador de la PUC. El invitado a charlar era el escritor argentino Rodolfo Enrique Fogwill, quien partió aclarando que aunque a su literatura siempre se la haya asociado a lo urbano, el piensa que toda literatura está relacionada con la urbe.

La concurrencia en su mayoría formaban parte de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, de ahí que Fogwill contara cómo él había descubierto tardíamente la arquitectura a partir de la lectura del texto Construir, Habitar, Pensar, escrito por Martin Heidegger después de la guerra en 1951.

Se dice que la guerra es muy importante como para dejársela a los militares. Así
mismo la arquitectura es muy importante como para dejársela a los arquitectos


Estando en la Universidad de Georgetown Fogwill asiste a una charla de Stephen Hawking donde el científico afirma que habrá un colapso meteórico que acabará con la tierra dentro de 60 o 70 años y pide a la humanidad colonizar la luna. Este hecho lo hace pensar en el tema de las ciudades viajeras y el discurso literario de las películas de ciencia ficción. El pensamiento de que el hombre empiece a trasladar el mismo modelo de ciudad terrestre a otros lugares del universo lo deprimió más que la noticia del fin, imaginen esa ciudad nueva igual a la original.

En su infancia, Fogwill cuenta que rezaba novenas y rosarios, sin embargo a los 9 años leyó en la revista Reader’s Digest un resumen de la Teoría de la Evolución de Darwin y entonces se hizo ateo. La pregunta por Dios inherente a cada hombre lo llevó a la siguiente afirmación: “La certidumbre, la evidencia científica termina con lo mejor de la creación” , incluso un amigo le confirmó ‘la verdad a vos te arruina el estilo’.

Otro de los temas de Fogwill son los márgenes, tema que se desarrolla en su obra Vivir Afuera, respecto a esto contó la conocida fábula del pez, que sólo se entera que vive en el agua cuando es sacado del mar. Por analogía, “de lo último que se entera el hombre es que vive mal en ciudades”. Como sociólogo dice que finalmente son las relaciones sociales las que explican por qué se construye así y que sólo estando fuera de la ciudad podemos realmente verla. Hace más de 30 años, teóricos como Chomsky o Piaget desarrollaron el concepto de que no todo es aprendizaje, sino que hay en el hombre un saber innato que nos viene dado. Quizá haya algo innato en el hombre que lo lleva a vivir en conjunto de conjuntos.

En la página http://scientificsonline.com/ se vende un gel que atrae hormigas y reproduce un hormiguero para poder observarlo. Mirar las hormigas es un ejercicio que siempre hago, asegura Fogwill. Hay unas que colectan, otras que atacan y otras que no hacen nada, pero todas dependen de su reina. Sin una reina es imposible la sobrevivencia de un hormiguero. En su libro Los Pichiciegos Fogwill escribe:
“Los pichis son una colonia de sobrevivientes de las que se han ausentado todos los valores, excepto aquellos que pueden traducirse en acciones que permitan conservar la vida. Si el nudo de la guerra es liquidar al enemigo, el nudo de la colonia pichi es evitar, a cualquier precio, que ello suceda con los miembros de la colonia. Los pichis parecen, a primera vista, una tribu. Sin embargo, a diferencia de las tribus, su lazo es efímero: durara hasta la muerte de cada uno de ellos y no perdurara más allá de la muerte excepto en la voz del pichi que recuerda (para el escritor que transcribe esa voz imaginaria). Los ha unido, temporariamente, no una identidad sino una necesidad: no comparten una memoria más vieja que la del comienzo de la invasión a Malvinas. Comparten, a lo sumo, algunos chistes, anécdotas que se van intercambiando en la oscuridad del encierro subterráneo que ellos mismos han construido cavando el suelo de la isla: vienen de todas las provincias y en cada uno de ellos está ausente el lazo que constituye una identidad nacional. Paradójicamente, es la guerra que ha destruido, para ellos, toda idea de nación: llegados a Malvinas como soldados de un ejército nacional, las operaciones de ese ejercito han deteriorado todos los lazos de nacionalidad. De la nación, lo único que los pichis conservan es la lengua. Así, la tribu pichi ha definido un nuevo territorio, la colonia subterránea donde se refugian para sobrevivir, y donde los valores se organizan en función de esa misión social única: la de conservar la vida.”

Fogwill, al igual que en su obra Runa del 2002, vuelve a validar su idea Yo no creo en el progreso, él plantea que a causa de la interdependencia de redes computacionales y eléctricas un colapso energético en Estados Unidos nos mataría a todos. Mi fantasía es que volvamos al neolítico, ese período raro donde aparece todo; el fuego, la familia, todo. Las ciudades son obras de ficción y sin duda no hay nada más triste que una ciudad como Brasilia, porque la vida humana no puede tratarse como una mercadería. En Chile, Fogwill prefiere el Barrio Franklin a la Ciudad Empresarial, ese barrio le parece coqueto y distinguido.

Como en toda charla, hubo una ronda de preguntas bastante aburridas, aunque él pidió claramente una pregunta inteligente. Yo tampoco tuve ganas de dialogar más con Fogwill, en el auditorio hacía frío. El aprovechó los minutos finales para hacer una crítica a nuestra hormiga reina Michelle Bachelet, diciendo que en su discurso ella simula un pasado revolucionario, en frases como “aprendimos con dolor”. Mencionó autores y libros un poco a la fuerza y nos dejó dando vuelta la cita:
“Ahí donde veas un mártir, hay un déspota tomado a tiempo”.

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