25 de agosto de 2006

El hombre del bombín (2)

Está detenido, esperando a que lo fotografíen, ha puesto frente a su rostro una gran manzana verde, que oculta cualquier expresión en su rostro.
Podríamos decir, con propiedad, que es un perfecto rostro inglés, que pone pasión, roja pasión en otro lado, que arde sólo en su trabajo. Si no fuera por su bombín no tendría nacionalidad, entre la manzana y la pared. Sin embargo y a pesar de todo, siempre podrá saltar ese rompeolas de ladrillo y tirarse en la arena (de lo que parece un mar muerto). Creo que lo piensa, asoma un ojo tras la manzana, empuña las manos, ya lo estoy viendo, se recoge y en un impulso se hecha hacia adelante y le da una mascada la manzana. Yo sonrío con un gesto de admiración. Mira a la fotógrafa y sin palabras le da la espalda. El bombín vuela lejos dando paso a una cabellera abundante y crespa, salta el pequeño rompeolas (como había pensado minutos atrás que podría hacer) y antes de lanzarse a correr al mar me arroja la manzana, con la misma actitud y premeditación que una novia lanza el bouquet de flores a su mejor amiga.
Yo no la recojo en el aire, dejo que caiga al suelo, manzanas mordidas a mi no.

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