17 de agosto de 2006

Cuesta echar a andar la máquina

Con mi cuerpo íntegro subo a mi auto, enciendo motores, salgo de casa, y por la carretera me dirijo hacia el centro de la ciudad, reclamando de vez en cuando por alguien que no usó una luz, por alguien que no me deja pasar.
Pienso que cuesta echar a andar la máquina, esperando que de una vez por todas funcione el taller, funcione la revista, que prenda la mecha... "Qué cuesta echar a andar la máquina", mientras la fila de autos intenta cruzar con luz roja. Llego a la calle donde queda la oficina, y mientras intento estacionar un hombre en bicicleta delante de mí se toma su tiempo para andar. Tras de él, me acerco lento al portón del estacionamiento, me bajo del auto, aún mirando a aquel hombre que va pedaleando, con una sola pierna. El se levanta todos los días con la pierna izquierda, que es la única que tiene ¡Sí, una sola pierna! Creo que... después de todo no debe costar tanto echar a andar la bici, no debe costar tanto echar a andar la máquina...

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