9 de julio de 2008

Dudas

Una vez iba en el tren. La multitud venía pegada a mí como piezas de rompecabezas.
Simplemente estaba allí, y tú ibas a mi lado. Fue en ese momento cuando se avecinó sobre mí esa verdad.
Después de tener una familia, un trabajo y miles de actividades en el mundo, por primera vez sentía que quizás me había equivocado. Entonces, como despertada de un sueño inesperadamente, supe que a pesar de haberte encontrado ya te había perdido.
Entonces vinieron las dudas de sopetón, y los momentos que quiero estar a solas y pensar se han ido apareciendo como huéspedes eternos.
¿Pero cómo saber si me he equivocado? Talvez todas las veces que sin sentido esperé encontrarte en la calle, o llamarte e invitarte a dar una vuelta, a caminar sin decir nada, son una prueba de ello. Puede que sea sólo mi imaginación y que el mundo a veces me parece tan abandonado que me conformo con pensar que sí, que es verdad.
Y vuelvo una y otra vez a ese viaje en tren. El calor, las palabras que se me ocurrían pero que no salían de mi boca, las miles de espaldas que me invadían. Las veredas frías y los autos, las bocinas.
Algunas veces estuvimos de acuerdo. Había que estar en silencio nada más por un rato y después hablar para saber que estábamos pensando en lo mismo. Otras veces cuando pensé que pensábamos lo mismo, no hacías más que odiar el café y la comida servida. Después volvía a nosotros el silencio, las palabras que dije y no entendiste, lo que dijiste y no entendí.
Pensé, pensé, claro que pensé, aunque mucho tiempo me dejé llevar sin pensar. Estuve a punto de terminar con todo y empezar de nuevo. Pero tú sabes, eso de estar sola es un tanto difícil para mí. Además te habías marchado y quizás estabas en tu campo con tu mujer y su hijo, y la casa que quieres construir, y le pides que se haga el color como yo, y que aprenda poemas como yo, y que te haga preguntas como yo.
Hasta que te aburras de dar vueltas. Y cómo una palomita perdida, descienda sobre ti ese recuerdo suave, callado, definitivo, de mi presencia accidentalmente cercana, en un tren, donde la multitud venía pegada a ti como un rompecabezas.

Fotografía de Rodrigo Suárez,
Texto de Elizabeth Cárdenas.

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