31 de enero de 2006

He anhelado comer con ustedes esta noche...

Es grato aceptar una invitación, llegar y sentarse a disfrutar del banquete. La alegría de la participación y la pertenencia, aunque sea en esta forma virtual, casi inexistente.

Está terminando un día caluroso en Santiago, no es el atardecer del Steve Perry que no viene a Viña, ni son las luces rosadas de París, pero tiene un encanto particular, gris, abochornado de melancolía sureña. Llegamos a una casa amiga, nos acogen sin protocolo ni alfombra, nos sentimos en confianza.

Escribir lo que sea, escribir para comunicar, para decirle a ustedes que nos interesan, que no queremos ver los estantes de las bibliotecas sin movimiento, sin vida. Escribir para salvarnos de la apatía, para asegurar 5 minutos de entretención. Escribir con o sin motivos, porque es bueno, porque se presiente que algo puede ocurrir, que alguien puede despertar.

Entren y siéntense que la mesa está servida y el sol ya no molesta.

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